El liberalismo de José Faustino Sánchez Carrión
EL LEGADO LIBERAL DE SÁNCHEZ CARRIÓN
Eugenio D’Medina Lora
Revista de Economía y Derecho, vol. 7, nro. 28 (primavera de
2010). Copyright © Sociedad de Economía y Derecho UPC. Todos los derechos
reservados. * Economista y graduado en Ciencias Sociales por
“Es preciso que
4 ¿Existe un legado ideológico de Sánchez Carrión?
Sánchez Carrión rompió con el estereotipo “del peruano
oprimido” que se resarce en la revancha contra la riqueza y el progreso. Nació
en la zona andina y perdió a sus dos padres a muy temprana edad, a causa del
cual tuvo una infancia dura, triste y atada a los Andes, todo lo cual le hizo
melancólico, reservado y alejado de sofisticaciones. A esto debe agregarse el
contexto: el Perú de las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del siglo
XIX se caracterizaba por la fuerte presencia de un Estado monárquico,
representado en
La constatación de los nefastos efectos del intervencionismo
estatal y los abusos que conllevaba amparado en un poder centralizado y sin
límites deben haber moldeado el talante liberal del prócer. Se ha dicho que la
preocupación central del prócer era construir una sociedad más democrática.
Pero, en realidad, su principal eje de pensamiento fue la libertad y el
gobierno limitado, como se ha demostrado en el presente trabajo; y fue
extremadamente claro en señalar los peligros que podrían cernirse sobre una
sociedad, inclusive en una República, si los legisladores o los funcionarios
estatales gobernaban a espaldas de la ley, bajo la protección de un poder
estatal omnipotente, como el que representaba la monarquía, tal como era
conocida por el prócer, o por una República incluso, si se excedía el gobierno
en sus atribuciones, como le quedaba patente de
Quizá, por una paradoja del destino, la obra pública más
importante de Sánchez Carrión haya sido
No se puede entender la revolución independentista peruana sin el impulso de las ideas liberales ni de los liderazgos liberales locales. Los años posteriores muestran, por otro lado, que incluso hubo una fuerte presencia liberal en las zonas andinas (42), patrocinada por los caudillos militares que sucedieron a Bolívar. Aunque es reconocido por los historiadores que hubo otros momentos de cuasi liberalismo en la historia republicana del Perú, el resurgir de las ideas del liberalismo clásico tendría que esperar ciento sesenta años para tener presencia importante en el Perú. Periodos intermedios muy contados, en los que se puede decir que aparecieron ciertas vertientes liberales en su versión de un liberalismo en la tradición continental, pero no clásico, son excepciones en medio de regímenes autoritarios y antiliberales que primaron en la historia republicana del Perú. Incluso, en esos momentos excepcionales, primó un liberalismo conservador, que no buscó integrar al país en un proyecto nacional visionado no como un esfuerzo ingenieril en lo social, pero cuanto menos como una idea de desarrollo social y económico que involucrara no solamente a los que podían incorporarse a los mercados mundiales, sino que se preocupara en construir mercados internos de bienes, servicios y factores. Lamentablemente esto no sucedió porque el liberalismo conservador, cuando apareció, no se trazó por meta promover mercados, sino defender a promotores de negocios, sin consideraciones adicionales y en un entorno que requería soportes desde la política estatal para generar un poderoso gran mercado interno (43).
