La columna política de Eduardo van der Kooy
El Gobierno sigue enredado en el enorme desorden de su
política sanitaria (*)
Ante la posible llegada de la tercera ola de coronavirus, se
improvisa con un cepo a los vuelos. Las fronteras más allá de Ezeiza y el plan
de vacunación con dosis guardadas y la evidencia de que Rusia no podrá cumplir
con lo pactado.
La pandemia, que sigue a
amenazando con nuevas olas (ahora la mutación Delta del Covid), está desnudando
contrasentidos en el gobierno de Alberto y Cristina Fernández. También la
esterilidad de la gestión para capitalizar la experiencia que ha dejado en el
mundo y
En la última semana el estrés del sistema sanitario en el
país y en el AMBA viene en descenso. No es, para nada, una tendencia
definitiva. Pero lo ocupación promedio de las camas de terapia intensiva
(globales y en el conglomerado de
Sin embargo, en medio de la perseverante emergencia, aquel
sistema fue lo único puesto en el debate público por la voz oficial. La
vicepresidenta y el Instituto Patria promueven una nueva articulación entre la
salud pública, la privada y las obras sociales. Queriendo recuperar “la
gobernanza” del sistema de salud bajo la estricta rectoría del Estado.
La discusión, apaciguada sólo en parte por condicionamientos
de la campaña electoral, se produce en momento en que la salud privada mantiene
un planteo en
Aquel afán de debate oficial, en cambio, emerge ausente en
otros campos cruciales para hacer frente a la pandemia. Uno es el de la
provisión de vacunas y la campaña de inmunización. El otro, sobre las
decisiones convenientes para afrontar la tercera ola inevitable. Que
públicamente admitieron el ministro de Salud de
Quizás Cristina, si fuera otra, debería replantear la
alharaca política que hizo en su anteúltima aparición pública, cuando subrayó
el gran éxito de los convenios suscriptos por
Está claro que Moscú no ha podido cumplir, por deficiencias
propias, con los convenios suscriptos con nuestro país. Ningún funcionario lo
dirá públicamente. El kirchnerismo no toleraría semejante herejía política. La
admisión de Carla Vizzotti, ministro de Salud, acerca de que está en
consideración la utilización de la vacuna canadiense-china CanSino para
reemplazar la segunda dosis de
Esa realidad no podría ser enmascarada ni siquiera por el
relato K. Se batió el parche con la llegada inminente de segunda dosis de
Otra faceta inexplicable de la estrategia del Gobierno
radica en el ritmo de la campaña de vacunación. De acuerdo con los números
oficiales, continúa existiendo una brecha de casi 4 millones de vacunas
disponibles que no se inoculan. Nadie explica las razones. Habrá que buscarlas
en la centralización del dispositivo que, por motivos políticos, dispuso el
Gobierno. En la ineficacia de tal determinación.
Ese vacío significaría casi un atentado sanitario. También
una indolencia ante la permanencia de la segunda ola del COVID y la amenaza de
una tercera que el mundo está demostrando que se puede mitigar de un solo modo:
con vacunaciones masivas completas. Con las dos dosis que exigen todas las
vacunas, a excepción de
Más improvisaciones
El Gobierno sigue, entonces, recurriendo a improvisaciones
para intentar compensar el principal déficit. La mira ha sido colocada de nuevo
sobre los argentinos que viajaron al exterior. Un gesto que, con malos
resultados, primó el año pasado. Un detalle de la chapucería: recién en marzo
de este año se habilitó en Ezeiza un centro de testeo para los viajeros que
arriban. Al poco tiempo fue denunciada la incompetencia del laboratorio
instalado en el aeropuerto. Pertenecía a dos personas, sin experiencia, que
figuraban como monotributistas. Se cambió, hace poco, por otro de mayor
renombre.
Las autoridades supondrían que con el control de los viajeros
que llegan del exterior se demoraría o bloquearía el ingreso de la tercera ola
empujada por la cepa Delta. Para concederle mayor volumen a la decisión se
anunciaron medidas complementarias. Axel Kicillof, por ejemplo, comunicó que
los bonaerenses que regresen del exterior deberán hacer un aislamiento
obligatorio de cuatro días en un hotel. Otra semana en su domicilio. Anunció
para quienes no lo cumplan denuncias penales y multas de hasta $4 millones.
De nuevo la simplificación.
Ezeiza no parece ser tampoco el foco mayor del problema.
Nuestro país no es una isla. Sus fronteras, se sabe, son extremadamente
porosas. Sobre todo, aquellas que separan a nuestro país de Bolivia, Paraguay y
Brasil. En todas, los controles existen únicamente sobre los pasos oficiales.
Cerrados en pandemia. Los alternativos son de libre tránsito. Sin el menor
cuidado sanitario. La llamada Triple Frontera (Iguazú, Foz en Brasil, Ciudad
del Este en Paraguay) se asemeja, en ese aspecto, a una romería cotidiana.
(*)
Notiar.com.ar, 30/6/021

Comentarios
Publicar un comentario