La enloquecida política argentina

 


 

La enloquecida política argentina

Del 17/1/021 al 31/1/021

 

Alberto Nisman

 

El 14 de enero de 2015 el fiscal de la causa AMIA Alberto Nisman visitó los estudios de TN. Sentado en una mesa junto al periodista Edgardo Alfano lanzó una de las acusaciones más graves de la historia argentina. Afirmó con vehemencia que la entonces presidente de la nación, Cristina Kirchner, había dado el okey al memorándum de entendimiento con Irán para encubrir a los iraníes sospechados de haber volado el edificio de la AMIA. El 16 La Nación publicó un artículo del hoy presidente Alberto Fernández en el que acusaba a Cristina de haber encubierto a quienes volaron la AMIA. El 19 el fiscal debía presentarse en el Congreso para dar un detallado informe sobre un hecho de tanta relevancia política y legal. No pudo ser. Ese lunes por la mañana la opinión pública quedó conmovida por una noticia escalofriante: el día anterior-domingo 18- Alberto Nisman había sido encontrado sin vida en su departamento. Presentaba una bala en su cabeza.

 

A partir de entonces se desató una batalla política y judicial entre el gobierno, por un lado, y la oposición y Comodoro Py por el otro. Para el oficialismo se trató de un suicidio. Para la oposición y Comodoro Py, de un asesinato. Aparentemente el cuerpo sin vida de Nisman fue encontrado el domingo por la tarde. Según informó la prensa mucha gente se encontraba en el lugar antes de que ingresara la fiscal del caso. ¿Se borraron pruebas cruciales? Puede ser. Sería bueno que algún día Sergio Berni explicara qué hacía en el departamento de Nisman con toda esa gente. En los meses siguientes el pueblo asistió pasivamente a un grotesco espectáculo protagonizado por la viuda del fiscal, su señora madre, un sinnúmero de peritos forenses, la gendarmería, el poder mediático y, obviamente, el poder político. Era evidente que nadie, salvo las atribuladas hijas de Nisman, quería que se supiera la verdad.

 

Todo fue tan confuso que luego de seis años del trágico hecho la opinión pública no tiene la menor idea de lo que sucedió en el departamento de Nisman aquel 18 de enero de 2015. Las preguntas que todos nos venimos formulando desde entonces son numerosas. Por ejemplo: ¿cómo es posible que durante gran parte de la mañana de aquel domingo 18 los custodios brillaran por su ausencia?, ¿hubo zona liberada?, ¿qué hicieron con el cuerpo del fiscal las personas que ingresaron al departamento mucho antes de que lo hiciera la fiscal del caso?, ¿lo tocaron o no?, ¿qué pasó con el cuerpo carbonizado aparecido días después en las adyacencias del edificio donde vivía Nisman?, ¿Diego Lagomarsino-aparentemente el último en estar junto al fiscal-tuvo algo que ver con el tenebroso hecho?, ¿tiene razón Alberto Fernández cuando acusó a Cristina de encubrir a los iraníes?

 

Quienes afirman que Nisman se suicidó sostienen que el fiscal tomó esa drástica decisión porque en las horas posteriores a su participación en “A dos voces” se dio cuenta de que, al carecer de los elementos probatorios necesarios que sustentaran semejante denuncia, el tsunami que había provocado terminaría sepultándolo. Quienes sostienen que Nisman fue asesinado afirman sin rodeos que había quienes debían sí o sí impedir que Nisman hablara hasta por los codos en la sesión parlamentaria del lunes 19. Aunque jamás lo afirmaran de manera tajante siempre dieron a entender que Cristina había sido la autora intelectual del magnicidio. Quienes avalan la hipótesis del suicidio afirman que la actuación de Nisman como fiscal de la causa AMIA dejó mucho que desear, que malgastaba el dinero que recibía del Estado, que se la pasaba viajando rodeado de hermosas mujeres, que no había sido más que un instrumento de los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel. Quienes avalan la hipótesis del asesinato consideran que Nisman pasará a la historia como un mártir, como un fiscal que dio su vida por el esclarecimiento del atentado a la AMIA, que Cristina debe ser condenada porque ordenó su ejecución.

