La mirada de Mónica Gutiérrez
Riesgo de implosión
Corren días de
incertidumbre. Ingresamos a un octubre tempestuoso con más dudas que
certezas. El país entero vive la vigilia de las elecciones generales en
“estado deliberativo”. En todas las casas se discute a quién votar.
Al interior de
las familias, en grupos de amigos y compañeros de trabajo, en cafés al paso y
sobremesas, el debate acerca de las opciones que presenta la oferta electoral
está abierto y replica nuevas versiones de la grieta. De la impronta emocional
a un estado más reflexivo no exento de tensiones en orden a decidir el voto.
De la abulia que
produce el hartazgo y el enojo con la dirigencia política, a la urgencia por
involucrarse frente al tsunami que amenaza llevarse todo puesto. A la
preocupación la desborda el miedo. La necesidad de reponerse de la angustia
frente a un futuro inmediato que aparece incierto levanta discusiones y
posicionamientos. Despega un hilo de esperanza.
El inesperado
resultado de las PASO marcó un corte en la expectativa de la mayoría. La
irrupción de la tercera fuerza rompió el escenario y disparó nuevas ansiedades.
Las pocas coincidencias que arrojan encuestas y focus group solo sirven hasta
aquí para aumentar el creciente nivel de incertidumbre.
Analistas y
consultores no arriesgan pronósticos. No se animan. Hablan de un escenario
electoral de tres tercios, dicen que la moneda está en el aire, que cualquier
resultado es posible. Admiten la impotencia para predecir qué pasará. Aseguran
que la definición se jugará en los bordes, en los márgenes.
El arrasador impulso ganador de Milei comenzó a ralentizarse. Está detenido. No crece. Es poco probable que se imponga en una primera vuelta. Apenas por detrás, los candidatos presidenciales del oficialismo y de Juntos por el Cambio se disputan el segundo y el tercer puesto en orden a entrar al balotaje. La diferencia entre ambos es muy finita.
Crease o
no, Sergio Massa es percibido como competitivo, cuenta con una
ventaja en relación a Patricia Bullrich.
El
ministro-candidato, que despliega sin reparos la artillería pesada que le da el
poder, parece estar reteniendo los votos de Unión por
La interna de la
coalición opositora resultó devastadora, generó daños difíciles de restañar.
Los perfiles están desdibujados, las definiciones aparecen borroneadas. Cuesta
remontar la confusión y perplejidad que dejó agosto. La mezquindad política de
los aliados también pesa.
La encuesta de
satisfacción política y opinión pública -ESPOP- que presentó esta semana
El 88% de los
encuestados se manifiestan insatisfechos con la marcha de las cosas. Los más
perturbados por esta sensación son los millennials. Entre este grupo etario el
malestar alcanza al 98% de la franja. Son los que fogonean la esperanza de
cambio, los que militan Tik Tok y boleta en mano, precipitando a sus mayores a
romper con todo lo conocido, aún a riesgo de un “salto al vacío”.
Al tope de las
preocupaciones está la inflación, seguida por la inseguridad y
la corrupción. Consultados por el cambio de voto, el 55% asegura
que repetirá su voto, el 23% no sabe aún qué hará y el 16 % piensa cambiarlo.
Frente a un escenario de balotaje: Milei estaría imponiéndose con una leve ventaja sobre Massa pero si le toca competir con Bullrich estaría en empate técnico. Este último dato entusiasma a los bullrichistas pero llegar a noviembre no parece una tarea fácil. Los indecisos y los que no saben ni contestan definirían la segunda vuelta.
El 22 de octubre
es el día D. El que se queda afuera desaparece por desintegración.
Si Patricia
Bullrich no logra entrar al balotaje, Juntos por el Cambio implosiona. Ya
hay quien están evaluando qué posibles realineamientos producirá esa
detonación.
Sergio Massa hizo
un invalorable aporte a esa idea de fragmentación. La maléfica foto en la que
se mostró rodeado por Gerardo Morales y Gustavo Valdez, entre otros
gobernadores del Norte Grande disparó envenenadas suspicacias. Este viernes
volvió a engolosinar a los despechados de la oposición con conformar un
gobierno de unidad nacional en caso de llegar al poder. El hombre no da puntada
sin hilo. Toda la carne al asador.