Más allá de las limitantes específicas del momento para
implementar un modelo doctrinariamente ajustado al liberalismo clásico, 83 El
legado liberal de Sánchez Carrión es interesante recordar que las ideas de
Sánchez Carrión florecieron en una época en que el paradigma de vanguardia era
eminentemente liberal. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XIX el
movimiento liberal perdió su camino, no solamente a partir de la publicación
del Manifiesto comunista de Karl Marx en 1848, sino porque, para ese entonces,
“la tradición francesa había desplazado progresivamente a la inglesa” (44). La
libertad individual dejó de ser el enfoque. Los colectivistas reclamaron la
sabiduría superior; la vida se convirtió en la búsqueda de la felicidad de la
colectividad y produjeron el ascenso de nuevos intelectuales, que dio como
resultado un éxito del ideal del socialismo que llevó a grandes cambios
políticos e institucionales (45). En el Perú, eso equivalió a reemplazar a
Sánchez Carrión por Mariátegui y Haya de
5 Una digresión: la controversial relación con Bolívar
No sería ni medianamente completo –ni objetivo– un análisis
de las ideas liberales de Sánchez Carrión si no se compulsaran con su ejecución
política, gran parte de la cual estuvo vinculada a su relación con Simón
Bolívar en su papel de dictador del Perú.
Nunca más se volvió a ese espíritu, en el que impregnaron
los legisladores en dicha Carta Magna, en todo su significado e implicancias.
La llegada de Bolívar representa un punto de quiebre donde surgen algunas
interrogantes, no cabalmente resueltas hasta la actualidad. La principal de
ellas, sin duda, es la siguiente: ¿por qué un convencido en la libertad y que
denostaba a los poderes concentrados en una persona, como un rey, se alineó al
mandato de un dictador como Bolívar? Una postura es la esbozada por el
historiador Manrique Cotillo, que afirma que ante las furias más terribles que
amenazaban a
Concordamos con esta postura que trasunta un pragmatismo de Sánchez
Carrión que lo llevaría a trasgredir, momentáneamente, sus anhelos de un
régimen con las libertades planteadas en sus Cartas, en pos de un propósito
superior que la realidad inmediata –y la propia responsabilidad pública– volvía
urgente, precisamente para salvaguardar, a largo plazo, las condiciones de
estabilidad que pretendía para que floreciera el tipo de República que había
soñado y plasmado en sus escritos. Por el carácter austero de Sánchez Carrión,
no parece probable que lo haya movido la intención de ocupar cargos públicos,
que, por otra parte, los habría tenido igual sin la presencia de Bolívar en
vista de que era ya una persona reconocida del Congreso. Entonces solamente
quedaría la hipótesis del pragmatismo ante la urgencia nacional. De hecho, es
factible pensar que el tribuno trujillano haya entendido en su momento, que el
entusiasmo doctrinario de su impronta liberal acaso lo hubiera llevado
demasiado lejos, hasta el punto de debilitar, sin quererlo ni proponérselo, las
propias bases que harían sostenible el modelo de República que él concibió para
el país, plasmado en sus Cartas y, después, en
La muerte del tribuno trujillano, que evidenció signos de un
posible envenenamiento, echó algunas sombras relacionadas a sospechas de que
quizá haya sido asesinado cuando se convertía en una persona peligrosa para los
fines de quienes detentaban el poder, en particular del propio Bolívar, aunque
no se ha sometido esta oscura zona de la historia peruana al escrutinio
suficiente hasta la fecha (51). Finalizamos esta pequeña digresión con una
pregunta subsidiaria a la principal: ¿cuál fue el precio pagado por la
intervención de Bolívar? Al llegar al Perú, Bolívar creyó encontrar una
“ventana de oportunidad” para convertirse en dictador vitalicio. La oportunidad
