La opinión de Francisco Olivera
QUIÉN SE TRAGA EL SAPO CON MASSA
30-07-2022
La noche anterior a que se confirmara la
designación de Massa en el Ministerio de Economía, el plan de Alberto
Fernández era otro. No muy distinto, pero tampoco exactamente igual al que se
terminó concretando. El mismo Presidente lo había conversado con Gustavo Beliz,
todavía funcionario incondicional: Massa sería jefe de Gabinete y algunos de
los que finalmente se fueron, Beliz incluido, seguirían en sus cargos. Por eso
al secretario de Asuntos Estratégicos lo sorprendió que, a la mañana siguiente,
anteayer, Julio Vitobello le comunicara que, por pedido del líder del Frente
Renovador, debía dejar el Gobierno. Muy molesto, sin siquiera hablar con el
jefe del Estado, redactó entonces su breve renuncia. “Dios los guarde”, terminó
el texto, escrito a mano.
La fórmula elegida para la despedida llama la
atención. No por la invocación al Creador o porque pueda
recordar a “Españolito”, el poema de Machado que canta Serrat, sino porque
supone una grave advertencia sobre lo que viene: casi no hay colaborador de
Alberto Fernández que le augure a la gestión del Gobierno un final feliz. Y
también porque, a diferencia de aquellos versos de Machado, el saludo de Beliz
está en plural: él y toda
Son razones que deberían servir para aplacar el malhumor que esta semana
exhibían en simultáneo varios exonerados: Scioli, Silvina Batakis, Julián
Domínguez, Eduardo Hecker. La ministra de Economía parecía más preparada para
la novedad, tal vez porque lo venía intuyendo antes de volver de Washington.
“No sé nada, me voy a enterar mañana”, admitió ante un curioso en la noche del
miércoles. Pero Scioli parecía menos escéptico. Por lo pronto, se había quedado
con la promesa presidencial de que los cambios eran solo rumores.
Era inevitable que Massa llegara con
exigencias. Por eso una de las incógnitas sigue siendo quién mandará en el
Banco Central. Hasta ahora, Pesce continúa. Es un cargo decisivo para los
nuevos inquilinos del Palacio de Hacienda. Guzmán, que no abandonó todavía ni
Massa avanzó hasta donde pudo. Pero arrancará
el martes con la misma incógnita que perturbó a Batakis: hasta
dónde llega el respaldo que, se supone, tiene de Cristina Kirchner. No es
irrelevante si tácito o explícito: a Batakis no le alcanzó con el aval silencioso.
Para aglutinar a críticos como Grabois o Larroque basta en cambio con un tuit
de la “jefa”. Pero la vicepresidenta tampoco parece dispuesta a exponerse esta
vez. “Ella tiene el dedo mocho, no puede volver a jugar: va a vigilar de
lejos”, analizó un sindicalista de buena relación con el Instituto Patria.
El nuevo ministro de Economía deberá trabajar esta relación,
que parte de una doble desconfianza. Como en su momento Alberto Fernández, él
debe demostrar que sus célebres vaticinios sobre “los ñoquis de
La raíz de esta especie de resistencia oficialista, toda una novedad,
no es tanto la ideología como la escasa fe que le tienen
los kirchneristas al mandato de Alberto Fernández: ¿quién quiere tragarse un
sapo si hay pocas posibilidades de ganar? ¿No es mejor perder sin confundir a
los propios y esperar mejores condiciones para volver? He ahí el principal
desafío de Massa. Estas disputas simbólicas perturban a Alberto Fernández desde
el acuerdo con el FMI. Alguien que trabajó en el esquema del dólar soja terminó
de entenderlas la semana pasada, cuando les propuso al Presidente, a Pesce y a
Batakis salir a explicar públicamente y en números las ventajas de esa medida.
Entre ellas, que los productores agropecuarios podrían ganar hasta 25% en
dólares si liquidaban la cosecha antes del 31 de agosto. La respuesta lo
descolocó: “No podemos admitir que le estamos regalando eso al campo”, le
dijeron.
Es cierto que, a diferencia de Batakis, Massa arranca la
discusión desde una posición de mayor fortaleza. Pero es muy probable que tenga
que conformarse con que Cristina Kirchner no le cuestione públicamente el
programa. Tiene también una ventaja sobre Guzmán: la vicepresidenta ya no está
en condiciones de soportar tantas corridas cambiarias, y hasta es probable que
se haya asustado con las últimas: esas turbulencias, efecto y causa de la falta
de dólares, amenazan también con sepultar definitivamente la recuperación y las
posibilidades en 2023.
Son temas que volvieron a salir esta semana en los foros empresariales. El
miércoles, por ejemplo, en
Por ahora, solo expectativas. Que conviven con problemas reales
como la restricción externa. El martes, en su sede de
Alberto Fernández está convencido de que se
trata de problemas pasajeros. Como Pesce, ve una luz en el final de
agosto. Y, en confianza, delante de empresarios, hasta se atreve a contradecir
a Cristina Kirchner: dice que no hay un festival de importaciones, que el
porcentaje de ingreso de bienes sobre insumos está en los niveles históricos y
que en todo caso se trata de consecuencias del crecimiento en la actividad.
Pero son refutaciones que se guarda para la intimidad. Como casi todos en el
PJ. La incógnita de estos meses consiste en el modo en que Massa, nuevo ungido,
manejará sus desacuerdos dentro del Frente de Todos. Si la tensión escala en el
organigrama o, como hasta ahora, sigue provocando enemistades y renuncias hacia
abajo.
Fuente:
(*) Identidad
correntina

Comentarios
Publicar un comentario