La columna internacional de Eduardo Febbro
La tercera ola del coronavirus
cae sobre Francia (*)
La jaula del virus
volvió a caer sobre la sociedad francesa. El pico más alto de la
segunda ola fue sobrepasado por la tercera ola en los servicios de reanimación
sin que el Ejecutivo haya tomado las medidas que la comunidad científica exige
ni corregido, hasta ahora, la estrategia de no confinar al país defendida
desde finales de enero. La pandemia está fuera de control en varias regiones,
incluida la capital francesa y los suburbios, los hospitales están atorados,
las escuelas cierran y el gobierno y la presidencia avanzan con una postura que
una gran mayoría considera incomprensible.
El país se hace la misma
pregunta que la primera plana del matutino Libération. Junto a una
foto del presidente Emmanuel Macron sentado con los brazos cruzados, el diario
escribe “¿Qué está esperando ?. El pasado 25 de marzo, en el curso de una
conferencia de prensa, Macron dijo: ” tuvimos razón en no confinar a Francia a
finales del mes de enero porque no se produjo la explosión que los modelos
habían previsto. Por consiguiente, les puedo confirmar que no tengo que
expresar ningún mea culpa, ni ningún remordimiento, ni aceptar ningún fracaso”.
Los modelos, sin embargo, fallaron. En enero y en contra de lo que se
esperaba, el jefe del Estado decidió no implementar un tercer confinamiento de
Francia. Disponía de una modelización alentadora y optó por otras
medidas como el toque de queda y confinamientos a escala regional. Todos los
intentos por frenar la propagación de la epidemia fallaron.
Este martes 30 de marzo
hay 5.000 pacientes “en cuidados críticos” en los hospitales, una cifra a la
que se llega por primera vez desde abril de 2020. El lunes 29 de marzo se
superó el techo de 4.900 registrados en noviembre de 2020. Aún se está lejos de
los 7.000 pacientes en reanimación de abril de 2020, pero los hospitales ya se
preparan para lo peor, tanto más cuanto que el ritmo de las hospitalizaciones
en los servicios de reanimación es muy elevado con 569 pacientes en las últimas
24 horas, una cifra inédita desde hace un año. El total de personas
internadas se eleva a 28.510.
Desde hace diez días se
reforzaron las medidas, especialmente en la capital francesa y otros 18
departamentos. La pandemia puede con todo y es incluso persistente pese
a la campaña de vacunación actualmente en curso. Para este miércoles
31 de marzo se esperan nuevas decisiones al cabo del consejo de defensa que se
celebra cada semana y que sirve como plataforma para implementar restricciones
suplementarias. Todas las opciones están sobre la mesa, incluida la de
un nuevo confinamiento nacional como el de marzo del año pasado hasta el cierre
de las escuelas, en donde han explotado focos inesperados de contaminación.
El verano se aproxima y la posibilidad de que sea un verano a puertas cerradas,
sin posibilidad de desplazarse entre las regiones, se hace cada vez más
presente. El comité científico que asesora a la presidencia, partidario desde
hace meses de un confinamiento estricto, alega que “la intensidad y la naturaleza
de las medidas de control en curso durante los próximos dos meses (abril y
mayo) serán un elemento clave para anticipar el estado de la pandemia en junio
de 2021. El 20 de marzo se reforzó el toque de queda con medidas de freno de un
tipo nuevo, pero su efecto sigue siendo incierto”.
Francia se prepara en
los próximos días a un posible tercer confinamiento como una suerte de
pasaporte hacia la libertad durante junio, julio y agosto. Sin embargo, como lo
dijo hace dos semanas Macron, ”el virus es el amo del tiempo”. La comunidad
médica y científica no entiende la estrategia del gobierno. En una carta
dirigida al mandatario francés y firmada por el presiente del Consejo Nacional
de
Al mandatario y al primer
ministro, Jean Castex, les llueven las críticas, las acusaciones de inmovilismo
y de haber gestionado la crisis con la lupa política y no sanitaria y no haber tenido
la valentía de reconfinar al país para evitar lo que está pasando. La
fatiga moral y anímica que azota a la sociedad se percibe en cada rostro de la
capital francesa. Cambios de horarios, toques de queda, restricciones
en los desplazamientos, teletrabajo, comercios cerrados, noches vacías y una
campaña de vacunación muy lenta no esbozan un horizonte vivo. Todo resulta
pesado, angustioso, improbable e infinito. Macron continúa firme en su política
consistente en vacunar “mañana, tarde y noche”. No obstante, los hospitales
están sobrecargados y la gente sigue muriendo por el mismo virus que irrumpió
hace un año (más de 80.000 muertos hasta ahora).
Macron atraviesa un
momento crítico. Su mayoría en
(*) Página/12,
31/3/021

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