El análisis de Jaime Durán Barba
El análisis de Jaime Durán Barba
Jaime Duran Barba
Hace
más de 320 millones de años aparecieron los primeros mamíferos, los sinápsidos.
La vida se instalaba en nuevos sitios y estos reptiles se volvieron endotermos,
regularon la temperatura de sus cuerpos y desarrollaron características
mamalianas. Desarrollaron también un cerebro que les permitió sobrevivir en un
medio que se volvió más hostil cuando, 90 millones de años después, aparecieron
los dinosaurios y dominaron el mundo. Hace unos 300 mil años aparecimos los
Homo sapiens. Nuestro cerebro se había desarrollado a través de cientos de
millones de años y nos proporcionaba una información sofisticada que no pasaba
por procesos racionales. Inventamos la escritura hace unos 5 mil años y con
ella llegaron los dioses. Pero nuestra relación con el entorno pasa, ante todo,
por la información que recoge nuestro cerebro. Así como percibíamos la cercanía
de espacios peligrosos, cuando vamos a un barrio desconocido podemos también
darnos cuenta de que existen peligros, no porque analicemos datos concretos,
sino porque leemos inmediatamente los contextos y sabemos que pasa algo
peligroso. Pasa lo mismo con los electores que, antes de leer manifiestos o
escuchar discursos, ven a un candidato y reaccionan inmediatamente ante la
sensación de que es mentiroso. Tomamos actitudes en la vida de acuerdo a ese
conjunto de informaciones que para movernos en una u otra dirección no
necesitan ordenarse de manera consciente.
La
democracia es una forma de organizar la lucha por el poder que tiene muy pocos
años. Nació asociada a los cafetines, a los libelos, manifiestos y textos
escritos. Mientras estuvo restringida a un sector pequeño de la población fue
la democracia de los textos, de los discursos. El progreso tecnológico incorporó
a la mayoría de la población al proceso y dio un nuevo espacio a las formas
tradicionales de percibir la realidad. La palabra, los conceptos, la teoría,
son indispensables para comprender de manera profunda los procesos, pero las
masas se orientan más por la información que les proporciona su cerebro. Cuando
nuestros ancestros se encontraban en la selva y veían que los matorrales se
movían de determinada manera, percibían ciertos olores, integraban decenas de
informaciones de todo tipo, se daban cuenta de que estaban ante un peligro y
huían. No lo hacían por falta de información sino porque hacían uso de una gran
cantidad de datos que articulaban en su cabeza de manera automática. Al haberse
extendido la democracia pasa algo semejante con los procesos electorales. Más
allá de lo que digan algunos analistas, existen fenómenos que no tienen que ver
tanto con las palabras y los manifiestos como con la percepción de la realidad
que tienen amplios grupos humanos. Independientemente de lo que digan los
discursos y las teorías, hay muchos argentinos que se identifican con una
determinada forma de ver la realidad que tiene que ver con creencias,
perspectivas de futuro, sueños de lo que querrían hacer y remedios para sus insomnios.
Desde
hace años sabemos que el kirchnerismo tenía y tiene el favor de un enorme
porcentaje de votantes con percepciones semejantes que no van a cambiar porque
les expliquen ciertas teorías o porque les cuenten determinados datos. Suponer
que esto podría desaparecer persiguiendo a sus dirigentes o publicando la lista
de sus equivocaciones o sus transgresiones a la ley es absurdo. No votan por
Cristina porque desconocen que existen los cuadernos de Centeno. Lo saben e
integran esa información en un conjunto simbólico en el que aparecen como
pruebas de la persecución de los ricos a una dirigente popular. Tampoco
desconocen los proyectos que quieren acabar con la Constitución y
controlar todos los poderes para bien de su grupo. En algún estudio que realizamos
hace unos meses nos encontramos con que cerca del 75% de los argentinos admira
más al avivado que al que cumple con todas las normas. No es algo único de
nuestro país, sino que es una actitud frecuente en América Latina.
Reiteradamente aludimos en esta columna al concepto de anomia que explica la
actitud del enorme porcentaje de latinoamericanos que no tiene interés en
cumplir con las normas, a las que consideran expresión del poder de los ricos.
Prefieren vivir en sociedades controladas por un líder mesiánico que exprese
sus pulsiones negativas enfrentando fantasmas inexistentes, con discursos
patrióticos sin sentido desde un análisis racional. Aunque a algunos analistas
no les guste y no entiendan la dinámica de estos grupos, existen y tienen una
importancia enorme en todos nuestros países.