se la proporcionó la inminente anarquía que se cernía por entonces sobre la
naciente República. Al recibir el llamado, no dudó un instante. En su papel de
dictador, redujo notablemente el territorio peruano, en particular regiones de
lo que es hoy Bolivia (el Alto Perú) y parte de lo que es hoy Ecuador, aparte
de otros territorios menores que hoy pertenecen a Chile y a Colombia. Según
algunos historiadores, inclusive mostró un desdén hacia lo indígena, quizá por
su origen llanero. Además mandó a ejecutar a muchos de sus detractores y a
otros los deportó. El caso más emblemático de esta política fue el del clérigo
arequipeño Francisco Xavier Luna Pizarro (52). En razón de esta resistencia de
Luna Pizarro, quien por cierto trabajó cercanamente a Sánchez Carrión en el
Congreso que elaboró
Sin embargo, la carencia total de producción intelectual
escrita, que pudiera servir de referencia de su pensamiento, así como sus
posturas poco claras frente a la descentralización con algún sesgo
antifederalista (53) y otras posiciones a favor de dotar al Ejecutivo de
mayores fortalezas frente al Legislativo (54), por no mencionar su condición de
clérigo católico, ubican la postura de Luna Pizarro mucho más dentro de un
liberalismo conservador que de un liberalismo clásico. Todo ello abona en el
concepto –a nuestro juicio– de que Luna Pizarro, a pesar de su tesón y
compromiso con la causa de revolución independentista peruana, se ubica a un
escalafón por debajo de Sánchez Carrión a la hora del recuento de los que
forjaron el espíritu del liberalismo peruano, aunque no por ello deja de ser
otro de los que pueden considerarse, con total propiedad, entre los Padres
Fundadores de
6 Repensando al prócer: consideraciones finales
La preocupación central de Sánchez Carrión fue el límite al
gobierno, porque entendía que la postración que justificaba la ruptura con
España se superaría en la medida en que las decisiones de los actores sociales,
políticos y económicos encontraran menos intervención de
Cabe recalcar que, a partir del examen y escrutinio objetivo
de las tesis del tribuno peruano, se nota que el liberalismo del prócer es del
tipo clásico, de tradición anglosajona. Normalmente se ha resaltado su imagen
como independentista y algunas veces se le ha reconocido como liberal (55). Sin
embargo, no se ha definido con mayor precisión cuál era la naturaleza de ese
liberalismo que profesaba Sánchez Carrión. En realidad, se ha deslizado
sutilmente la idea de que su inspiración fue más “francesa” por la predilección
que muchos intelectuales peruanos profesan hacia la obra de Rousseau y al
proceso de
El origen de Sánchez Carrión, y, en general, su vida toda,
es un testimonio impresionante que permite extraer otras conclusiones para
entender su legado liberal. Nacido en la modestia de un pueblo andino de la
sierra de lo que hoy es el departamento de
Ante la presunta predisposición antropológica de los
peruanos por el socialismo, pregonada por sus apologistas, las evidencias
ancladas en la historia profunda, y en los hechos actuales, derrumban tal
hipótesis. Y Sánchez Carrión es la personificación de ese hecho. De paso es un
testimonio de que el liberalismo no tiene que ver con el estereotipo de “ricos”
u “oligarcas” con que, en el siglo XX, sus rivales ideológicos lo revistieron
para desprestigiarlo, vinculándolo a las posiciones conservadoras que
precisamente había combatido desde sus orígenes. Pasividad, arrogancia intelectual
u olvido de las fuentes. Si hubiera que preguntarse cuál es el legado de
Sánchez Carrión, tendríamos que responder que su concepción de un liberalismo
que podía surgir de los Andes o de cualquier región pobre del Perú, aspirante
de un orden social que promoviera la libertad, amparada en un tipo de gobierno
que se organizara para potenciar las fuerzas del progreso. Tal es su legado
