Para los lectores de El Informador Público
Para los lectores de El Informador Público
La personalidad
política de Cristina Kirchner (*)
Anexo
La personalidad
política de Cristina Kirchner (*)
Hernán Andrés
Kruse (04/12/2019)
En su libro “El poder”, Germán Bidart Campos
expresa que “el hombre o los hombres que como gobernantes detentan el poder,
imprimen y trasladan al poder un estilo que depende, en buena parte, de quién
es y cómo es el hombre que gobierna. De ahí que la ciencia política, valiéndose
de otras ciencias auxiliares, analice la llamada personalidad política (…) Se
trata de indagar-y acaso prever-las predisposiciones e inclinaciones del
gobernante, su estructura biosíquica, sus tendencias, etc., que se reflejan y
repercuten en su comportamiento. Al estudiar al poder como complejo social,
Lucio Mendieta y Núñez menciona como su primer ingrediente la personalidad de
quien posee el poder. Vamos a citar, sólo ejemplificativamente, qué cosas son
propias de esa personalidad, y cuáles inciden en la personalidad (…): los
sentimientos del gobernante; sus aficiones; sus pasiones; su salud física y
síquica; su profesión u oficio; su status económico; su instrucción; su
educación; su cultura; su actividad, su actuación y su vida anteriores al
ejercicio del poder; su familia de origen y su núcleo familiar al tiempo de
ocupar el poder; sus ideas, su religión; su extracción social; sus ideas, su
estructura mental y doctrinaria; su vida privada; sus resentimientos, su
capacidad, aptitud e idoneidad; su vocación política; su edad; su sexo; sus
hábitos, defectos y vicios; el partido y los grupos y asociaciones a que
pertenece; la situación sociopolítica, cultural y económica correspondiente al
lugar y tiempo de ejercicio del poder; todos los elementos de la estructura
social de la convivencia y todo lo que encuadra en la expresión, algo ambigua,
de “contexto social”; los compromisos adquiridos y los que se van contrayendo;
el grado de control sobre los ingredientes intelectuales , emotivos y volitivos
que componen la personalidad; el sustrato (subconsciente e inconsciente) de la
vida consciente; y para poner un punto final que deja muchos puntos
suspensivos, mencionaríamos la totalidad del sistema político en el que se
inserta el poder que le ha tocado ejercer al gobernante”.
Para analizar un gobierno X la personalidad de
quien detenta el Poder Ejecutivo constituye un factor de vital importancia,
especialmente en un país como la
Argentina donde el caudillismo siempre ha ejercido un rol
gravitante. Sería imposible, por ejemplo, analizar la época de la generación
del ochenta sin hacer referencia a la personalidad de Julio A. Roca, o la del
peronismo sin hacer foco en la personalidad de Juan D. Perón. Sería imposible,
pues, analizar el cristinismo si se ignora la personalidad de Cristina
Kirchner. Para hacerlo es fundamental tener en cuenta todos los ítems
enumerados por el insigne constitucionalista. Se trata, qué duda cabe, de una
tarea compleja que requiere el auxilio de varias disciplinas. Es por ello que
me limitaré a destacar algunos aspectos de la personalidad de la ex presidente
y vicepresidente electa que emergieron en plenitud durante su ejercicio del
poder. Cristina Kirchner es una brillante oradora. Cada vez que hace uso de la
palabra atrapa al oyente. Cuenta con una memoria privilegiada (habla sin
necesidad de recurrir al ayuda memoria) y, me parece, le encanta que todos se
den cuenta de ello. Su ambición de poder carece de límites y es partidaria de
una concepción “matrimonialista” de la política. Ella y Néstor Kirchner
decidieron en su momento repartirse los períodos presidenciales, proyecto que
quedó trunco por la repentina muerte del ex presidente. Es por ello que no
sería extraño que Cristina esté pensando en su hijo Máximo como futuro
presidente. Cristina se cree superior al resto de los mortales. Cuando habla no
dialoga sino que monologa, pontifica. A ella, en el fondo, no le interesa lo
que los oyentes piensan de su persona. Sólo le importa que la escuchen porque
al hacerlo aprenden. Le encanta ocupar el centro del ring. Se siente imprescindible,
como tocada por la varita mágica para marcar un punto de inflexión histórica.
