El análisis de Jorge Fontevecchia
El análisis de Jorge Fontevecchia
En el libro El sacrificio de Narciso, la investigadora
del Conicet Florencia Abadi recuerda que el filósofo y político conservador
inglés del siglo XIX Edmund Burke sostenía que “el dolor, en la medida en que
no se elige, opera como evidencia de que existe un poder superior al propio”.
Habiendo supuestamente superado el poder del padre, tras su muerte, ese dolor
debe estar ahora sintiendo Mauricio Macri al “caer en la realidad” de que todos
sus pronósticos económicos sobre su gobierno se frustraron. Es paradójico que
un presidente de oratoria tan escasa –como el pez– muera por la boca. Macri
habló poco pero repitió eslóganes que por su naturaleza resuenan y, al ser
fáciles de recordar, son la mejor campaña para la oposición. “La inflación es
muy fácil de resolver, su existencia es una demostración de que se gobierna
mal, lloverán dólares, la recuperación comienza en el segundo semestre, habrá
un boom de inversiones, el mundo nos aplaude, lo peor ya pasó, tenemos al Messi
de las finanzas, ahora con el FMI desaparecerá la inestabilidad, el mundo nos
quiere ayudar, la inflación ahora está bajando, la recuperación ya comenzó,
vienen los dólares del campo, en el (otro) segundo semestre...”. El narcisismo
de Macri puede estar impidiéndole aceptar lo real, suicidándose electoralmente.
Sus ministros del área económica y presidentes de Banco Central padecieron el
mismo narcisismo: “La devaluación no aumentará la inflación porque los precios
ya están al dólar de 15 pesos (diciembre de 2015), el segundo semestre fue
verdad porque fue mejor que el primer semestre de 2016 (pero no mejor que el
último kirchnerista), el aumento de las tarifas no aumentará la inflación
porque la gente podrá comprar menos y los comerciantes tendrán que bajar los
precios, ahora es momento de vender dólares y pasarse a pesos (mayo de 2018 con
el dólar a $ 25), hay un FMI bueno porque no es el mismo de antes, en 2019 la
inflación va a ser la mitad que en 2018, con los dólares de campo se planchará
la inestabilidad cambiaria...”.
¿Cómo gente tan formada académica y profesionalmente
puede cometer errores tan enormes y encerrarse en la situación actual, donde su
palabra ya no resulte creíble aun cuando ahora pronostique lo que más
posibilidades tenga de suceder? En el libro citado, Florencia Abadi explica
que, al contrario de la vulgata que homologa narcisismo con egoísmo, “el
narcisista entrega su cuerpo –es decir su descanso, su alimentación, su placer–
para satisfacer deseos, exigencias y expectativas (...) se suicida a diario, en
sus acciones y decisiones cotidianas en las que entrega su cuerpo y su vida
para sostener la imagen de sí mismo”. Un textual ocupa toda la tapa de ayer del
diario Página/12, son las palabras que Macri pronunció el 12 de marzo de 2017,
cuando ya se había producido la primera gran devaluación: “Quiero ser evaluado
como presidente por si fui capaz, o no, de reducir la pobreza”. En los dos años
que nos separan de esa cita, la pobreza tuvo el mayor crecimiento desde la
crisis de 2002, pasó del 25,7% al 32%, aumentando solo en un año un 25% el
total de pobres: donde había cuatro pobres ahora hay cinco. Nuevamente, ¿cómo
gente inteligente podría cometer errores de pronóstico tan grandes si no fuera
porque los deseos de validar una imagen admirable de sí mismo guiaran sus
pensamientos?
La infografía que acompaña esta columna es parte de la Encuesta de Satisfacción
Política y Opinión Pública realizada por la Universidad de San
Andrés, de la que fue rector entre 2008 y 2017 el presidente de la Corte Suprema de
Justicia, Carlos Rosenkrantz, y que carece de intenciones de dañar a Macri. En
ella surge que el grado de insatisfacción sobre la marcha del país pasó del 43%
en octubre de 2017 al 82% (el 71% en la clase media alta y alta, y el 86% en la
clase baja). La desaprobación del gobierno de Macri pasó de uno de cada tres
argentinos en octubre de 2017
a dos de cada tres. Mientras que de octubre de 2017 a hoy (siempre como
punto de referencia las últimas elecciones legislativas) la imagen positiva del
Presidente cayó de seis de cada diez a tres de cada diez; al revés, la imagen
positiva de Cristina Kirchner creció de dos de cada diez a tres de cada diez,
empatados con diferencias dentro del margen de error. Los únicos dos que
aparecen arriba de Macri y Cristina Kirchner son Lavagna (por poco) y María
Eugenia Vidal. A pesar de que también cayó la imagen positiva de la gobernadora
bonaerense, la brecha entre ella y el Presidente se amplió: antes era un 10%
más, ahora es casi un 40% más (del 33% de imagen positiva de Macri al 46% de
Vidal). Aunque sufrió la misma crisis, la gobernadora no tuvo la acumulación de
errores discursivos del Presidente.
Hay un evidente malestar entre Vidal y Rodríguez
Larreta, por un lado, y con Macri por el otro, más allá de las versiones de acercamiento
que se van produciendo. Incluso entre Macri y Jaime Duran Barba, quien hace un
mes también le habría recomendado parar con los aumentos de tarifas si
realmente quería ganar la reelección. En el entorno de Macri esperaban con
ansiedad el regreso de Duran Barba quien pasó tres semanas en su país natal
haciendo ganar la intendencia de Guayaquil, la segunda mayor ciudad de Ecuador,
al candidato de su amigo de la infancia, el siempre presidenciable Jaime Nebot.
Creen que Duran Barba es quien le puede explicar a Macri lo que la mayoría no
se anima, además de Nicolás Caputo, alejado también por decirle lo que a Macri
no le gusta escuchar: que así como van, Cristina Kirchner hasta podría ganar en
un ballottage y es imperioso hacer cambios para volver a ser competitivos
electoralmente.
(*) Perfil, 31/3/019.

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