 

¿Cuál de las hipótesis es la verdadera? La muerte de Nisman se ha politizado de tal manera que probablemente jamás sepamos qué fue lo que realmente pasó con el malogrado fiscal. La impunidad, una vez más, se saldrá con la suya.

 

Un ejemplo de virtud republicana

 

Hoy, lunes 18 de enero, se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Arturo Humberto Illia, quien fuera presidente de la nación durante un período altamente complejo de nuestra historia contemporánea. El 18 de enero de 1983 su corazón dijo basta. La democracia como filosofía de vida lo sigue llorando.

 

Illia fue un dirigente radical y médico oriundo de la localidad cordobesa de Cruz del Eje. De una honestidad acrisolada este emblema del radicalismo alineado con Ricardo Balbín asumió como presidente de la nación el 12 de octubre de 1963. La situación del país era extremadamente delicada. En marzo de 1962 las Fuerzas Armadas habían derrocado a Arturo Frondizi reemplazándolo por el doctor Guido, un civil que no hizo otra cosa que legitimar el feroz antiperonismo del poder castrense. A raíz de ello el peronismo nuevamente fue proscripto, condición sine qua non para que los militares toleraran un nuevo proceso electoral que desembocaría en el triunfo de la UCRP.

 

Este escenario condicionó fuertemente a Arturo Illia. Sin embargo, soportó con gran estoicismo el plan de lucha ejecutado por una CGT que no estaba dispuesta a tolerar que Illia finalizara su mandato. Sin embargo, en ningún momento Illia se valió del aparato represivo para garantizar el orden. Su constante defensa en cada uno de sus discursos de la democracia como filosofía de vida fue insuficiente para contener el aluvión golpista que se le vino encima. La mencionada CGT, la Iglesia, las grandes corporaciones y la prensa conspiraron desde el inicio contra la estabilidad de un gobierno que jamás atentó contra las libertades y garantías individuales.

 

Illia cayó el 28 de junio de 1966. Fue sacado a empujones de la Casa Rosada por una turba. Inmediatamente regresó a su hogar natal para continuar trabajando como médico. Se fue del gobierno tan pobre como cuando ingresó. Jamás necesitó de ningún tipo de protección especial para caminar por la calle. Jamás pudo ser acusado de algo turbio por una simple y contundente razón: no se robó un centavo.

 

Seguramente su gobierno lejos estuvo de ser perfecto. Como cualquier mortal Arturo Illia seguramente cometió errores durante su mandato. Pero su culto a la virtud republicana hizo que pasara a la historia como uno de los presidentes que más honraron el ejercicio de la política.

 

A continuación me tomo el atrevimiento de transcribir un artículo escrito por Jorge Castañeda titulado “La democracia según Arturo Illia” (Agencia Digital de Noticias-5/12/015).

 

Estamos en tiempos de recambio institucional. Momento oportuno para la reflexión serena dejando las pasiones de lado y preservando esta democracia que tanto nos ha costado conseguir.

Uno de los mayores demócratas de nuestro país, el Dr. Arturo Humberto Illia, dejó vertidas para la historia sus definiciones políticas en torno a la democracia y la vida institucional de los pueblos, que por la riqueza de su pensamiento merece ser reproducido en forma completa:

“No hay sociedades ideales. No hay organización permanente. El cambio es continuo. En una sociedad, nada es inexorable. Lo que llamamos leyes sociales, son normas mutables. Hasta la ley suprema puede cambiar”.

“La sociedad es transformación permanente. Una organización social es perecedera y sólo podemos extender su existencia si la adecuamos a los cambios. Lo que fue revolucionario ayer, hoy ya no lo es. Porque, en definitiva, ¿qué es la revolución? Es un modo de adaptarse a una realidad nueva, que también va a cambiar, obligándonos a nuevas adaptaciones”.

