El pueblo no come vidrio
Hernán Andrés Kruse
27/12/010
En su edición del lunes 27 de
diciembre La Capital
publicó un estudio de opinión de la consultora Ibarómetro sobre la imagen e
intención de voto de la presidenta de la nación. Los números no mienten. En
estos momentos Cristina tiene casi 60% de imagen positiva y en primera vuelta
el 39% de los consultados afirmó que la votaría. Si hubiera segunda vuelta,
Cristina ganaría sin problemas (47% contra el 35% del opositor mejor posicionado,
Mauricio Macri). Emerge en toda su magnitud la sabiduría del pueblo argentino,
capaz de advertir con sagacidad la calidad del gobernante de turno. La encuesta
demuestra que la madurez de los argentinos es incuestionable. Ese 60% indica
que gran parte de los argentinos y argentinas valora positivamente una gestión
que, desdel comienzo, se vio jaqueada por quienes no soportan que el socialismo
democrático y progresista esté en el poder. Ese 60% se dio cuenta de que con
Cristina la calidad de vida del pueblo mejoró ostensiblemente, fundamentalmente
la de los sectores carenciados, de que hubo un progreso en educación y salud,
de que mejoró la calidad institucional de la República (La Corte Suprema, por
ejemplo), de que nuestros queridos viejos están mejor ahora que durante los
noventa, de que el cambio de rumbo de la política exterior hizo a la dignidad
de la Argentina
como país soberano, de que ahora hay más posibilidades de escuchar otras voces
y leer otros discursos; de que, en definitiva, el país dejó atrás la hecatombe
del 2001. En efecto, ese 60% se ha percatado de que ahora estamos mejor, mucho
mejor, que hace nueve años, cuando todo parecía desmoronarse sin remedio. Se ha
percatado de que, pese a que aún queda mucho por hacer y corregir, el camino
escogido por Cristina es el correcto, que el otro camino sólo conduce a la
repetición del diciembre trágico. Los índices macroeconómicos, el alto consumo
y las fotos de una Mar del Plata desbordada a esta altura del año, no hacen más
que corroborar que vamos saliendo del mundo dantesco del neoliberalismo, que
los argentinos y las argentinas, mayoritariamente, se están dando cuenta de que
el kirchnerismo no es una mala palabra; que el pueblo, en definitiva, como
todos los pueblos de la tierra, no come vidrio.
La verdad no tiene remedio
Hernán Andrés Kruse
24/1/011
El peronismo santafesino está
convulsionado. No hay señales de acercamiento entre el kirchnerismo y el
peronismo federal, duramente enfrentados desde hace años. A mi entender, es muy
poco probable que la segunda fuerza de la provincia se presente unida en las próximas
elecciones a gobernador por una razón tan sencilla como contundente: son
incompatibles ideológicamente, en efecto, el kirchnerismo y el peronismo
federal representan dos modos antitéticos de enfocar la política, al economía,
las relaciones internacionales, la justicia social y la educación. Representan,
en suma, dos modelos antitéticos de país, dos Argentinas. Vamos. El kirchnerismo
enarbola las banderas de la acumulación con equidad social, la inclusión de los
sectores más débiles, la militancia política y el multilateralismo. Sin renegar
del vínculo con la megapotencia mundial, privilegia las relaciones con los países
hermanos de Latinoamérica potenciando la idea del Mercosur que hizo germinar Raúl
Alfonsín durante su presidencia. El peronismo federal enarbola las banderas de la
concentración económica sin equidad social, la exclusión de los sectores carenciados,
la apatía política y las relaciones carnales. Sueña con el modelo de país de la
Generación del Ochenta apoyado en la preeminencia del
sector agropecuario y en una democracia para pocos. El kirchnerismo está
imbuido de los valores del socialismo democrático y progresista. El peronismo federal, en cambio, enaltece las
banderas del menemismo neoliberal. Al igual que el agua y el aceite, el
kirchnerismo y el peronismo federal se rechazan mutuamente. Sus diferencias
filosóficas y axiológicas (valores) son demasiado profundas. Quien pretenda,
pues, encontrar algún punto de contacto entre ambos sectores del peronismo
santafesino está condenado al fracaso. Serrat dijo en su momento que la verdad
no ofende sino que no tiene remedio. Y la verdad es que es más probable un
triunfo de Pino Solanas en octubre que un acuerdo entre Rossi, por un lado, y
Reutemann y Obeid por el otro, para regocijo del Frente cívico y Social.
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