para el liberalismo peruano, en pleno inicio del siglo XXI y a casi doscientos
años de la revolución de la que fue uno de los líderes e ideólogos
indiscutibles y reconocidos. ¿Qué pasaría si hoy, a casi ciento noventa años de
la publicación de sus Cartas, apareciera alguien con el mensaje de Sánchez
Carrión? No solamente hablando del gobierno limitado, la igualdad ante la ley y
la responsabilidad individual, sino yendo más allá, de manera audaz y valiente,
a plantear que los sistemas democráticos contemplen la figura de la ciudadanía
calificada (56) y la descentralización extrema en la figura de un federalismo
sin cortapisas. Pero vayamos aun a todos los extremos: incluso imaginemos que
este hipotético personaje manifestara sin ambages su admiración por Estados
Unidos, propusiera abiertamente que adoptemos en el Perú
¿Qué se diría de dicho personaje? Huelga decirlo: las
fuerzas antiliberales del país, encabezadas por los socialistas de todos los
pelajes, no dudarían un segundo en descargar todas sus baterías discursivas
para llamar a ese ficticio personaje desde “neoliberal” y “capitalista salvaje”
hasta “entreguista”, “vendepatria”, “pro yanqui” y –cómo no– fascista en todos
los tonos y calibres. No obstante lo anterior, este era, en buena síntesis, un
comportamiento político consistente con lo que en vida fue el prócer. Sin
embargo, a pesar de sus numerosos estudiosos, la figura del prócer no ha sido
suficientemente resaltada. En un país que aún siente a San Martín e, incluso, a
Bolívar como sus “héroes” de la independencia no ha calado todavía la idea de
que fue en el pensamiento de los liberales peruanos del siglo XIX, precedidos
por las acciones rebeldes de comerciantes, caudillos e indígenas que rechazaron
la opresión de un Estado omnipotente, donde germinó verdaderamente la flor de
la libertad. Por eso, junto a los numerosos reconocimientos como “el primer
caballero de la revolución independentista” y de la formación de
En un país acostumbrado a rendir tributo a lo extranjero,
debido en parte a lo que el propio prócer llamó “la blandura del carácter del
peruano”, no es esto tan sorprendente. Lo que sí es cierto es que él haya sido
olvidado aun por los que deberían ser los depositarios directos de su legado.
Efectivamente, aún más difícil de entender es por qué los liberales peruanos
han dejado pasar inadvertido el legado de Sánchez Carrión, algo muy distinto,
por ejemplo, del caso de los liberales argentinos, que tienen unánimemente a
Alberdi como su referente histórico máximo. En particular sorprende esto en
vista de la más bien escasa presencia liberal que ha habido en la historia de
las ideas en el Perú, en los ciento sesenta años que median entre la muerte de
Sánchez Carrión, por un lado, y la aparición de El otro sendero, de Hernando de
Soto, y la campaña de Mario Vargas Llosa a
1 Tomando a la fecha de la proclamación de la independencia
por José de San Martín, como fecha referente del nacimiento de
2 Conversación en
3 Decimos “historia reciente” a base de tomar una
perspectiva histórica, es decir, de largo plazo. Como se ha indicado en la nota
1, el 28 de julio de 2021 el Perú cumplirá oficialmente, al menos hasta donde
marca la historiografía oficial, doscientos años como República, mas no implica
que el país tendrá entonces doscientos años. El concepto del Perú como Estado,
es decir, como colectivo social asentado en un territorio donde se ejerce un
poder político con autoridad formal, nace con la creación del Virreinato del
Perú el 20 de noviembre de 1542 por
4 Puede mencionarse a Raúl Porras Barrenechea, Augusto Tamayo Vargas, Pedro Planas, Raúl Ferrero Rebagliati, César Pacheco Vélez, Alfredo Valdivieso García, José Joaquín Larriva, Benvenutto Neptalí, Luis Antonio Eguiguren, entre otros.