“La adaptación no sólo requiere el deseo de adecuarse, sino un orden, un método. La democracia es el ordenamiento más congruente con la paz, y es en la paz donde se multiplican los logros del intelecto, y las posibilidades de incorporar esos logros a la vida de todos”.

“Para organizar un pueblo en democracia se necesitan partidos políticos. Hay que hacerlos con mucho sacrificio, desafiando inevitables vicisitudes, y de abajo hacia arriba, por hombres y mujeres que se dejen acerar el espíritu. Un partido político debe ser hecho, también, con los errores propios. Los fracasos son, a veces, los que más importan. Se aprende más del error que del éxito”.

“Un partido político debe defender, en lugar de los intereses de un sector, el interés de tantos sectores como sea posible. Eso que llaman el interés general”.

“Un partido político debe recordar, asimismo, que si se dedica a mantener artificialmente algo que ha sido superado, deja de ser actor. Se convierte en un defensor de hechos o doctrinas del pasado”.

“Un partido político debe entender que hoy, lo revolucionario no es el arma, no es la sangre. La revolución está en el laboratorio. El cambio está en la mano de los investigadores”.

“Un partido político tiene que enseñar a desconfiar de una democracia donde el Presidente de la Nación es el personaje más importante del país. Hay que desconfiar de una democracia donde el Presidente dice lo que se le antoja. O donde el Presidente afirma todos los días que va a hacer la felicidad del pueblo, que va a resolver, él, todos los problemas de los argentinos. La democracia no se compadece con el que pide confianza en él, , en su capacidad o en la supuesta ayuda que recibirá para solucionar, personalmente, los problemas de la República”.

“En una democracia, es necesario descentralizar las responsabilidades del Ejecutivo. Aumentar los poderes de las provincias. Aumentar los poderes de los municipios. Dar más oportunidades de participación”.

“En una democracia, sin embargo, el Poder Judicial debe ser más importante que el Ejecutivo. En una democracia moderna, los partidos deben ser pilares del sistema, pero los personajes centrales no deben ser los políticos. Para la economía, no hay personajes más importantes que los investigadores (los científicos, los técnicos) y los planificadores. Desde el punto de vista político, como garantes de la democracia, los actores principales, son los jueces”.

“El Estado no debe estar al servicio de sí mismo, sino de la Nación. Para esto, el Estado debe abrir las puertas de nuestra economía. La Nación debe beneficiarse de la capacidad de realización que existe aquí mismo, dentro de la República, y de lo que venga de otras partes del mundo trayéndonos el cambio, introduciéndonos en una nueva civilización que hoy está formándose”.

“A menudo se plantea la discusión entre estatismo y empresa privada. Se discute el rol del Estado. Unos creen que el Estado debe hacerlo todo y otros que no debe hacer nada. En realidad, no hay razón para pensar que el estatismo o el liberalismo económico vayan a resolver nuestros problemas. Estos problemas no se resuelven con dogmatismos”.

“El Estado no tiene por qué hacerlo todo. El gobierno no debe controlar todo el país. Debe sí, ejercer cierto control para evitar una organización no funcional de la economía, y debe también, ejercer cierto control sobre el futuro, sobre el planeamiento. Pero para esto, el gobierno tiene que estar, a su vez, controlado por la Justicia”.

“Una organización funcional de la economía es aquella que, no por generosidad, no por compasión, procura sustentar e incrementar el poder de compra de la mayoría. No se va a desarrollar ninguna industria, no se va a estabilizar la economía, si 80 o 90 por ciento de la población no aumenta su poder de compra”.

“En esta nueva era, en la que se planifican continentes, nosotros no podemos pensar sólo en la Argentina, como Nación. Debemos pensar en Argentina como parte de Latinoamérica. Crear una zona de libre comercio libre, sobre la base gobiernos democráticos. Esta no es épocas de improvisaciones. La Argentina necesita de gobiernos que comprendan lo que ocurre en el mundo, y que no improvisen. No hay tiempo que perder”.

