La columna política de Joaquín Morales Solá
Las víctimas del fanatismo (*)
La batalla judicial
que plantea el cristinismo apunta en última instancia a presionar para que se
vayan los jueces y fiscales independientes y nombrar en su lugar a militantes;
la paradoja de Rafecas
La única ventaja del kirchnerismo
es que va dejando pruebas de sus intenciones. El último ejemplo fue la decisión
anunciada por el diputado ultracristinista Rodolfo Tailhade de pedir la
declaración jurada patrimonial de 25 fiscales. Muchos de ellos investigaron o
acusaron al kirchnerismo (sobre todo a Cristina Kirchner, a sus hijos y a los
empresarios Lázaro Báez y Cristóbal López, muy cercanos a la poderosa familia
política) de prácticas corruptas durante los mandatos de la expresidenta.
Resulta que las declaraciones juradas de los fiscales son públicas; inclusive,
los periodistas suelen acceder todos los años a esos informes -y los publican-
sin ningún obstáculo. Resaltan en esa lista los nombres de los fiscales Carlos
Stornelli y Carlos Rívolo, este último presidente de
Si el pedido de Tailhade no significa nada en la realidad de
los hechos, tuvo, sí, la sinceridad de delatar quiénes son los fiscales amigos
si bien se mira a los que omite. Una de ellas es la fiscal Paloma Ochoa,
simpatizante de la agrupación cristinista Justicia Legítima, e incansable en la
tarea de investigar los supuestos delitos en la época de Mauricio Macri. El
otro ausente de la lista es el fiscal Franco Picardi, exfuncionario del
Ministerio de Justicia en tiempos de Cristina Kirchner y también allegado a
Justicia Legitima, quien acaba de pedirle a la jueza María Eugenia Capuchetti
que ordene la entrega de todos los registros de ingresos a
Por el contrario, fiscales que trabajaron sensatamente
(algunos a pesar de sus convicciones políticas) están siendo maltratados por
los medios que responden al cristinismo, sobre todo por los que son propiedad
del empresario Cristóbal López y de su socio Fabián de Sousa. Entre ellos
figuran el fiscal Abel Córdoba, que llevó adelante la acusación en el juicio
oral a Lázaro Báez por el lavado de 60 millones de dólares. Dos jueces, de los
tres que integran el tribunal, aseguraron que ese dinero provenía de los
contratos para construir obra pública en tiempos del kirchnerismo. Báez fue
condenado a la pena máxima por ese delito. Los fundamentos del fallo no se
conocen aún, pero fuentes judiciales aseguran que serán explosivos contra el
empresario santacruceño y sus benefactores nacionales, los dos presidentes
Kirchner. Otra fiscal vapuleada por los medios cristinistas es Cecilia
Incardona, que llevó adelante la investigación en Lomas de Zamora por el
presunto espionaje ilegal en tiempos de Macri. Como consecuencia de esa
investigación resultaron procesados los exjefes de
La estrategia de promover la fatiga moral de los fiscales
que no son propios tiene un caso emblemático en quien es, precisamente, el jefe
de los fiscales, Eduardo Casal. El ministro Soria dijo en sus primeras
declaraciones después de asumir el cargo que la situación de Casal era
“insostenible” porque hace tres años que ocupaba interinamente ese cargo, que
lleva el nombre formal de procurador general de
Algunos exponentes de la oposición señalan ahora que Rafecas
contaría con los dos tercios de los votos que aportaría Juntos por el Cambio.
Sin embargo, la nominación de Rafecas debe pasar primero por el trámite de las
audiencias públicas (que pueden hacerse de manera telemática) y luego por la
aprobación de la comisión de Acuerdos. Cristina no movió ese expediente desde
que ingresó a la mesa de entradas del Senado. ¿No lo quiere? Si fuera así,
debería decirlo. En cambio, propone una modificación de la ley del Ministerio
Pública, que regula la función de los fiscales, por la que se eliminan los dos
tercios y se establece que la aprobación senatorial del jefe de los fiscales
necesitará solo de mayoría simple. Su candidato in pectore es el exsenador
Marcelo Fuentes, un incondicional de la expresidenta. Ella lo llevó a Fuentes
al poderoso cargo de secretario parlamentario del Senado cuando este cumplió su
mandato como senador y no obtuvo la reelección.
El problema no es Casal, entonces. El problema es que el
oficialismo no se pone de acuerdo si quiere a Rafecas con los dos tercios de
los votos (número que el propio Rafecas puso como condición para aceptar el
cargo) o si prefiere al militante Fuentes con mayoría simple. En rigor, en
lugar de hablar de Casal, que está ahí porque su larga carrera judicial lo
colocó en ese lugar, Soria debería hablar de Rafecas. Debería tratar de
conseguir los votos que necesita en el Senado si se respetara la voluntad
explícita del presidente de
(*) Notiar.com.ar,
31/3/021

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