No tolera que la desobedezcan ya que quienes trabajan con ella son sus
subordinados. Cree que su voluntad es más importante que la constitución de
1853-60. Es autoritaria y prepotente y le apasiona que la admiren y le rindan
pleitesía. Su personalidad es volcánica y no admite términos medios: o la aman
o la odian. Aparenta ser muy pasional pero en realidad es una persona fría y
calculadora.
Habría mucho más para decir de la personalidad
de Cristina. Si hubiera que elegir una frase que la sintetice sería ésta: el
mando es la razón de ser de su vida. Cristina es así y jamás cambiará. Es por
ello que costaba creer que alguien creyera aquello de que “ahora, luego de estar
en el llano durante un buen tiempo, Cristina es una mujer diferente, mucho más
tolerante y humilde”. Lo que acaba de acontecer en los tribunales de Comodoro
Py ha puesto en evidencia que se está en presencia de la Cristina de siempre, de la Cristina que ejerció el
poder con mano de hierro. En consecuencia, a partir del 10 de diciembre
Cristina retornará a su “lugar en el mundo” que no es otro que el poder y lo
ejercerá como lo hizo siempre.
Anexo
Anteayer estuvo en Comodoro Py la ex
presidente y vicepresidente electa para hacer su descargo sobre su supuesta
responsabilidad en la causa denominada “Vialidad”. La cuestión está tan
ideologizada que una causa jurídica mereció visiones antagónicas de parte de
dos conocidos columnistas políticos: Raúl Kollmann y Nicolás Wiñazki. He aquí
lo que publicaron en las últimas horas. Como siempre, aconsejamos al lector
sacar sus propias conclusiones.
La causa armada, punto
por punto (*)
Raúl Kollmann
(Página/12, 3/12/019)
La lectura del expediente sobre las obras
viales en Santa Cruz le da toda la razón a Cristina Fernández de Kirchner: una
causa armada, un ejemplo de la lawfare, la utilización de la justicia contra
los dirigentes populares. 1.- Mauricio Macri asumió el 10 de diciembre de 2015,
pero no nombró director de Vialidad hasta el 15 de enero de 2016. El entonces
ex candidato a intendente de General Sarmiento, Javier Iguacel, furioso anti-K,
asumió ese día. El 16 de enero, o sea al día siguiente de asumir, ordenó una
auditoría. ¿En los 24 distritos del país? No, en uno solo. Santa Cruz. El
objetivo estaba claro: ir contra la ex presidenta. 2.- Una acusación inicial
fue que a Santa Cruz se le adjudicaron 81 obras en rutas. Según los fiscales,
demasiado, 14.000 millones de pesos, comparado con Córdoba que recibió obras
viales por 10.000 millones. Pero eso fue votado en el Congreso Nacional, en la
ley de presupuesto: fue una decisión política. Es que Santa Cruz tiene el 10
por ciento de la superficie argentina, con pocos habitantes y tenía un
considerable atraso en rutas. Aun así, no recibió una parte desproporcionada:
el 11 por ciento de la obra vial nacional. 3.- La Auditoría de Vialidad,
realizada por el macrismo con dos ingenieros y un contador, designados los tres
por el gobierno entrante, dejó algunas cosas clarísimas. Ni Lázaro Báez ni
ningún empresario cobraron obras que no se hayan hecho; las obras estaban bien
hechas, incluso mejor de lo que señalaba el pliego. La auditoría sostuvo que la
diferencia entre lo pagado y lo hecho fue de 0,1 por ciento, lo habitual en
todos los distritos. O sea, aquellas acusaciones que se difundieron por todos
los medios de que se pagaron obras que no se hicieron o que hubo obras que no
se terminaron, naufragaron en forma total y no son ni siquiera hoy materia de
acusación. 4.- La auditoría estableció que las demoras registradas no se
debieron a razones atribuibles a las constructoras sino que aparecían caños
petroleros o de gas, o cables eléctricos o telefónicos que había que correr y
eso llevaba un tiempo. O circunstancias climáticas que impidieron trabajar o
terrenos que los municipios no habían expropiado. La auditoría también consignó
que es lo que sucede en la mayoría de las obras del país. 5.- Otra imputación
neurálgica fue que empresas en las que Lázaro Báez era accionista se adjudicaron
51 de las 81 obras. Esto es algo que se repite en numerosas provincias:
empresas que tienen el personal (miles de trabajadores), la maquinaria adecuada
y ganan la mayor parte de las licitaciones porque juegan de locales: no tienen
que trasladar ni la gente ni las máquinas. Y menos todavía a 1.800 kilómetros ,
como sucede con Santa Cruz, con trabajos en condiciones climáticas muy
difíciles.