“No pensemos que hay gente conspirando, constantemente, contra la Argentina. No estemos siempre a la defensiva. No es cierto que el mundo tenga sus ojos puestos en la Argentina, esperando el momento de arrebatarnos nuestras riquezas. Los de afuera sólo pueden interferir en nuestros asuntos si tienen, dentro, quién los abra las puertas para eso. Si somos capaces de proteger el interés nacional, si tenemos gobiernos resueltos a esa protección, nadie puede imponernos sus puntos de vista. Dejémonos de prevenciones y suspicacias. Alejemos el temor a las ideas. Estudiemos la época que vivimos. Los fantasmas se ahuyentan con la acción”.

“Todos somos culpables y, cuando todos son culpables, nadie lo es. Esta Argentina no es el país que queremos. Cada uno de nosotros ha arrojado, por lo menos, una piedra para destruir lo que tuvimos y lo que pudimos tener. En este punto, todos somos indemnes”.

No perdamos esta oportunidad. No le tengamos miedo a la ley, que es la única autoridad no autoritaria. No tengamos miedo entre nosotros. Luchemos, yo no digo con generosidad: luchemos con sentido de responsabilidad. No nos quedemos con odios. No son buenos, ni el odio ni el temor. Hagamos política. Valientemente, si cabe la palabra. Creo que de esa manera podremos marchar”.

 

Gildo Insfran y el imperio de la hipocresía

 

Gildo Insfran, histórico dirigente del justicialismo formoseño, asumió por primera vez como gobernador el 10 de diciembre de 1995. Era el momento de apogeo de Carlos Menem, quien había obtenido la reelección en mayo. A partir de entonces, reforma constitucional mediante, Insfran fue elegido en las elecciones de 1999, 2003, 2007, 2011, 2015 y 2019. Ello significa que vio pasar por la Casa Rosada a Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Estamos hablando de un cuarto de siglo en el poder, de un gobernante eterno que ha hecho del poder una cuestión de fe.

 

Insfran es el típico cuadillo que se maneja como un patrón de estancia. En su concepción política Formosa no es una provincia sino una gigantesca estancia donde ejerce el poder sin limitación alguna. En la provincia norteña hay dos clases de personas: por un lado, los miembros de la oligarquía y los secuaces de Insfran; por el otro, la inmensa mayoría de los formoseños, condenados a sobrevivir. Esa mayoría no es libre. Al predominar el empleo público y los planes sociales, los formoseños no tienen más remedio que rendirle pleitesía al patrón de estancia. Es la única manera de no transformarse en muertos civiles. La libertad de expresión brilla por su ausencia. ¿Alguien puede suponer que Insfran permitiría críticas a su gestión desde los medios oficiales? Puede suceder que algún periodista de una remota FM se atreva a criticarlo, pero su nula repercusión ni cosquillas le hace. Es cierto que existe una oposición pero sus chances de victoria en las elecciones es inexistente. Insfran ha edificado una fuerza política hegemónica similar al PRI mexicano que permitía a la oposición “competir” para salvar las apariencias. ¿Cómo pueden tildar de dictador a Insfran, braman sus defensores, si es gobernador gracias al voto popular? Es cierto que la inmensa mayoría lo vota pero sería tremendo no reconocer que ningún empleado público y ningún beneficiario de algún plan social se atreverían a votar en su contra. La gente vota con miedo, presionada por un gobierno que no admite “traiciones”.