5 En tiempos de Sánchez Carrión, Huamachuco pertenecía al
departamento de Trujillo. Luego este se fragmentó y quedó reducido al actual
departamento de
6 Debido a una extraña predilección de la intelectualidad
peruana por las obras de los pensadores franceses, siempre se ha postulado una
especie de “deuda intelectual” de la independencia peruana con los ideólogos de
7 Hayek encontró a Hume, Adam Smith, Adam Ferguson, Tucker, Burke y Paley en la tradición anglosajona que creía en el empirismo y en el derecho consuetudinario, así como en tradiciones e instituciones que habían evolucionado espontáneamente, pero que habían sido comprendidas de manera imperfecta. En la tradición francesa incluyó a Rousseau, Condorcet, los enciclopedistas y los fisiócratas, la que creía en el racionalismo y el ilimitado poder de la razón, mientras rechaza de alguna manera la tradición y la religión. Estas tradiciones o escuelas no implicaban necesariamente criterios de nacionalidad, pues Hayek encontraba a los franceses Montesquieu, Constant y Tocqueville como pertenecientes a la tradición anglosajona, en tanto que a los británicos Hobbes, Godwin, Priestley, Price y Paine como pertenecientes a la tradición francesa. Véase Friedrich Hayek, Los fundamentos de la libertad, Madrid, Unión Editorial, sétima edición, 2006.
8 Friedrich Hayek, “Los principios de un orden social liberal”,
ensayo presentado en el encuentro de Tokio de
9 Ibídem, pp. 179-180. Según Hayek, tanto el utilitarismo inglés y el partido liberal inglés de fines del siglo XIX como el liberalismo estadounidense parten de esta tradición continental.
11 El concepto de individualismo es uno de los menos entendidos en el campo de la filosofía política y se confunde muy a menudo con el concepto de egoísmo. Lamentablemente aquí no puede discutirse esta distinción con la profundidad del caso, pero avisamos que no es lo mismo.
12 No así en su dimensión sociológica.
14 La separación de poderes –que en realidad se refiere a los poderes que componen el poder central– reduce la discrecionalidad del Ejecutivo y de que las decisiones más importantes estén en manos de pocos. La descentralización, en cualquiera de sus versiones, desde municipalización o regionalización hasta federalismo, implica límites al poder central por transferencia de competencias y funciones desde el nivel nacional hacia los niveles subnacionales. Coadyuva a estos límites, aunque de manera algo menos directa, la democracia representativa, porque reduce el riesgo de que el poder político sea tomado por asalto por cualquier mayoría con la única validación de su mayor número. Esta preferencia por la democracia representativa se enmarca en la oposición del liberalismo clásico a la democracia directa a través de pensadores como Alexis de Tocqueville o James Madison. Sobre eso último, véase Alan Ryan, “Liberalism”, en A Companion to Contemporary Political Philosophy, de Robert E. Goodin y Philip Pettit (editores), Oxford, Blackwell Publishing, 1995.
15 Elementos ambos del denominado mercantilismo.
16 Si en el siglo XVIII ese poder lo ejercía la realeza, eso es un hecho coyuntural histórico. Da lo mismo si lo ejerce un rey o un aparato burocrático republicano de talante comunista o fascista.
17 Friedrich Hayek, Los principios de un orden social liberal, ob. cit., p. 182.
18 Jorge Basadre, Historia de
19 Raúl Porras Barrenechea, “José Faustino Sánchez Carrión:
el preludio seminarista de una vocación revolucionaria (1789-1804)”, en
Turismo, marzo-junio de 1951, consignada en Raúl Porras Barrenechea, José
Faustino Sánchez Carrión: el tribuno de
20 Raúl Porras Barrenechea, “El tribuno de
21 Luis Alberto Sánchez, “La evolución cultural de América y su influencia en la emancipación peruana”, en Quinto Congreso Internacional de Historia de América, tomo III, Lima, 1972, p. 377.
22 Nos enfocamos en las Cartas en razón de que, en ellas, el
prócer da muestra de toda su maestría de su argumentación ideológica que
quedaría plasmada después en
23 Carta dirigida al editor de El Correo Mercantil, Político
y Literario y luego redirigida al editor de
24 Fechada el 17 de agosto de 1822 y publicada en El Correo Mercantil, Político y Literario el 6 de setiembre de 1822.
25 Como haremos mención indistinta a ambas Cartas, en lo sucesivo simplemente entrecomillamos las citas correspondientes, sin hacer referencia explícita a si la cita corresponde a la primera o a la segunda. En caso hagamos referencia a otros textos, se indicarán expresamente.