6.- Las 51 obras fueron motivo de licitaciones
en las que participaron otras empresas –algunas de las más grandes del país–
que no radicaron denuncias por irregularidades en esos concursos. No se puede
argumentar cartelización porque, justamente, Lázaro Báez era un adversario de la Cámara de la Construcción. Además ,
el santacruceño casi no ganó ninguna licitación fuera de su provincia y, para
colmo, perdió la licitación más importante de Santa Cruz: la de las dos
represas Condor Cliff y Barrancosa (Cepernic y Kirchner), la obra más
importante financiada por China fuera de China. 7.- A lo largo de tres años, los
jueces y fiscales se negaron a hacer un peritaje para evaluar lo único que
quedaba pendiente: la existencia o no de sobreprecios. Finalmente el tribunal
ordenó un estudio, pero de sólo cinco obras, porque no había capacidad para
analizar las 51 obras cuestionadas. Esto ya demuestra la desesperación por
condenar, porque alguno de los imputados no tuvieron nada que ver con esas
cinco obras y entonces van a resolver si son culpables o inocentes teniendo
como parámetro obras en las que no participaron o que ni siquiera se
construyeron cuando eran funcionarios. Para redondear la jugada, los jueces
nombraron como perito oficial al ingeniero Eloy Bona, quien registraba tweets
groseros contra CFK. La defensa, a cargo de Alberto Beraldi, recusó al perito,
pero el tribunal sostuvo que los tweets no eran suficientes para apartar al
profesional. 8.- Aún así, una parte de la pericia se firmó de manera unánime:
se dictaminó que no hubo sobreprecios en las redeterminaciones ni en los
rediseños de las obras. Se habla de redeterminación cuando hay inflación y el
valor de la obra debe actualizarse. Se realiza aplicando un decreto de la época
de Eduardo Duhalde, o sea que se aplican índices que tienen que ver con los
precios de la construcción. Tampoco hubo sobreprecios cuando, por ejemplo, se
encontró un obstáculo y hubo que rediseñar el trazado. Esta también era una
gran bandera de los denunciadores que hablaban de que se pagaron valores
siderales con los cambios. La realidad es que los rediseños y las
redeterminaciones fueron mucho menores a las realizadas en las obras del
macrismo en estos cuatro años. 9.- Lo que queda como disputa en el juicio es la
existencia o no de sobreprecios iniciales de las obras. El argumento debería
caerse en sí mismo porque hubo licitaciones y cada empresa podía ofertar. Sin
embargo, cuando los tres peritos tenían un acuerdo para firmar de manera
unánime, apareció Bona con su propio dictamen sosteniendo que hubo sobreprecios
en los pliegos originales. El perito oficial puso sobre la mesa, de manera sorpresiva,
la oferta que se hizo por tres tramos de la ruta 3, una vez que le quitaron la
obra a las empresas de Lázaro Báez. Los tres tramos fueron adjudicados a CPC,
la empresa de Cristóbal López y Fabián De Sousa, que ya hostigada por el nuevo
gobierno, decidió hacer una oferta fuerte, por debajo del precio de la
licitación, para quedarse con la obra. Pero lo asombroso fue lo que ocurrió
después: CPC tuvo la obra ocho meses y perdió 100 millones de pesos. La
consecuencia fue que la abandonó, se la devolvió al Estado. Y está abandonada
hasta ahora, deteriorándose. Pese a esos elementos, quieren tomar la oferta de
CPC como parámetro. Es otro ingrediente del lawfare. Esta será la polémica
central que aún queda. 10.- Desde el punto de vista estrictamente judicial, hay
que tener en cuenta que las obras se votaron en el Congreso y luego se
licitaron y adjudicaron en Santa Cruz. El control también fue provincial y los
certificados de obra, con los cuales se fue cobrando, igualmente tenían firma
de los funcionarios santacruceños. El Estado nacional financiaba, pero la
ejecución era provincial. Había un control nacional, principalmente a raíz de
denuncias o de controversias y en ocasiones por muestreo.