 

Hace 25 años que Insfran gobierna de esa forma. Cuesta creer que los sucesivos presidentes que tuvo el país a partir de 1995 no supieran que en Formosa la democracia brilla por su ausencia. Por supuesto que eran perfectamente conscientes de ello pero siempre primó la política de buena vecindad. De repente, casi como por arte de magia, la oposición nucleada en torno a JpC se despabiló y comenzó a darse cuenta de que en Formosa se violan los derechos humanos. Esta reacción “republicana” se debió a la decisión de Insfran de confinar en lugares insalubres a aquellas personas enfermas de Covid-19 o sospechadas de estar infectadas. Las denuncias, fogoneadas fundamentalmente por Clarín, La Nación y los canales de cable afines al multimedios, comenzaron a expandirse como reguero de pólvora. ¿Se trató efectivamente de una sincera reivindicación de la democracia como filosofía de vida, del derecho de los formoseños a ser considerados personas, sujetos de derechos? Lamentablemente, lo que está primando en la oposición es un mero oportunismo político. Conscientes de que se trata de un asunto delicado sus máximos referentes vienen machacando desde hace varias semanas con la sistemática violación de los derechos humanos en Formosa. Pero lo que se proponen no es reivindicar los derechos pisoteados por Insfran sino pura y exclusivamente horadar la imagen del gobernador y, conscientes del apoyo que le brindaría Alberto Fernández, efectuar por elevación un disparo al gobierno nacional.

 

La reacción presidencial y del peronismo fue de manual. Salieron con los tapones de punta a defender a Insfran quien, al fin y al cabo, es un peronista y como lo sentenció Perón “el peor de los nuestros es preferible al mejor de ellos”. Alberto Fernández y los máximos referentes del PJ saben muy bien lo que sucede en Formosa, que Insfran es un caudillo sin moral, que los formoseños están a su merced. Pero decidieron ignorar la cruda realidad porque imperó en ellos la “real politik” o, si se prefiere, el maquiavelismo químicamente puro. Emerge en toda su magnitud el error táctico cometido por la oposición. Lo único que consiguió con sus denuncias fue unir al peronismo en torno a la figura de Insfran y ya se sabe que cuando el peronismo se une es invencible. Una vez más quedó en evidencia de lo que es capaz el justicialismo cuando lo que está en juego es el poder. El clásico principio “el fin justifica los medios” alcanza su máximo esplendor. Hoy apoyan a Insfran como lo harían con cada gobernador peronista, por más inmoral que sea, en problemas. 2021 es un año electoral y el gobierno, en consecuencia, se juega su futuro. Y cuando el peronismo se juega su futuro es capaz de ejecutar cualquier movida, por más vil y hedionda que sea.

 

 

La ideologización de los derechos humanos

 

El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de la ONU dio a conocer un documento fundamental: la declaración universal de los Derechos humanos. He aquí su articulado.

 

Artículo 1 Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2 Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3 Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 4 Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5 Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 6 Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.

Artículo 7 Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Artículo 8 Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo, ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

Artículo 9 Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

 Artículo 10 Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.

Artículo 11 1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.  2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.

 Artículo 12 Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Artículo 13 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país.

Artículo 14 1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. 2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas. Artículo 15 1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. 2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

Artículo 16 1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio. 2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio. 3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Artículo 17 1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente. 2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.

Artículo 18 Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Artículo 19 Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 20 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas. 2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación. Artículo 21 1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos. 2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país. 3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.

Artículo 22 Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Artículo 23 1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo. 2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual. 3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social. 4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Artículo 24 Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

Artículo 25 1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. 2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.

Artículo 26 1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos. 2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz. 3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

Artículo 27 1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten. 2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

Artículo 28 Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.

Artículo 29 1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad. 2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática. 3. Estos derechos y libertades no podrán en ningún caso ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

 

