La opinión de Sergio Suppo
La opinión de Sergio Suppo
Cristina Kirchner
toma el control de áreas claves del nuevo gobierno (*)
Cristina Kirchner
toma el control de áreas claves del nuevo gobierno (*)
A
continuación, sus principales conceptos:
Esta
semana ha sido muy ilustrativa sobre el futuro de la presidencia de Alberto Fernández, al menos en su primer tramo. Ha
ido mostrando con el paso de los días cómo se ha "kirchnerizado", la
influencia de Cristina
Kirchner salió
del Congreso para instalarse en algunos temas centrales del momento previo a la
asunción de Fernández.
¿Qué
temas? Uno es la formación del gabinete.
Otro es la preocupación principal de buena parte del kirchnerismo, empezando
por Cristina: la situación judicial de algunos de los funcionarios de la
primera fila del kirchnerismo hasta diciembre de 2015.
Esta semana hubo
una manifestación, bastante escasa en cuanto a adherentes, que se llamó:
"Navidad sin presos políticos". Un día después, Alberto Fernández
volvió con su tesis sobre que no debe haber ningún preso acusado por corrupción
bajo las rejas. Según el argumento técnico de que, todas las personas que
tengan prisión preventiva, pueden estar libres en tanto no tengan una sentencia
firme.
En
el caso de Julio
De Vido, que está
por cumplir 70 años, tiene la posibilidad de pedir una prisión
domiciliaria. Amado
Boudou es
difícil que salga de la cárcel porque tiene condena ratificada en la segunda
instancia, aunque no está firme. Otros detenidos son Roberto Baratta, Ricardo Jaime, José López, Luis D'Elía, entre otros.
La posición de
Alberto Fernández es a favor de la liberación de estos presos, aunque no dijo
que fueran inocentes. Pero el presidente electo ha hecho dos salvedades durante
la campaña electoral que ha mantenido, de alguna manera, en forma coherente.
Fernández
considera que la familia presidencial de los Kirchner y sus dos hijos, Máximo y
Florencia, son inocentes. No dice lo mismo del resto de los funcionarios con
problemas judiciales. A ellos los defiende diciendo que deberían estar en
libertad.
Pero nadie le
preguntó, ni él lo dijo, cuál debería ser el status judicial que debería tener
un delincuente común. Porque si se sigue estrictamente la idea de que solo
aquellos condenados con sentencia deberían estar detenidos, habría decenas de
miles de delincuentes comunes liberados automáticamente.
Alberto Fernández
se dedica solo a una porción, la porción política, de los investigados por la Justicia. ¿Por qué lo
hace? Tiene una explicación política doble. Por un lado, son sus partidarios.
Por el otro, este es el momento de mayor poder: el del presidente que está a
punto de asumir.
Dicho eso, el
resultado electoral fue mucho menos expresivo de lo que se esperaba, y no llega
a sentar las bases de una hegemonía que convierta en indiscutible cualquier
decisión política que se tome. Hay un 40% del electorado que sigue con bastante
atención la idea de la eventual reposición de la impunidad en la Argentina. Los
antecedentes históricos en la
Argentina hablan de un alineamiento casi automático entre el
Poder Judicial y el poder político de turno.
Otro dato político
clave de la semana es la confirmación de que el gabinete de Alberto Fernández
tendrá como protagonistas centrales a funcionarios puestos por Cristina
Kirchner. Se borró la idea de que Cristina y su hijo Máximo fueran a reinar en
el Congreso, mientras que el Poder Ejecutivo iba a ser un escenario exclusivo
para Fernández.
El gabinete que se
está constituyendo tiene figuras designadas que forman parte del elenco central
del kirchnerismo, y están ocupando cargos decisivos en la estructura de poder.
Los gobernadores por ahora no han demostrado ningún descontento, al menos en
público.
Lo
concreto es que hay varios funcionarios del elenco de Fernández que han sido
puestos por Cristina Kirchner. El ministro del Interior, responsable de la relación
estratégica con los gobernadores, será Wado de Pedro, un hombre de La Cámpora y de máxima confianza de
Cristina.
Hay
otras designaciones en cargos muy importantes y estratégicos, aunque no sean
ministerios. El procurador del Tesoro será Carlos Zannini. Hombre de la más estrecha
confianza de Cristina: fue Secretario Legal y Técnico durante los doce años del
kirchnerismo.
Alejandro Vanoli, expresidente del Banco Central, controlará la principal
caja de financiamiento político que tiene el Estado: la Anses. Mercedes Marcó del Pont, tambien expresidenta del Banco Central, estará a cargo de la recaudación
impositiva, de la AFIP. No
solo significa recaudar impuestos en la Argentina , sino también controlar la principal
caja de secretos fiscales de cualquier país. Estamos hablando de sectores
esenciales de la estructura estatal que Fernández le cedió a Cristina.
En el área
fundamental que es el ministerio de Economía parece que Martín Redrado todavía
no pasó el filtro de aceptación. Redrado es uno de los economistas que se
comunica con Fernández con mayor frecuencia. En esta área se han barajado
muchos nombres y todavía hay muy pocas certezas.
Surgen
una serie de especulaciones en este ámbito. El presidente electo ha cambiado
varias veces de interlocutores con el FMI y
con los bonistas, con quienes anticipa negociaciones. En su momento fue
Guillermo Nielsen, ahora aparece desplazado hacia el área de Energía.
Se vuelve a hablar
de Daniel Marx, un especialista en negociación de deuda externa que ha pasado
por varios gobiernos. Cobró fuerza esta semana Martín Guzmán, un economista de
Columbia, pero sobre el final de la semana parece haber perdido potencia como
posible ministro de Hacienda.
Fernández dio esta
semana algunos detalles muy significativos respecto a la negociación de la
deuda, que dan indicios de una negociación en marcha. Uno es que dijo que no
iban a tomar los 11 mil millones que quedan pendientes del FMI. Sucede que el
mismo Fondo ya había desistido de seguir prestándole a la Argentina el total del
crédito de los 50 mil millones que le otorgó a Macri. Esto habla de una suerte
de entendimiento: no toma los 11 mil millones al Fondo, porque en realidad sabe
que el Fondo tampoco los iba a prestar.
Pero Fernández
dijo lo más importante ayer en la
UIA. Se refirió a algo central para el Fondo. Dijo: "Yo
no voy a pedir quita". El FMI no acepta quita, no hay ningún antecedente
de acuerdos con el Fondo donde haya aceptado una quita de capital del crédito
que prestó. También dijo: "Vamos a pagar cuando la economía crezca";
esto quiere decir tratar de reprogramar los plazos de pago con el Fondo.
Esto es viable al
cabo de una negociación con el Fondo, pero no es viable en la negociación con
los bonistas. Porque estos difícilmente vayan a aceptar una negociación en los
mismos términos que el FMI. La
Argentina probablemente le pedirá a los bonistas algo muy
distinto al Fondo, probablemente sí le pidan una quita entregando otro bono,
que, a su vez, reprogramará los pagos.
La duda es a qué
tasa de interés. Porque la tasa de interés en el mundo hoy está muy baja, y la Argentina está pagando
una tasa extraordinariamente alta por su elevadísimo riesgo país. Hay
economistas que se adelantan a advertir que hay que tener cuidado con las tasas
que la Argentina
vaya a aceptar tomar en la reprogramación, más allá de la voluntad de pago que
Fernández se ha esmerado en destacar esta semana.
(*) La Nación , 30/11/019.

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