Todo esto demuestra que un presidente tiene
una cantidad enorme de instancias y de firmas que se sitúan entre una obra y
sus decisiones. Desde ya toda la estructura provincial, desde los inspectores,
secretarios y ministros, hasta el gobernador. Y luego la estructura nacional,
también de inspectores, secretarios, ministros y hasta el jefe de Gabinete que
es quien ejecuta el presupuesto y redirecciona fondos cuando es necesario. O
sea que ningún presidente está en contacto directo con una obra. Lo que exhibe
la lawfare en esta causa es que ningún gobernador de Santa Cruz ni ningún jefe
de Gabinete fue imputado. El objetivo era la ex presidenta y adjudicarle a la
mandataria ser la cabeza de una asociación ilícita. No pueden exhibir ni una
firma ni una orden sobre las obras, porque nada de eso existe. Entonces
emparentan la asociación ilícita con el gobierno, porque a falta de pruebas, lo
único posible es condenar a la totalidad de un gobierno.
Las falacias de
Cristina Kirchner y las preguntas que no quiso responder (*)
Nicolás Wiñazki
(Clarín, 2/12/019)
Por primera vez en la historia argentina, una
ex Presidenta, ex diputada y senadora, flamante vicepresidenta electa, se
defendió en declaración indagatoria en un juicio oral y público, en el cual es
la principal acusada de montar un sistema de corrupción con el negocio de la
obra pública. Las singularidades de la carrera política de Cristina Kirchner, y
la génesis y el desarrollo de esta causa judicial, no la ayudan a sostener sus
argumentos sobre este infortunio. Los difundió en su cuenta de twitter. Y los
repitió ante los jueces y el fiscal. Según dijo ella misma, es víctima de una
persecución del Poder Judicial, iniciada por el gobierno de Mauricio Macri en
contra de opositores. Mencionó el lawfare, una conspiración entre “los medios
de comunicación hegemónicos” y el “aparato judicial” con el fin de “destruir y
demonizar a los gobiernos populares y democráticos”. Agregó que ese complot
abarca al resto de “América Latina”. Y afirmó que se trata de un “plan
sistemático”. La vicepresidenta electa se quejó de que el TOF 2 no permitió
transmitir su indagatoria a través de las cámaras del Centro de Información
Judicial (CIJ).
Cristina usó la retórica y las falacias para
defenderse. Algunos ejemplos: La ex presidenta dijo que la causa de Vialidad es
el ejemplo de que ella es víctima de una persecución contra dirigentes
políticos impulsada por el poder. En realidad, la causa Vialidad empezó con una
denuncia de la diputada Elisa Carrió en el 2008, cuando Fernández era
Presidenta. Cristina también acusó al juez Julián Ercolini de ser parte de esa
supuesta persecución contra opositores. En realidad, la diputada Carrió
denunció a Ercolini en 2014 por el posible retraso adrede de la investigación
sobre el favoritismo de Cristina con respecto a las empresas de Báez. Esa
acusación no prosperó. Ocurre que durante la gestión presidencial de Cristina
los organismos públicos dedicados a instrumentar los pagos y las concesiones
viales que ganaba Báez casi de forma monopólica en Santa Cruz se negaban en
forma sistemática a entregarle información a la Justicia sobre las
decisiones de Vialidad Nacional. Una vez que los K dejaron el poder, el nuevo
titular de Vialidad Nacional accedió a entregarle al Poder Judicial lo que
antes se le negaba. A eso se suma que la instrucción del caso la llevó siempre el
fiscal de la causa, Gerardo Pollicita, a quien Ercolini le delegó la pesquisa.
En su indagatoria en el juicio oral, Cristina se quejó porque el TOF 2 le
rechazó su pedido de transmitir por televisión su defensa. El tribunal siempre
mantuvo la misma posición: permitió que se transmitiera solo el primer día de
la audiencia del juicio oral. A Clarín le consta que los mismos jueces, y
también en la Corte
Suprema , no le permitieron al periodismo acceder a las
filmaciones de otras audiencias del caso. Por ejemplo, una en la que el abogado
de Cristina, Carlos Beraldi, había hecho declaraciones polémicas sobre qué
podría pasarles a los magistrados y el fiscal en un futuro en el que su
defendida podría volver al poder.
