La columna de economía de Alfredo Zaiat
Cristina es dogmática o pragmática
Página/12
31 de julio de 2022
El poder económico tiene una
obsesión con nombre y apellido: Cristina Fernández de Kirchner. Puede
ser que sea por las medidas que implementó afectando intereses durante sus dos
mandatos, o por ser una mujer que demostró capacidad de decisión sin importarle
costos políticos o personales, o por exhibir a los dueños del dinero con sus
respectivos peores rostros, o por querer negociar y no subordinarse al poder, o
por haberse constituido en una líder popular que, pese a todo, retiene la
adhesión de millones.
Por alguna de esas razones o
por todas ellas, cada una de las fracciones del poder económico aspira a
borrarla del escenario político, ya sea por la vía de la persecución
judicial, a través del financiamiento de proyectos electorales que
la derroten, o buscando que desde el propio peronismo surja una
figura política que la desplace del centro de la escena.
Esta disputa
profundamente perturbadora de la estabilidad económica y política, que
cruza la realidad nacional desde hace quince años, cuando se definió que sería
candidata a Presidenta en 2007, ofrece habitualmente en el debate público una
caricatura de CFK dogmática y vengativa. Esta es la reiterada deformación
conceptual del dispositivo de derecha, pero que empieza a desteñirse cuando
aparecen acciones precisas acerca del carácter pragmático de varias
intervenciones clave de CFK en el territorio de la política y la economía a lo
largo de estos años.
La cuestión es política, no personal
La más reciente demostración
de esa forma de actuar en el espacio político fue el aval al desembarco
de Sergio Massa en el Ministerio de Economía.
Este mismo pragmatismo lo
había expuesto antes al momento de decidir que sea Alberto Fernández el
candidato a Presidente del Frente de Todos, cuando podía haber sido ella
con probabilidad de ganar las elecciones.
Tanto Massa como Fernández
se habían ido de sus gobiernos con fortísimas críticas y luego se dedicaron a
cuestionarla hasta niveles ofensivos en términos personales.
Quien tiene un comportamiento dogmático no reabre este tipo de puertas.
Otro ejemplo en este sentido
ha sido el caso del actual jefe de Gabinete, Juan Manzur, quien
había afirmado en un reportaje a Clarín, en 2018, que "el de Cristina es
un ciclo político que está concluido". Manzur había sido su ministro de
Salud, ganó la gobernación de Tucumán en 2015 cuando el peronismo perdió a
nivel nacional. Pese a esa declaración contundente en términos políticos y
personales, CFK postuló y consiguió que Alberto Fernández lo nombrara Jefe de
Gabinete porque consideraba que el gobierno necesitaba mayor volumen político y
un mayor acercamiento a los gobernadores.
Más atrás es posible
identificar otra prueba de pragmatismo de Cristina en el hostil ambiente del mercado
de capitales internacional. En un contexto complicado en el frente externo por
la escasez de reservas en el Banco Central, buscó, en los dos últimos
años de su segundo mandato, normalizar relaciones financieras para tratar de
abrir el grifo de dólares del exterior.
Tras ese objetivo, el
entonces ministro de Economía, Axel Kicillof, canceló el pleito con
los españoles de Repsol por la nacionalización de YPF, cerró un acuerdo de
refinanciación de deuda con el Club de París, y pagó varios juicios con fallos
en contra en el tribunal parcial del Ciadi dependiente del Banco Mundial.
La última estación para
abrir las puertas a la posibilidad de conseguir financiamiento externo era
concluir el juicio de los buitres, instancia que no pudo lograrse
porque se había constituido una fuerza de tarea de esos financistas con
manifiesto objetivo de precipitar una crisis económica para sacar a CFK del
tablero político nacional.
Vínculos con fracciones del poder
económico
Este recorrido de
pragmatismo político, bastante alejado del dogmatismo que sí tiene la derecha,
resulta útil detallar para contextualizar y, en especial, comprender,
alejándose del mar de lugares comunes que invaden el espacio público, la
decisión de Cristina Fernández de Kirchner de respaldar el ingreso de Massa al
gabinete.
No es un misterio que él
aspira desde un cargo ejecutivo ordenar la cuestión económica, financiera y
cambiaria con el deseo innegable de sacar la sortija de la calesita de
candidatos a presidente en 2023 y sumar entonces el caudal electoral del
kirchnerismo vía la bendición de CFK.
En esta instancia, frente a
esta probabilidad aparece la desesperación que invade a cada una las
fracciones del poder económico, puesto que uno (Alberto Fernández) y otro
(Sergio Massa) no terminaron de enterrar a CFK, sino que, por lo contrario, se
colgaron de ella para consolidar sus propias ambiciones políticas.