Morales aseguró
ser un soldado de Patricia y jugar solo por y para ella pero respondió a los
dichos de Mauricio Macri, quien afirmó que “el populismo es contagioso”, con
otra frasecita que se las trae “hay un liberalismo extremo”. Cuando el río
suena, agua trae.
El PRO,
como espacio político, también corre riesgo de detonación.
El tibio apoyo de
Mauricio Macri a la causa de su espacio y los sostenidos y amorosos guiños
al mileismo en carrera están generando resquemores de los que
difícilmente se pueda volver. Hay dirigentes amarillos juramentados en hacer
volar todo por el aire si el ex presidente se involucra con Milei.
Si quien se queda
en el andén es Sergio Massa, el peronismo entrará en proceso de
disolución. En ese caso el ministro candidato no tendrá ni siquiera
capacidad para liderar la oposición. Pero puede que reserve para sí un premio
consuelo. Algunos lo ven gestionando un pacto Massa-Milei. Llegado el caso,
podrá entretenerse desplegando su desenfadado expertise para ejercer el poder
desde la sombras. Capacidad y audacia para reinventarse le sobra.
Santiago
Kovadloff, lo puso en palabras. Durante una entrevista con Luis Novaresio hizo
un pronóstico inquietante: “Massa y Milei pueden terminar siendo aliados porque
se fortalecen respondiendo a necesidades recíprocas: estructura partidaria para
Milei y presidencia de
Guillermo
Francos, no se anduvo
con vueltas: si gana Milei el sistema político estalla, aseguró. En ese caso
habrá que barajar y dar de nuevo. El designado ministro del Interior de un
eventual gobierno de
Milei se ausenta
de todos estos asuntos. Se sabe que no le gusta la rosca política. Al menos eso
sostiene Francos. Esta semana se borró generando todo tipo de sospechas. Se
emprolijó el look para visitar a Marc Stanley. El embajador norteamericano no
tardó en subir la selfie. No se registró el mismo apuro por parte de los
libertarios para viralizar la mediática escena. Tras el encuentro, Milei dio de
baja compromisos asumidos con anterioridad y desapareció de todos los radares.
Ni siquiera se expresó sobre las andanzas del también desaparecido “Chocolate”
Rigau, una escena que la casta le puso en bandeja y que él prefirió dejar
pasar. Todo muy sugestivo.
El borrón del
libertario reavivó las dudas que genera su estabilidad emocional pero lo
preserva de tener que confrontar con el establishment de la política del que
ahora parece va a necesitar si quiere llegar y sostenerse en el poder .
El recule a la
hora de presentar como ejecutables sus más encendidas consignas de campaña y,
sus revolcones con algunos conspicuos miembros de la casta, parecen estar
haciendo impacto en su celestial ascenso.
“Las fuerzas del
cielo” empiezan a enfrentar la cruda realidad. Entre las delicias del paraíso y
las penurias de la tierra se abre un abismo insondable.
El
escalofriante 40% de pobreza reportado por el INDEC atrasa un
semestre. No alcanza a reflejar el estrago que la devaluación post PASO ni el
estropicio, todavía difícil de ponderar, que generarán las medidas con las que,
a lo Robin Hood, se despachó Massa en su desesperada carrera hacia las urnas.
El festival de
bonos, devolución de gravámenes y proyectos de ley con las que el ministro
hiperactivo festeja al candidato en estos días solo augura más inflación y más
penurias para todos. También preludia otra implosión, la de las cuentas
públicas.
A la bomba de las
leliqs, los 40.000 millones de dólares que se debe a los importadores y los
16.000 por el juicio perdido por YPF se suma la emisión descontrolada que
demanda la generosa repartija del ministro-candidato.
A la hora de
pensar el sacrosanto voto en las generales habrá que tener en cuenta todas
estas cuestiones. Frente a un panorama tan desolador no sólo se trata de
decidir a quién se quiere dar una oportunidad sino también a quién se pretende
desalojar para siempre del poder.

Comentarios
Publicar un comentario