Entre sus argumentos para desacreditar la causa
Vialidad, la ex presidenta adujo que ella no tuvo injerencia en el modo en el
que se le pagó a las empresas de su socio, Báez. Dijo que el dinero estatal que
recibió el empresario estaba incluido en los Presupuestos que aprobaba el
Congreso Nacional. La realidad de la causa es otra. Entre las pruebas que
usaron los fiscales Pollicita e Ignacio Mahiques, se incorporaron decretos de
necesidad y urgencia (DNU), firmados por Cristina en los que se permitió, por
ejemplo, que la plata que usaba Vialidad Nacional o la Secretaría de Obras
Públicas de José López para abonarle a Báez pudiera ser retirada de forma
discrecional de un fideicomiso con cuenta en el Banco Nación en el que el
Estado K depositaba dinero proveniente de un impuesto que se cobra mediante una
tasa de venta de gasoil. Durante su Presidencia, Néstor Kirchner firmó el
Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) número 140/04, en el que especificó qué
obras públicas que construía Báez en Santa Cruz podían ser financiadas con
dinero de ese fideicomiso. Fue Cristina Kirchner, ejerciendo la Presidencia durante el
año 2009, la que liberó totalmente la discrecionalidad con la que la Secretaría de Obras
Públicas determinaría sin detalle cuánta plata se podía retirar de ese mismo
instrumento financiero alimentado con la tasa de gasoil para completar los
pagos a las constructoras “amigas” del poder K. Cristina defendió las obras
públicas de Báez en Santa Cruz diciendo que “un amigo por sólo ser amigo no es
un delincuente, o como delitos ser amigo del presidente de la República , y se nos
denegó prueba por prueba en estos cuatro puntos…”. Los hechos muestran que Báez
creó Austral Construcciones apenas días antes de la asunción de Néstor Kirchner
como Presidente. Las pruebas recolectadas indican que Báez era socio comercial
de los Kirchner cuando se presentaba en licitaciones de obras en las que, en
muchos casos, competía contra sí mismo, debido a que había adquirido muy
rápidamente otras compañías del rubro, como Sucesión de Adelmo Biancalani, Kank
y Costilla o Loscalzo y Locurto. Los ofertantes, en muchos casos, eran todas
firmas de Báez que pujaban por ganar las obras públicas. En esos casos era Báez
quien le ganaba a Báez. Eso pasó aunque el grupo de constructoras de Lázaro
cobraba por anticipado certificados de obras que no había terminado; o ganaba
concesiones a pesar de que las normas indicaban que su capacidad empresaria
estaba sobrepasada. Eso, sin contar que Báez recibía dinero del Gobierno K
mientras al mismo tiempo construía edificios de departamentos con los Kirchner,
les alquilaba tres hoteles a precios exhorbitantes para el mercado; e incluso
hasta construyó el hotel Los Sauces, pegado a la residencia de los K en Santa
Cruz, un trabajo por el que nunca les cobró a sus socios. Además, Báez les
compró casas a los Kirchner a precios elevados. Todo, mientras era beneficiado
con fondos para construir rutas, asfaltar otras y demás obras que en buena
parte se retrasaron sin explicación firme, o nunca se terminaron.
Cristina F insistió con que no era ella quien
favorecía con el dinero público a su socio e inquilino, sino los jefes de
Gabinete que elevaban al Congreso los Presupuestos del Estado. Como se dijo,
hay infinidad de decretos presidenciales y resoluciones de Vialidad Nacional
que van en contrario a esas afirmaciones: sin esas herramientas estatales, Báez
no podría haber cobrado los millones que cobró. La vice electa dijo que si se
hubiese ocupado de esta ingeniería estatal no habría tenido tiempo para
gobernar. Allí están firmados sus decretos que aceleraron pagos a Báez usando
fuentes diversas de financiación del Tesoro Nacional. Y también los decretos
que Néstor Kirchner o ella firmaron para designar gente relacionada con el
empresario en cargos claves de Vialidad, como fue el caso del ex gerente de
administración general del organismo, Sergio Passacantando. En su curriculum
tenía una condición crucial: trabajaba en Austral Construcciones. Que Báez fue
beneficiado por el gobierno de sus socios es también un hecho. El 10 de
diciembre del 2015, cuando Fernández dejó el poder, las constructoras de Báez
eran las únicas de toda la
Argentina a las que el Estado no les debía un solo peso. La
vice electa se quejó de los tiempos que tomó instrumentar la causa. Entre todos
los procesados K presentaron más de 200 nulidades o planteos leguyelos, solo en
la instancia oral. Otro caso único. Fernández habló pero evitó responder
preguntas de las querellas y del fiscal Diego Luciani. Lo mismo hizo el resto
de los acusados, como si su estrategia defensiva estuviera coordinada. Resta
saber qué hará Báez, que aún no declaró en indagatoria en la instancia oral.

Comentarios
Publicar un comentario