El primero logró de ese modo
ser Presidente de
Cada uno, a la vez, tiene
distintos acercamientos a fracciones del poder económico. Alberto Fernández
poseía fluidos vínculos con el grupo Clarín y con Techint a
través de su relación con Roberto Lavagna, quien tiene debilidad por el
conglomerado de la familia Rocca.
A los pocos meses de
comenzar el gobierno, estos dos grupos económicos, que constituyen la
conducción política del poder económico, empezaron a presionarlo para
que rompiera con CFK. Esta movida desestabilizadora fue explícita, pero el
rechazo de Fernández a esa opción, porque no le hubiera reportado ninguna
ventaja para la sustentación política de su gobierno, derivó en padecer una
militante oposición mediática y política.
Por su parte, Sergio Massa
tiene vínculos con Sebastián Eskenazi del Grupo Petersen,
con los empresarios Daniel Vila, José Luis Manzano y Mauricio Filiberti,
dueños de Edenor, y con la familia Bulgheroni de Pan American
Energy (PAE). Antes y ahora, ambos son figuras políticas amigables con
Estados Unidos: Alberto Fernández, con el sector demócrata, y Sergio Massa, con
el republicano.
Esta red de vínculos con el
poder es relevante para identificar la orientación de la política
económica y, en consecuencias, las medidas implementadas hasta ahora y
las que se conocerá en los próximos días con el nuevo ministro de Economía.
CFK, Alberto Fernández
y Sergio Massa. Las tres patas de la coalición de gobierno del Frente de Todos.
Imagen: NA.
Alianzas para gobernar
Como toda política
pragmática, la de CFK no está exenta de errores estratégicos. Cuando
designó a Alberto Fernández como candidato, en el video difundido en la mañana
del sábado 17 de julio de 2019, afirmó: "Esta fórmula que proponemos,
estoy convencida que es la que mejor expresa lo que en este momento en
Era el reconocimiento
explícito de que ella como candidata a Presidenta probablemente podía ganar la
elección pero que, en base a la experiencia de resistencia violenta del bloque
de poder que padeció durante sus dos mandatos, sería muy complicada la
reconstrucción luego del desastre macrista.
El recorrido de dos años y
medio de gobierno en pandemia y con el impacto del conflicto en Ucrania y las
sanciones económicas a Rusia se puede concluir que fue una apuesta
fallida buscar estabilidad eligiendo a Fernández, quien ha intentado
avanzar con escasos o nulos resultados en la estrategia del consenso,
la cooperación y acuerdo con el poder económico. Se ha precipitado de este
modo una crisis política de proporciones que, con los últimos cambios en el
gabinete nacional, el oficialismo tratará de neutralizar.
Ahora, la decisión
de CFK de impulsar a Massa al gabinete nacional, en otra muestra de su
pragmatismo, nace de la emergencia no sólo económica por la
escasez de reservas en el Banco Central, que implica convivir con una corrida
cambiaria permanente, sino también por la urgencia política-institucional. Esto
último implica el desafío de transitar lo que queda de este año con relativa
contención de la crisis, para luego evaluar cómo queda el terreno electoral de
2023 para el oficialismo.
En esta última cuestión
existe, paradójicamente, una coincidencia de objetivos con la conducción
política del poder económico. Esta evalúa que la oposición política
todavía no está capacitada para asumir la gestión de un gobierno y,
por lo tanto, necesita tiempo para preparar las mejores condiciones para el
regreso de una política de ajuste luego de las elecciones del año próximo.
El ingreso de Massa les
sirve para ganar ese tiempo, aunque deja abierta la posibilidad de una
reversión del actual cuadro económico crítico y, por lo tanto, una eventual
mejora del oficialismo para el 2023.
No tomó todo
El pragmatismo nuevamente
exhibido por Cristina Fernández de Kirchner con la decisión de avalar el
desembarco de Sergio Massa en el Ministerio de Economía no supuso responder en
forma favorable todas las exigencias reclamadas por él para asumir este
desafío.
En el reordenamiento
del gabinete nacional, las áreas de Energía,
Un espacio de poder
fundamental en la administración de la cuestión económica es el Banco
Central. Massa demandó cambios en la conducción pero Miguel Pesce
sigue por ahora en la presidencia de la entidad monetaria.
En los últimos tiempos, a
pedido de Alberto Fernández, Pesce ha tenido un mayor diálogo con CFK,
ampliando de este modo su base política para desplegar su tarea. Al directorio
del Central ingresó Pablo Carreras Mayer, economista que trabaja con Lisandro
Cleri, uno de los integrantes del equipo económico de Massa.
Luego de presentar a quienes
lo acompañarán en el Ministerio de Economía, Massa detallará una serie de
medidas que serán un test para saber si continúa la tregua
cambiaria de estos días, o si la movida política pragmática de CFK comienza a
ser desafiada por el mundo de las finanzas y del poder económico.

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