La columna internacional de Jorge Elbaum
En las dos últimas
semanas, el Departamento de Estado desplegó un ambicioso programa de persuasión
extorsiva sobre los países ubicados en el llamado “hemisferio occidental”, con
el objetivo de limitar sus vínculos comerciales y de cooperación con Moscú y
Beijing. Los modelos de proximidad desplegados en América Latina y el Caribe
ofrecen un amplio menú de alternativas que van desde las amenazas y las
sanciones hasta la oferta de mejores condiciones para las exportaciones,
garantías para la continuidad de remesas o para la autorización ampliada de
visados.
El pasado 7 de abril
se suspendió a
El último miércoles,
la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, invitó a los ministros de economía del
G20 a boicotear el discurso de Anton Siluanov, jefe de la cartera de hacienda
de Moscú. El representante argentino en el encuentro desarrollado en Washington
desechó la cancelación y permaneció en su banca junto otros 16 funcionarios.
Las únicas tres representaciones que abandonaron las deliberaciones fueron la
propia Yellen y los ministros de Canadá y el Reino Unido. En la conferencia de
prensa, Yellen justificó el limitado éxito del boicot propuesto: “Para retirar
a un país de cualquier participación se requiere realmente un nivel de acuerdo
muy alto en muchos foros, incluido el G20, y no hubo ese nivel de acuerdo”.
La ofensiva de
sanciones, boicot y bloqueos está directamente relacionada con el propósito de
debilitar a cualquier país que defienda su soberanía contra las reglas
impuestas por Estados Unidos, y/o que busque articular bloques comerciales
alternativos al configurado por el atlantismo. Esa fue la causa geopolítica por
la que se estimuló el conflicto ancestral entre los sectores nacionalistas
ucranianos y los rusos: se buscó impedir la constitución de un eje geopolítico
continental eurásico, capaz de articular a Europa Occidental con el Sudeste
Asiático, colocando a Moscú como nexo entre ambos continentes. Una vez en
guerra –azuzada previamente–, la máxima autoridad del Tesoro estadounidense
postuló los próximos pasos: “Lo recaudado por las ventas de petróleo y gas es
una fuente importante de ingresos para Rusia. Sería muy útil buscar la manera
de reducir esos ingresos”.
La ofensiva de
Washington se relaciona con el sorpresivo fracaso de sus sanciones: a pesar de
que se separó a Rusia del sistema SWIFT y se le congelaron reservas en el
exterior, el valor del rublo se estabilizó en valores similares a los exhibidos
en forma previa a la intervención militar; el gas, el petróleo y el carbón ruso
siguen despachándose hacia Europa Occidental; y el Banco Central continúa
incrementando sus reservas internacionales. Durante la última semana sumó 1.700
millones de dólares, alcanzando la suma de 611.100 millones. Esa es la razón
por la que el 13 de abril la portavoz de
La acometida del
Departamento de Estado se dirige prioritariamente sobre América Latina y el
Caribe (ALyC). A mediados de abril, funcionarios cercanos a Anthony Blinken se
conectaron con el embajador argentino en Washington para conminarlo a
cuestionar a Putin en
Chantajes diplomáticos
Una arremetida
similar se observó durante las últimas dos semanas contra el gobierno mexicano,
cuestionado por Washington por su neutralidad respecto a la intervención
militar rusa. La irritación de la administración Biden contra Andrés Manuel
López Obrador (AMLO) se expresó con relación a la nacionalización del litio
–aprobada durante la última semana por el Parlamento– y la aprobación de
La contrariedad por
las nuevas regulaciones eléctricas se suma al peligro –conjeturado por los
funcionarios estadounidenses– de una potencial utilización del litio mexicano
por parte de las empresas chinas. La nacionalización del mineral fue aprobada
el último martes luego de que su precio internacional se incrementara un 400%
en el último año. El litio es uno de los componentes centrales de las baterías
necesarias para la fabricación de vehículos eléctricos. La empresa automotriz
Tesla –del mega-millonario Elon Musk– aparece como uno de las impulsoras de las
presiones diplomáticas y coercitivas para garantizarse dicho insumo y evitar
que esos recursos lleguen a impulsar la competencia de los autos producidos por
Beijing.
La producción del
mineral tendría que aumentar un 500% hasta 2050 para poder hacer frente a la
reconversión productiva que se pretende para la industria automotriz. El
Servicio Geológico de los Estados Unidos cuantifica las tenencias de su vecino
en 1,7 millones de toneladas –el 2,3% de las reservas mundiales–. El líder
es Bolivia,
con 21 millones, y en segundo lugar aparece
La ofensiva no es
solo contra México o
Venezuela es
paradójicamente una de las más favorecidas. Dada la soberanía adquirida por ese
país desde 1999, Biden carece de mecanismos extorsivos (políticos, comerciales
o militares), al tiempo que implora volcar barriles de petróleo al mercado
internacional para evitar la espiral inflacionaria a nivel global. Lo
mismo se intentó con Arabia Saudita, país al que se le solicitó aumentar la
producción de petróleo para bajar su precio y socavar de esa manera la
obtención de recursos de Moscú. El reino, sin embargo, se negó a incrementar la
producción.
En el caso de Cuba
la situación es ambivalente. Por primera vez desde 2018, el 21 de abril se
llevaron a cabo reuniones entre funcionarios estadounidenses y cubanos para darle
continuidad a los acuerdos migratorios incumplidos por las autoridades de
Washington en los últimos cuatro años. Estos encuentros concedidos por la
administración de Biden buscan descomprimir los niveles de confrontación con
América Latina y el Caribe –sin dejar de extorsionar– para volver a priorizar
lo que los think tanks demócratas
denominan la “emergencia euroasiática”. Sin embargo, las sanciones contra Putin
parecen hacer más mella en sus socios que en Moscú: a principios de febrero
partió desde Rusia un carguero con una donación de 19.526 toneladas de trigo
para
Quien no parece
contar con ese tipo de problemas es Colombia, el único que sigue a pie
juntillas las recomendaciones de Washington. Mientras Iván Duque sigue sin dar
explicaciones sobre las cotidianas masacres de dirigentes sociales y
campesinos, sus autoridades se suman de forma automática a todas las medidas y
discursos solicitados por
La embestida contra
China –promovida por Washington– incluye zanahorias y augurios: se les repite a
los gobiernos de América Latina y el Caribe que en el futuro podrán sustituir
segmentos de las cadenas de suministro, hoy controlados por China, presagiando
una nueva etapa de deslocalización (nearshoring)
que impulsaría el crecimiento del subcontinente, si es que son capaces de
ofrecer mercados internos reducidos y salarios exiguos.
El modelo promovido
por la administración Biden es el de una fragmentación permanente de la
economía mundial, con dos circuitos alternativos de comercio y cooperación
internacional basados en bloques geopolíticos. Para lograr ese objetivo deberá
esmerarse en cortar sólidos lazos e impedir –de forma simultánea– que Eurasia
no logre eludir el apartheid impuesto.
El novelista Henry
Miller deslizó, poco tiempo antes de su fallecimiento, una duda que inquieta de
forma punzante a los analistas internacionales: “Mi única duda es saber si
Estados Unidos acabará con el mundo, o si el mundo va a acabar con Estados
Unidos”.
(*) El Cohete a

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