La reflexión de Mempo Giardinelli
La reflexión de Mempo Giardinelli
A despecho de la noticia
del domingo –el DNU que restableció, al modo tramposo del macrismo, la
obligatoriedad de liquidar exportaciones en el país y el control del BCRA para
la compra de divisas– esta columna prefiere ocuparse hoy de la educación
publica. Porque en su replanteo a fondo y como una de las primeras urgencias
del próximo gobierno radica la posibilidad de una Argentina diferente y mejor. Quizás
este artículo correspondería dedicarlo a Cristina y Alberto, que es seguro que
en estos dias están concentrados en otras, obvias urgencias. Y así lo
expresamos la semana pasada al inaugurar el 24º Foro Internacional por el
Fomento del Libro y la Lectura ,
en Resistencia, donde cada uno de estos años de saqueo planteamos la necesidad
de una gran reforma educativa, basada en la que proponemos desde El Manifiesto
Argentino, que considera a la educación como un derecho colectivo en el marco
de procesos institucionales de enseñanza y aprendizaje. Partimos de la idea de
que, en tanto forja fundamental para la construcción de ciudadanía, la Argentina requiere el
urgente restablecimiento de la educación pública, gratuita, universal, laica,
con sentido nacional y social en todos los niveles, y obligatoria hasta los
pre-universitarios, asegurando la educación privada como sistema
complementario. Así está garantizado por la Ley 26.206/05, que estableció que: "La
educación es una prioridad nacional y se constituye en política de Estado para construir
una sociedad justa, reafirmar la soberanía e identidad nacional, profundizar el
ejercicio de la ciudadanía democrática, respetar los derechos humanos y
libertades fundamentales y fortalecer el desarrollo económico-social de la Nación ".
Asimismo, la garantía
del financiamiento educativo fue fijada por la Ley 26.075/05, que Macri derogó por decreto en
enero de 2018, y que será urgente restablecer para asegurar la Renacionalización
de la Educación
que proponemos, entendida como la necesidad de un Sistema Educativo Nacional
Único, con validez en toda la república, que garantice una plataforma
curricular cuya base estructural conciba contenidos educativos igualitarios en
todo el país y se organice en función de las múltiples y complejas realidades
del territorio nacional. Y es claro que sin que ello implique pérdida de la
autonomía administrativa de las jurisdicciones, garantizándose los desarrollos
locales y regionales, así como la participación de asociaciones de docentes y
padres de familia en la elaboración de contenidos pedagógicos, con recursos
económicos enviados a las provincias para la aplicación de políticas
pedagógicas nacionales que se ejecuten con transparencia y sin excepción con
ese cargo. Además, para el saneamiento y control del sistema proponemos que
todos los financiamientos (nacionales e internacionales) sean auditados y
controlados por la ciudadanía, a través de asociaciones o federaciones de
cooperadoras, reportando resultados al Consejo Federal de Educación, que deberá
ser reformulado a fin de que las decisiones educativas de interés nacional sean
vinculantes y de aplicación ineludible en todo el país.
La propuesta implica
terminar también con el ominoso reemplazo de pedagogos por gerentes a cargo del
Ministerio, así como vedar la intervención de empresas e instituciones
transnacionales en el sistema educativo nacional. Y también acabar con la
promoción de supuestos talentos individuales, la instauración positivista de
las neurociencias en el magisterio y todo cómputo de las condiciones
mentales-cerebrales de los alumnos, a quienes sólo hay que garantizar alimentos
para su nutrición y desarrollo. Todo esto se vincula con la necesaria
planificación, a partir de noviembre, del Censo Nacional 2020, que deberá
incluir un muy completo capítulo en materia educativa, en base a cuyos
resultados será posible conocer el grado de daño inferido a la educación pública,
así como la implementación de medidas de corto, mediano y largo plazos. Este
Censo será un paso fundamental para conocer a cabalidad el tamaño de la tarea,
porque hoy en la Argentina
tenemos un sistema educativo que no está mensurado, o lo está "a
ojo". Y es que, por ejemplo, no hay datos ciertos de la cantidad de
escuelas y aulas en todo el territorio nacional. Ni el Ministerio ni la Wikipedia lo informan, y
los números que se encuentran van de las 25 mil a las 50 mil escuelas, pero no
son cifras confiables. Y tampoco se sabe el número de estudiantes de entre 5 y
18 años. ¿17 millones, 20 millones? Lo ignoramos.
Igual sucede con las
bibliotecas. La Conabip
computa "casi 2000" bibliotecas populares. Pero el fabuloso entramado
que conforman las numerosas bibliotecas públicas municipales, barriales, de
clubes, de cooperativas y de instituciones de la sociedad civil, más las
universitarias, las de facultades, las de empresas y bancos incluso, y las hace
años estimadas 25 mil bibliotecas escolares y/o de aula, hace absolutamente
imposible tener un dato cierto. Ni hay precisiones sobre la cantidad de
bibliotecas científicas, ni de instituciones del Estado. Posiblemente el total sea
de más de 50 mil bibliotecas en todo el país. Pero dato cierto, ninguno. Y ni
se nos ocurra contabilizar acervos. Y hay más: ni siquiera se sabe con certeza
si las universdades públicas de la
Argentina son exactamente 54, o 62 o cuántas. Imposible encontrar
cifra única en internet. Y tampoco es posible saber cuántas carreras de grado
se pueden cursar en este país, ni se conocen datos exactos de las universidades
privadas, ni su número de estudiantes ni hay un ranking de sus carreras y
costos. Como tampoco hay cifras ciertas sobre estudiantes de otros países en la Argentina. Y también
haría falta un cómputo –censal o ministerial– acerca del número de
instituciones y casas de estudio privadas, confesionales o no, y sus costos de
cursada. Y el colmo: toda esta ignorancia (¿casual, planificada?) impide
también conocer de una vez la obvia privatización encubierta que se practica en
casi todas las universidades públicas, casi todos cuyos posgrados están
arancelados y muchos son carísimos. Y todo lo cual desnaturaliza la enorme
conquista argentina y peronista de 1949 de la universidad pública gratuita.
(*) Página/12,
2/9/019.

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