Por
otra parte, hay un porcentaje importante de electores que percibe que el país
puede ir a una nueva etapa en que vivirán mejor. Por un lado, tienen la
información de siempre acerca de que Argentina es un país rico con enormes
recursos naturales. Pero lo más importante es que se han incorporado al mundo
de internet y la modernidad. Se informan acerca de que casi todos los países
del mundo, incluida la China
comunista, son capitalistas. Ven el enorme crecimiento de bienes y servicios
propios de la sociedad contemporánea y quieren participar de esa prosperidad.
Se alegran cuando saben que el Mercosur llega a un acuerdo con la Union Europea y que
por esa vía sus productos tienen espacio en uno de los mercados más grandes del
mundo. Ninguno de estos asuntos aislado explica sus actitudes. Es el conjunto
de que además integra la libertad de prensa, la libertad de expresión y muchos
aspectos básicos de la democracia occidental.
La
oposición entre estos dos grandes grupos se fue consolidando en la medida en
que Cristina Fernández dio un contenido más violento al primero y Mauricio
Macri logró consolidar y dar sentido al segundo. Las demandas que se hicieron
en su momento de que se amplíe la base política de gobierno, incluyendo a
personajes políticos que denostaban a Cristina Fernández, no tuvo éxito y Macri
conservó su identidad. Para la gente que se identifica con el cambio, si el
Gobierno incluía a Sergio Massa como jefe de Gabinete, a Felipe Solá como
ministro del Interior y a Julio Bárbaro como ministro de Modernización, habría
perdido todo su sentido. Según avanzó el enfrentamiento electoral, la oposición
entre democracia y populismo autoritario fue el eje de las elecciones. Algunos
peronistas que vieron cómo avanzaban sobre su partido las ideas de Cristina
expresadas por La Cámpora
sintieron que tenían que optar. La división entre un discurso insurgente y el
tradicional del peronismo expresada cuando el General expulsó de la Plaza de Mayo a la Tendencia cobró actualidad.
Muchos peronistas conservan las ideas básicas de Perón en torno a la justicia
social, pero son democráticos e institucionales. La presencia de Miguel Angel
Pichetto dio a la fórmula de Macri ese aporte que aparece por primera vez en la
política argentina: peronista sí, totalitario no.
La
mayor parte de los disidentes de Cristina eran solamente personas que estaban
dando una vuelta por el mundo antes de volver a la fuente original en la que
nacieron como líderes políticos. De hecho, casi todos ocupan algún lugar en el
cristinismo. Estos son fenómenos políticos profundos que están en la sociedad.
Se expresaron cuando Mauricio Macri ganó la presidencia a Scioli con una
ventaja muy reducida y ahora, aunque todos los estudios coinciden en que sumadas
las preferencias electorales de Mauricio y Cristina Kirchner llegan a cerca del
80%. Curiosamente, algunos analistas dijeron que alguien había inventado una
grieta dividiendo a los argentinos entre estas dos opciones y que la mayoría
está ansiosa de superar esta división. Si eso fuera cierto y la mayor parte de
los argentinos quisiera superar esa contradicción, no se identificaría tan
claramente con los dos principales grupos en conflicto. Por otra parte, para
que se pueda superar la contradicción entre dos concepciones arraigadas de la
política se necesitaría que exista una idea tan fuerte que pueda superar y ser
una síntesis de las dos iniciales.
Fue
por eso que fracasó el intento de un amplio sector del círculo rojo de instalar
un tercer candidato que no representaba realmente a ningún grupo social
importante. No era cuestión simplemente de amontonar un ex ministro
kirchnerista, un sindicalista tradicional y dirigentes que adherían a una idea
tan vacía como superar con nada a las opciones políticas más poderosas que
están en la sociedad. Sorprendió la presencia en ese espacio de un dirigente
joven como Juan Manuel Urtubey, que desentonaba con ese entorno. Finalmente,
vamos a unas elecciones en las que el país tendrá que escoger entre permanecer
dentro de una visión anticuada y conservadora de la realidad o dar el salto
hacia una transformación que convierta a Argentina en un país desarrollado. La
globalización nos obliga a tomar en serio la disyuntiva. Hay pocos países en el
mundo que mantienen las viejas tesis del aislacionismo como Cuba, Venezuela,
Zimbabue y Corea del Norte, los demás han optado o están optando por
organizarse como sociedades modernas que se integran para desarrollar sus
recursos humanos y naturales de manera eficiente.
(*) Perfil, 30/6/019 .

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