26 Esta era la tesis que Sánchez Carrión promovía, con énfasis primordial, por su importancia fundamental para establecerlo como régimen político del Perú en la primera Constitución de su vida independiente, que le cupo la responsabilidad de redactar, como principal artífice.
27 Nótese que no es la tradición de Hobbes, que solamente
entendía la justificación del contrato social para erigir a un gobierno con
suficientes poderes para instaurar el orden. Tampoco es la tradición de
Rousseau, en cuanto no acepta la existencia de derechos naturales que preceden
al Estado sino que se gestan cuando ya se ha constituido la sociedad y se
pueden derivar del mandato de una voluntad general. El contrato social al que
apela Sánchez Carrión ni siquiera menciona alguna consideración redistributiva,
por lo que puede ser que lo haya tomado predominantemente de Locke y discutirse
que haya tomado el concepto de Hobbes o de Rousseau, a pesar de los esfuerzos
de Porras Barrenechea por vincular la noción de pacto social del tribuno
trujillano con el intelectual ginebrino diciendo que “el entusiasmo por
Rousseau fue idolátrico en Sánchez Carrión”. Véase Raúl Porras Barrenechea, “La
biblioteca de un revolucionario: Sánchez Carrión, prócer civil de la
independencia del Perú”, en El Mercurio Peruano, abril de 1943, consignado en
Raúl Porras Barrenechea, José Faustino Sánchez Carrión: el tribuno de
28 En las respectivas obras de John Locke y Charles Louis de Secondat (Montesquieu), a saber, Segundo tratado del gobierno civil y El espíritu de las leyes, ambos autores desarrollan la teoría de la separación de poderes. Lo interesante es que mientras se suele atribuir a Montesquieu las contribuciones más decisivas al respecto, se pierde de vista que el Segundo tratado del gobierno civil se publicó en 1662 mientras que El espíritu de las leyes fue publicado en 1748. Esto significa que la teoría de Locke sobre la doctrina de la separación de poderes precede en ochenta y seis años a la obra de Montesquieu. Algo parecido sucede entre Locke y Rousseau con respecto a la teoría del contrato social. Rousseau es más conocido por su obra titulada precisamente El contrato social, publicado en 1762, es decir, exactamente cien años después de que Locke desarrollase similar teoría. Aunque, en realidad, la primera mención a este concepto se remonta a Hobbes en su Leviatán, de 1651, precediendo por once años apenas a la obra de Locke.
29 Véase
James Madison, véase James Madison, Federalist, nro. 10 (22 de noviembre de
1787), en Alexander Hamilton, John Jay y James Madison, The Federalist: A
Commentary on the Constitution of the
30 Como siglos después lo demostrara el exitoso proyecto de
31 Nótese el detalle de que el prócer habla aquí incluso de “Estados” a la usanza del modelo norteamericano nuevamente, lo que es muestra adicional de su convencimiento profundo respecto del sistema federal.
32 Para tener una idea comparativa, en
33 Artículo 149 de
34 Artículo 151 de
35 Artículo 162 de
36 En el punto de los impuestos reducidos, coincidiría la postura del prócer con el propio Milton Friedman también.
37 Por cierto, una tradición lejana del anarcocapitalismo que propugna Estados inexistentes por razones “morales”.
38 En particular, el sur andino era una zona de intenso tráfico comercial que venía del Alto y Bajo Perú y que se caracterizaba por el comercio de coca, vino, aguardiente, mulas y textiles, pero las reformas borbónicas, materializadas en alzas de la alcabala, la creación de la aduana interna, la obligatoriedad a los indígenas de comprar a mayores precios mediante el sistema de reparto, debilitaron el comercio y el bienestar de las poblaciones beneficiadas con el comercio libre.
