Picada de noticias en el recuerdo

 


Un nuevo acto de fe

El arte de ofrecer esperanzas (por segunda vez) (*)

Aquel 11 de diciembre de 2015 Mauricio Macri vestía camisa celeste y pantalón claro, y parado en la autopista Pilar-Pergamino, aseguraba:“Ante todo se trata de cuidar a los argentinos”. En su primer día como presidente y todavía cargado con la impronta de la campaña electoral, prometía “terminar toda la autovía que hace 15 años espera”.

Ayer el Presidente también vistió camisa celeste (esta vez con saco azul) y acompañado por María Eugenia Vidal recorrió (no inauguró) obras en el río Salado. Con el viento de frente, aseguró: “Estas obras son la base para construir ese país que todos queremos...”.

Las escenas (operarios, paisaje de obra) tienen tantas similitudes que podría intentarse el juego de las siete diferencias. Pero está claro que no son idénticas. Algunas cosas cambiaron. La más importante no es menor: pasaron casi cuatro años de gestión. La pregunta, entonces, sería: ¿qué novedad discursiva puede ofrecer Macri en esta campaña? ¿Cuáles son las palabras para contar lo hecho durante su presidencia? Parte de la respuesta la dio este lunes el propio presidente: “hoy ya tenemos una economía que empieza a acomodarse”.

Más allá de lo acertado o no de sus dichos, está claro que no parece suficiente. La formulación “empieza a acomodarse” lleva una deuda implícita. Es más apropiada para un comienzo de gestión que para la recta final de su último año. Es decir, el eje del discurso de Macri en su camino a la reelección, al menos en estos días (aseguran que en el segundo semestre llegará una ola de inauguraciones) no es diferente al de su primera campaña: ofrecer la esperanza de un cambio todavía pendiente.

Pero si ya pasó gran parte de su presidencia, ¿por qué la promesa podría funcionar? La respuesta no es un secreto: la necesidad de esa ilusión es tan fuerte como el miedo de un posible regreso kirchnerista. Sin Cristina enfrente a Macri se lo evaluaría sólo por sus resultados. Lo saben el Presidente y el Gobierno. De ahí la necesidad de Cristina candidata.

La mención a la ex presidenta sirve para pensar de qué hablará si decide su candidatura. Su estrategia inicial también es visible: primero victimizarse con la persecución judicial; luego apuntar a un punto sensible de la economía, la pérdida de la capacidad de consumo y la suba de tarifas.

Cristina deberá hacer magia para hablar de precios sin mencionar la palabra inflación, notorio fracaso de su etapa. Por eso ayer criticó en Twitter “la suba de los útiles escolares, las facturas de luz, gas y agua, las cuotas de las prepagas”. Tendrá que ser quirúrgica en su lenguaje, y aún así ofrecerá flancos en su gestión que van más allá de la corrupción.

La campaña obliga a renovar esperanzas. Lo sabe Durán Barba y lo evidencia el polémico video subido a Instagram de la gobernadora Vidal junto a una mujer “pobre”, según propia definición. La charla, a la que con torpeza intentó presentarse como no guionada, muestra detalles que pueden ser claves en la comunicación oficial hacia octubre.

Es la mujer -y no Vidal- la que habla. La que dice: “Al pobre díganle, mirá, va a pasar esto y esto, pero sabés que al final tus hijos y tus nietos van a estar mejor” (…) Es la mujer -y no Vidal- la que sigue: “Hace cuatro años que vivo en un país que es realista (…) yo creo en ustedes. Sé que van a lograr que mis nietos no tengan que preocuparse por el desayuno. Tengo fe y esperanzas en ustedes… y no las perdí… “. Vidal sólo acompaña en silencio, y a final dice: "Yo creo en vos". Que el candidato crea en el votante, y no el votante en el candidato, define la realidad pre-electoral y lo que el Gobierno por ahora reclama de sus seguidores: un nuevo acto de fe. 

(*) Gonzalo Abascal, Clarín, 26/2/019.

 

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