He aquí, en esencia, el liberalismo filosófico y jurídico. Toda persona, por el hecho de serlo, tiene derecho a que el poder la respete, la considere como tal. Ningún gobierno, sea de derecha, de izquierda, del centro o lo que fuere, puede violar los derechos humanos. Si lo hace ingresa en la ilegitimidad, por más que haya sido elegido por el pueblo. Lamentablemente, son muchos los que, fanatizados por una ideología, sólo condenan a aquellos gobiernos violadores de los derechos humanos pero que profesan la misma ideología. El caso más notable es la Cuba castrista. Desde que Fidel Castro se adueñó de la isla en 1959 ha violado sistemáticamente los derechos humanos. La libertad de prensa, por ejemplo, no existe. Ni qué hablar del derecho a criticar los actos de gobierno. Sin embargo, los defensores del castrismo desparramados por el mundo jamás osaron criticarlo. Incluso organismos que han enarbolado la defensa de los derechos humanos, como las Madres de Plaza de Mayo, no se han cansado de alabar al histórico comandante. Para Hebe de Bonafini, Estela Carlotto y compañía, el régimen de Castro es el más fiel exponente del paraíso socialista. En consecuencia, todo lo que hizo Fidel Castro fue legítimo, incluidas las violaciones de los derechos humanos. Para estas dirigentes sólo son condenables las violaciones de los derechos humanos cometidas por gobiernos que están en las antípodas de sus preferencias ideológicas, es decir, por gobiernos de derecha o de ultra derecha. Cabe destacar que los gobiernos denunciados por las Madres efectivamente han violado los derechos humanos. La última dictadura militar es el ejemplo más dramático. Lo notable, reitero, es que el régimen castrista nunca mereció ninguna condena de parte de las Madres, tan violador de los derechos humanos como la dictadura militar.

 

Estamos en presencia de un ejemplo notable de ideologización de los derechos humanos. Si el gobierno A coincide con la ideología que profesamos, debe ser defendido hasta las últimas consecuencias, aunque viole los derechos humanos. En cambio, si el gobierno B no coincide con nuestra ideología y viola los derechos humanos, merece la condena eterna. El problema es que tanto el gobierno A como el gobierno B son deleznables porque violan sistemáticamente los derechos humanos. Impedir a la ciudadanía expresarse libremente deslegitima tanto al gobierno de izquierda como al gobierno de derecha. Otro caso notable es el de la dictadura de Nicolás Maduro. En Venezuela se violan sistemáticamente los derechos humanos. Sin embargo, el kirchnerismo se ha negado sistemáticamente a condenar a Maduro. ¿Por qué? Por razones ideológicas. Es cierto que Maduro viola los derechos humanos, razona el kirchnerismo, pero Maduro es de los nuestros. Si lo condenamos le estaremos haciendo el juego a la derecha.

 

En las últimas horas la oposición, en una clara actitud electoralista, se aprovechó de algunas denuncias efectuadas contra el gobernador Insfrán de violar los derechos humanos en la lucha contra la pandemia, para acusarlo de haber violado sistemáticamente los derechos humanos desde que se adueñó de la provincia en 1995. La reacción del gobierno nacional fue de manual. Salió a defender a Insfrán porque es peronista, pese a la validez de las denuncias de la oposición. Una vez más, primó la cuestión ideológica. Todo el mundo sabe que en Formosa, como en la mayoría de las provincias, impera un régimen caudillista, autoritario e inmoral. Los formoseños no son libres, no son considerados por Insfrán sujetos de derecho. Sin embargo, el kirchnerismo jamás lo condenó. Al que sí condenó-y con razón-es a otro caudillo autoritario y venal como el gobernador de Jujuy quien metió presa a Milagro Sala por razones políticas. Pero el gobernador de Jujuy es radical mientras que Insfrán es peronista. En consecuencia, las violaciones a los derechos humanos cometidas por Gerardo Morales merecen ser condenadas pero no las cometidas por Insfrán.

 

Cada violación de los derechos humanos debe ser condenada. Gobernante que encarcela a alguien porque le desagrada su postura política es un dictador. No importa que sea un progresista o un neoliberal, un radical o un peronista. Una vez Cordel Hull, Secretario de Estado de Roosevelt, se refirió de esta forma a Anastasio Tacho Somoza, dictador de Nicaragua: “puede ser que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Era un aliado, un “amigo”. En consecuencia, se le perdonaba todo, incluidas las violaciones a los derechos humanos. Consciente o inconscientemente, Hull hizo escuela.

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