39 Este es un tema que excede los límites autoimpuestos a este trabajo y que merece la pena una investigación específica. En lo sucesivo, simplemente se delinearán algunos elementos de la discusión.
40 Y reconocida por varios autores de distintas tendencias ideológicas.
41 De paso, vale la pena aclarar que en el caso de Túpac Amaru II como en el del mismo Sánchez Carrión, la historia oficial los ha “capturado” como íconos de ideologías antiliberales, y los ha presentado como representantes de algún tipo de reivindicación popular, más precisamente indígena, cuando sus acciones o sus proclamas no tenían que ver sino con el respeto de derechos individuales y libertades políticas y económicas reconocidas hoy como parte infaltable de cualquier propuesta liberal que sea seria. En el particular caso de Túpac Amaru II, el asunto es más insólito: un hombre que luchó contra el absolutismo estatal, las presiones tributarias abusivas y la restricción al comercio libre terminó siendo el símbolo de un movimiento terrorista que enarbola las banderas del marxismo en su versión más radical. Es tarea pendiente de los historiadores futuros rescatar el verdadero sentido del espíritu que movía a estos grandes personajes de la historiografía peruana.
43 La polémica sobre el papel del liberalismo en la historia republicana del Perú es un tema que merece tratamiento específico y que no es materia pertinente al propósito del presente trabajo.
44 Friedrich Hayek, Los fundamentos de la libertad, ob. cit., p. 84.
45 James
Buchanan, “Saving the Soul of Classical Liberalism”, en James Buchanan, “Saving
the Soul of Classical Liberalism”, en The Wall Street Journal, el 1 de enero de
2002.
46 La publicación de El otro sendero, por Hernando de Soto en 1984, y la campaña presidencial de 1990, liderada por Mario Vargas Llosa, marcaron el resurgir de las ideas liberales clásicas en el Perú.
47 Y ratificada un año después.
48 Una buena descripción de los entretelones que rodearon la
instauración de
49 Mario Manrique Cotillo, ¿Qué pensaba del Perú don
Faustino Sánchez Carrión, Lima, Facultad de Letras y Pedagogía de
50 Refiriéndose a esa época, Basadre considera que no era el momento para una República liberal, con un Legislativo muy heterogéneo y entusiasta como primer poder del Estado y un gobierno limitado materializado en un Ejecutivo incapacitado de promover iniciativas de emergencia. Y añade que “los liberales no vieron que la guerra con los españoles y no la fidelidad doctrinaria era el asunto más grave en aquel momento”. Véase Jorge Basadre, Perú: problema o posibilidad, Lima, Banco Internacional del Perú, 1979, tercera edición, p. 59. Quizá Sánchez Carrión llegó a este mismo convencimiento. Adicionalmente, Cotler encuentra una explicación de la permanencia de las estructuras económicas y políticas conservadoras a pesar de los intentos liberales que se materializaron, finalmente en el caudillaje posindependentista: “Ante la falta de un grupo burgués capaz de ejercer la hegemonía e imponer su ley dentro de un marco institucional, la política peruana –y en general la hispanoamericana– institucionalizó el clientelaje y caudillismo personalista y revitalizó así las formas coloniales de dominación”. Véase: Julio Cotler, Clases, Estado y nación en el Perú, Lima, Instituto de Estudios Peruanos (IEP), 2005, tercera edición, p. 91.
