La columna política de Luis Bruschtein
Cristina Kirchner, la candidata que no fue
Página/12
30 de septiembre de
2023
Parece un reloj:
La exhortación del tribunal oral a la jueza
por la investigación que dejó incompleta y la declaración escrita de Brenda
Uliarte, una de las detenidas, más la entrega, por parte del diputado Gerardo
Milman, —después de meses de resistirse— de un celular que compró después del
atentado, constituyen evidencia, por lo menos de ineptitud de la jueza o de su
apuro para evitar esa vía de investigación.
La actividad de los acusados en las redes y
sus cuentas fueron clausuradas por las empresas tras el atentado. La jueza
pidió a las centrales de Nueva York el contenido de esas comunicaciones, pero
no esperó la respuesta. El tribunal oral le preguntó ahora si le sigue
interesando. Está demostrado que eran comunes en ese activismo las menciones al
asesinato de Cristina Kirchner, a veces en broma, a veces como fantasía o como
lo que deberían hacer.
En su declaración escrita Uliarte confesó que
el autor material del intento de magnicidio, Fernando Sabag Montiel, le había
dicho que hablaba siempre con “Carolina, la secretaria de un amigo”. Carolina
Gómez Mónaco es la secretaria de Milman, quien, según Uliarte, financiaba a
grupos para que fueran a provocar frente al domicilio de Cristina Kirchner. Y
su conversación con Milman dos días antes del atentado, que fue escuchada en
forma accidental por otro parroquiano del bar donde se encontraban, fue la que
relacionó a Milman con el hecho criminal. A un comentario de su secretaria, el
diputado respondió sonriente que “cuando la maten yo voy a estar camino a
Todos los celulares de esa causa tuvieron
problemas. El de Sabag Montiel fue manipulado y, sospechosamente, su contenido
se borró por impericia de los que lo abrieron. Los celulares de las secretarias
de Milman fueron borrados en una oficina de Patricia Bullrich antes de
entregarlos. Milman se negó a entregar el suyo. Y ahora, tras meses de negarse,
entregó un aparato cuyo modelo se empezó a vender después de la fecha del
atentado.
Ivana Bohdziewicz, la otra secretaria de
Milman denunció que fue intimidada cuando decidió declarar ante
Tantas anomalías para impedir la investigación
de las comunicaciones despiertan muchas sospechas y dejan algunas conjeturas. La
primera es que si tanto importó destruir, ocultar o cambiar los celulares, es
porque podían revelar contactos, todos relacionados con activistas, dirigentes
y empresarios macristas. Uliarte afirmó que Sabag Montiel era incapaz de
planear el atentado por sí mismo, que por su personalidad, necesitaba un
encuadramiento, un soporte. Al mismo tiempo las maniobras del entorno de Milman
y del mismo diputado han sido tan elementales, como entregar un celular que
compró después del atentado, que resultó evidente que confiaban en
complicidades dentro del Poder Judicial.
La declaración de Uliarte dejó en claro que
participaban en reuniones de Revolución Federal, que había una relación entre
los dos grupos, lo que tampoco se investigó aunque se demostró que Revolución
Federal recibía cifras millonarias de una empresa de la familia Caputo, muy
ligados a Mauricio Macri.
Roto el vínculo económico, este grupo de
choque que operaba con el macrismo se enroló ahora en las filas de Javier
Milei y sus dirigentes más conocidos participan en
los actos de los falsos libertarios.
La atención puesta en el proceso electoral y
la abundancia de información que produce manda a un segundo plano los hechos de
persecución judicial contra Cristina Kirchner. Pero, de alguna manera, tanto la
elección presidencial del 2015, cuando ganó Mauricio Macri, uno de los
principales contratistas del Estado, como el actual proceso electoral, han sido
el producto de esa persecución.
El respaldo que han tenido candidaturas como
las de Macri en su momento o ahora la de Javier Milei constituyen un síntoma de
algo que no funciona en el sistema. Hay una interferencia
en los sentidos que la sociedad utiliza para decidir. De esa forma, lo que está
interferido es el funcionamiento de la democracia. Todo el mundo tiene derecho
a ser candidato pero hay razones elementales que ponen algunos límites, como el
de no cometer suicidio.
Que uno de los principales contratistas del Estado
haya presidido el Estado con el cual hace negocios millonarios constituye una
metáfora más clara que la famosa del zorro que cuida el gallinero. Desde
el punto de vista de una ética republicana es la peor figura que se pueda
encontrar en la historia de este país.
Seguramente habrán confluido muchas causas
para que se produjera este fenómeno donde eran tan evidentes y previsibles las
consecuencias funestas para el Estado, para el país y sus habitantes. Pero uno
de esos factores era convencer que el único interés de sus adversarios,
no de él, era hacer negocios. Tenía que poner el foco en otro lugar, hacer
creer que los chorros eran los otros. La complicidad de los medios hegemónicos,
el espionaje y la manipulación de funcionarios judiciales fueron los insumos de
este formidable dispositivo de enmascaramiento. Y la persecución judicial o
lawfare a sus adversarios fue la herramienta principal.
Encima, este gobierno, que sufrió los efectos
arrasadores de la pandemia, la guerra y la sequía, no supo resolver la
situación que dejó Macri con el país endeudado hasta las cejas y como rehén del
Fondo Monetario Internacional. El malhumor por la inflación y situación
económica en general, sumado a esa fenomenal máquina de enmascaramiento, que no
se desmontó, produjo ahora otro candidato al que otra vez le oculta el cartel
que lleva en la frente que dice: “desastre seguro”.
P/D Escribí esta columna con la
sensación de que quedará incompleta. Faltará la columna de mañana de Mario
Wainfeld, un querido compañero y amigo. Tuve la suerte de compartir con él esta
hermosa aventura que es el periodismo.

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