La reflexión de Sandra Russo
La reflexión de Sandra Russo
El shock global (*)
Cuando en el futuro se
estudie cómo fue fragmentada, cortada, seccionada y desconectada la información
local e internacional que hemos recibido respectivamente las distintas
poblaciones del planeta en estos tiempos, se observará seguramente que esa
tendencia a tabicar los hechos y a no establecer correlaciones tuvo mucho que
ver con el estado al que llegamos hoy.
Podemos caer en la
tentación mediática de creer, por ejemplo, que la enorme crisis que afrontamos
en la Argentina
después del experimento macrista (un CEO en cada ministerio por primera vez en
la historia de un gobierno del mundo, los buitres apoyándolos desde hacía años,
el estupor ahora, ¿cómo se entiende ese estupor si vinieron a sacrificarnos y
estaba a la vista?), no guarda ninguna relación con el fuego que acecha a la
joya natural más preciada, la selva tropical más grande del mundo, el dorado de
la multidiversidad y el hogar majestuoso de esas otras joyas que guarda en su
seno la Amazonía :
los más de doscientos pueblos que desde la (primera) conquista se habían
preservado en su corazón, y no habían tenido aún ningún contacto con “la
civilización”. “Los indígenas son un obstáculo para el desarrollo”, dice
Bolsonaro. Así lo dice hoy mientras los matan.
Podemos creer, en esa
confusión inducida, que Macri y Bolsonaro deben estudiarse por separado, y no
ver en uno la avanzada del otro, o dos modos y estilos de alfas en sus más
atroces versiones, elegidos por alguien antes que por sus propios electorados,
para emerger al mismo tiempo y desatar en nuestros países los instintos más
bajos, los resentimientos más profundos, los recelos más lacerantes ante las
aplastantes mayorías y ante las minorías. Como fuere, no se puede pensar en la
ruina argentina, sin vincularla en algún momento con el fuego que ha dejado
internacionalmente expuesto a Bolsonaro como un bruto y un mentiroso. Es que es
exactamente al mismo tiempo que la gran prensa mundial y la prensa hegemónica
local están “descubriendo” que “sobreestimaron” a Macri, y le sueltan la mano.
La brutalidad del
presidente brasileño que jamás hubiese llegado al poder sin el previo juicio
político trucado a la ex presidenta Dilma Rousseff y sin el lawfare que
mantiene preso a Lula, esta semana se dirigió con una torpeza inexcusable
contra el presidente francés, Emannuel Macron. No se dirigió a él para refutar
lo que Macron dijo en el G7 sobre el incumplimiento al compromiso que hizo y
firmó Bolsonaro para la preservación de la Amazonía. El fuego de
los bosques y las selvas vírgenes pasó al plano diplomático cuando Noruega,
Alemania y Francia, primero, anunciaron que cortarían las ayudas financieras
para esa región porque Bolsonaro estaba incumpliendo con su parte. Un argumento
político.
Pero Bolsonaro no habita
en mundo de la política ni el de la diplomacia. Bolsonaro habita en el
desprecio. Y se burló de Macron porque tiene una esposa veinte años mayor que
él. Y como si eso fuera poco, subió una foto de él mismo con su joven esposa,
la misma que en plena campaña, cuando le preguntaron cómo era convivir con un
hombre que amaba tanto las armas, dijo “Bueno, en el amor hay que temer también
un poco”. La respuesta francesa llegó al toque. Macron, en conferencia de
prensa, dijo que sentía tristeza ante la falta de educación de Bolsonaro, que
sentía tristeza por el pueblo brasileño y que les deseaba que pronto tuvieran
un presidente a la altura de las circunstancias”. También dijo que estaba
seguro de que las mujeres brasileñas sentían vergüenza por ese desborde de su
presidente. En efecto, al día siguiente, miles y miles de mujeres brasileñas
levantaron un #DisculpasBrigitte que la primera dama francesa agradeció en
portugués.
Si seguimos relacionando
hechos o noticias que se nos presentan tabicadas, tampoco podemos dejar de
relacionar a la adolescente sueca Greta Thunberg, sobre cuyo protagonismo
inminente venimos insistiendo en estas notas, con los estragos que no sólo
permite sino que alienta Bolsonaro (ya había advertido a las comunidades
originarias que les daría armas a los terratenientes para que las usaran como
quisieran), que rechazó la ayuda del G7 y sigue dejando arder el mundo. Greta
llegó a Nueva York para la
Cumbre del Clima que esta vez será global, en un velero y ya
identificada como “la niña líder” de la generación de los actuales estudiantes
secundarios. Casi todo lo que viene diciendo Greta en todos los estrados en los
que la reciben se está cumpliendo con creces en territorio brasileño. Greta lucha
contra la emisión de gases. Según los científicos, los más peligrosos son los
que surgen de la ganadería a gran escala. Esa es una de las razones de la
deforestación de la
Amazonía.
Si se tratara de seguir
hilando, podríamos seguir, porque estos estrepitosos fracasos de las
ultraderechas no impiden que la ultraderecha siga su ruta como una bacteria
resistente. Miren a Londres: al nuevo primer ministro se le ocurrió “cerrar” el
Parlamento. Miren a España: Madrid cambió a Carmena por una mujer joven del PP
que está preparada para privatizar la educación pública. El hilo de relaciones
es infinito, porque la trama es la misma, el plan es el mismo, la deformación
del sentido de realidad de los pueblos se produce a través de iguales y enormes
dispositivos frente a los cuales las voces lúcidas se diluyen como estrellitas
de navidad.
Pero finalmente, una
relación más. Los que están dejando arder esa enorme porción de territorio
precioso son los mismos que dejan arder los cuerpos de los mancillados en las
calles, en los basurales, en las periferias. Son los mismos que en Brasil o en la Argentina o en España o
en cualquier parte han concebido la posibilidad del mundo como puro objeto de
renta propia, y han tomado a la política como rehén y han sido vendidos como
autos de alta gama a cambio de mucha pauta. Lo que están destruyendo de un modo
irreversible nuestro mundo tuvo guardianes ancestrales que ahora huyen
desesperados sin saber hacia dónde correr, porque durante siglos y siglos se
mantuvieron en contacto y armonía con lo que los rodeaba. Ninguna ONG, ninguna
personalidad relevante, ningún premio nobel ha hecho tanto por la preservación
del planeta como los pueblos originarios de América Latina.
Ellos tienen una llave
que la civilización a la que pertenecemos nunca tuvo. Ellos, esa mixtura étnica
de una terquedad bestial que ha sabido transmitirse a sí misma sus secretos,
son asimilados a especies, a tantas otras especies cuyo fin el poder
neocolonial ya ha decidido. Hubo una vez en que la colonización sobre esos
pueblos vino a instaurar este modo de vida que hoy llega a su estertor. En esta
nueva avanzada neocolonial, cuando veamos huir a los pueblos originarios
corridos por el fuego, sepamos que para los nuevos colonizadores nosotros
también somos indios. Si no los echamos harán arder todo a nuestro alrededor.
No colonizan para reinar. Colonizan para vender.
(*) Página/12,
31/8/019.

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