51 En su ensayo apologético a Bernardo Monteagudo, quien
sostuvo una encarnizada rivalidad con Sánchez Carrión como máximo exponente
doctrinario de la defensa del sistema monárquico para el Perú, el historiador
argentino Mario “Pacho” O’Donnell refiere un episodio contado por el general
Tomás Mosquera, el último de los jefes de su Estado Mayor, según el cual, al
acaecer el asesinato de Monteagudo en Lima, Bolívar encaró a quien fue
sindicado como su asesino, Candelario Espinoza, prometiéndole perdonarle la
pena de muerte si le contaba quién lo había contratado para liquidar al
argentino. Espinoza culpa entonces a Sánchez Carrión, y añadió que este
conspiraba contra el dictador venezolano. Pero añade O’Donnell: “Cuarenta días
más tarde Sánchez Carrión muere misteriosamente, aquejado de un mal extraño que
lo lleva rápidamente a la tumba y que da pie a sospechar que pudo haberse
tratado de un envenenamiento. Según su jefe de Estado Mayor, quien guardase
estos secretos a lo largo de tantos años respondiendo a una precisa instrucción
de Bolívar en ese sentido, el ignoto ejecutor de Sánchez Carrión a su vez fue
asesinado pocos días más tarde”. Véase Mario “Pacho” O’Donnel, Monteagudo: la
pasión revolucionaria, Buenos Aires, Planeta, 1995. Sin pretender ahondar en el
fondo del tema, queda la duda de si esa “confesión” fuera inducida por la
promesa del indulto de Bolívar. En lo que parece haber certeza es que la
relación entre Sánchez Carrión y Bolívar llegó en un momento a ser altamente
intrigante y hasta tensa, porque se había desgastado hacia el final de la vida
del prócer. Raúl Porras Barrenechea desliza similar sospecha también: véase
Raúl Porras Barrenechea, “Elogio y vejamen de
52 Las nocivas acciones de Bolívar contra el Perú pueden encontrarse en Herbert Morote y Jaime Campodónico (editores), Bolívar: Libertador y enemigo número uno del Perú, Lima, 2007, segunda edición. Aunque vale la pena precisar que otros estudiosos le asignan un papel benefactor. El tema de la presencia de Bolívar en el Perú requiere una profunda revisión historiográfica que, por supuesto, es imposible abordar aquí.
53 Respecto a la ejecutoria política de Luna Pizarro, Pedro
Planas le reconoce un papel de primer orden en la primera década de vida
republicana, pero destaca la postura muy poco clara, y notablemente cambiante,
respecto a la descentralización en general, y al federalismo en particular.
Planas encuentra que Luna Pizarro es un federalista pragmático, dispuesto a
echar mano al centralismo o a la descentralización dependiendo de lo que pueda
convenir en el momento concreto por el que atraviese
54 Luna Pizarro fue uno de los principales impulsores e
ideólogos de
55 Como es el caso de Basadre, Porras Barrenechera, Ferrero Rebagliati y Planas, por ejemplo.
56 La diferencia entre derechos del hombre y derechos del ciudadano, aludida expresamente por Sánchez Carrión.
57 “El Perú da doscientos por uno; y si, allá en el norte,
todavía viven quienes quebraron con sus manos el tridente del Albión y están
percibiendo con sus ojos el éxito de su independencia, ¿por qué no nos ha de
tocar igual ventura? Por lo común se dice ‘de esto gozarán nuestros nietos;
nosotros no lo hemos de ver; de aquí a ciento o doscientos años se levantará la
hermosa perspectiva que nos pintan’. Y con tan melancólicas ideas, cáese el
fusil de la mano, suspírase por la dominación de faraón y vamos pasando. Amigo
mío, yo no pienso así: creo que en mis días será esta parte del globo una
nación respetable. Plantifíquese
58 En su papel de ministro de Estado, Sánchez Carrión
suscribió, a nombre de Bolívar, el Decreto de Aplicación de la pena capital a
los funcionarios que hayan tomado dinero de los fondos públicos, dado en Lima,
el 2 de enero de 1824. Véase: Félix Denegri Luna, Obra gubernativa y
epistolario de Bolívar. Legislación 1823-1825, Lima, Colección Documental de
59 Véase Luis León Pezzutti, El prócer olvidado. Apuntes
históricos masónicos, Lima, Impresiones y Publicaciones Enrique Bustamante y
Ballivián, 1935.

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