La pregunta de Karina Micheletto
¿Para qué sirve el debate presidencial?
Página/12
30 de septiembre de
2023
¿Para qué sirve un debate presidencial? ¿En
cuánto aporta al declamado "pluralismo y fortalecimiento
democrático"? ¿Resulta una instancia eficaz para que la ciudadanía conozca
más a fondo propuestas y plataformas? ¿En cuánto prevalece la forma -- lo
televisivo, el recorte de las redes, el golpe de efecto-- y en cuánto el
contenido? Y en el contexto tan particular de estas elecciones, ¿quiénes
tienen más para ganar o perder al enfrentarse a este formato? Son
cuestiones que comienzan a recortarse como incógnitas en las horas previas al
primer debate que reunirá el domingo en el Centro de Convenciones Forum de
Santiago del Estero a Sergio Massa, Javier Milei, Patricia Bullrich,
Myriam Bregman y Juan Schiaretti, y que tendrá una continuidad el domingo
8, en
El impacto
en el voto
El politólogo Augusto Reina,
director de Pulsar, el observatorio de
Lo define como "el evento
político aislable de mayor impacto de audiencias en toda la campaña, en
el nivel de conocimiento de los candidatos y de las
propuestas". Repasa los 30 puntos de rating de los últimos debates
presidenciales en
El estudio de 2019 consultó a 110 personas de
distintas identidades políticas antes y después del debate, para buscar ver la
variación del voto; también desarrolló una aplicación que fue tomando las
reacciones de cada una en tiempo real. "En nivel de conocimiento, la
variación fue enorme. En intención de voto, marginal: un 1,5%. Pero cuando las
diferencias entre el primer y el tercer candidato son tan reducidas, es una
gran diferencia", advierte Reina. Repetirán el estudio el próximo 8 de
agosto, y también en el debate del balotaje, de producirse.
Lo que
puede pasar
"Tiendo a descreer de los eventos únicos
que generan impactos únicos, la forma adecuada de ver estos procesos
electorales es por acumulación por errores o aciertos", marca el analista
político Gustavo Córdoba, director de Zuban, Córdoba y Asociados.
Agrega, sin embargo, que "puede ser determinante para un
escenario puntual, pasar o no la vuelta del balotaje. Pero no es el caso porque
acá ya estamos en situación de balotaje", arriesga. En base a
sus estudios Córdoba visualiza un Milei estancado, que "está cometiendo
errores por sentirse ganador y puede pagar un costo por eso", y a un Massa
que, a números de hoy, se mete en segundo lugar en ese balotaje. "De modo
que el impacto más grande lo va a dar el debate del debate, el impacto
posterior con la proyección de las redes sociales", anticipa.
El sociólogo Alberto Quevedo, que
participó en varios entrenamientos de debates en distintas campañas,
"semblantea" a los protagonistas: "Este domingo creo que va a
haber un debate muy racional. La izquierda suele hablar para sus convencidos, y
sería un error que Myriam Bregman siguiera ese camino. A Schiaretti, que
tiene tan baja presencia política a nivel nacional, le va a servir mucho para
que lo conozcan, y creo que va a hacer una especie de exaltación de la vía
cordobesa de la democracia, del peronismo cordobés, no creo que sea muy
agresivo", enumera.
"La expectativa de agresividad está en
Milei, como se sabe, pero creo va a comenzar muy tranquilo y racional, para
enfocarse después en ser agresivo, sobre todo con Massa", continúa.
"Y Patricia Bullrich va a ser agresiva casi exclusivamente con Massa,
va a buscar identificarlo con el kirchnerismo, su leitmotiv, y le va a
interesar demostrar que ella es la gran opositora al kirchnerismo. Massa
va a tratar de ser muy racional, propositivo, va a hablar como hombre de
Estado, desde el lugar de presidente. Se va a presentar como una garantía
de diálogo y convivencia democrática".
Forma y
contenido
Establecido por ley en 2016, con la
organización a cargo de
En el repaso de la experiencia previa aparece
la frase preparada, eficaz por lo sintética y en sintonía con la demonización
mediática de la época: "¿En qué te han transformado, Daniel? Parecés un
panelista de 6, 7, 8". El beso con Juliana Awada, también
amplificado --y ensayado, se confirmó después--, frente a un Daniel Scioli que
se limita a observar, un tanto impávido en el gesto congelado. Son los momentos
que probablemente quedaron más fijados del debate presidencial de 2015, que
podría considerarse el paso previo a la ley que lo reglamentó. Ya en 2019,
instaurado por ley, hubo otras fotos que quedaron fijadas, en sentido inverso:
la foto de un Macri excesivamente maquillado, que le daba un gesto artificial,
como ausente, mientras el resto de los candidatos sonreía distendido en la
previa del debate, por ejemplo.
Los recortes que se comparten en las redes, la
transformación inmediata de todo contenido recordable en meme, forman a esta
altura una parte intrínseca de todo lo que sucede en el debate.
* ¿El efecto puede entonces más que los temas? "Es
cierto que lo gestual juega un rol muy importante, y las fotos y el uso de las
cámaras marcan un efecto, aunque esté reglado por ley. Pero hubo un
interés de la ciudadanía por introducir un tema que faltaba, derechos humanos,
quiere decir que los temas también importan", relativiza Quevedo.
"Las famosas propuestas que son exitosas son las que son simples, directas
y se pueden resumir en una frase. Dolarización, por ejemplo, es sencilla.
Ahora, cuando la empieza explicar, se vuelve engorrosa",
ejemplifica.
"¿Cuánto del que hoy vota a Milei dejaría
de votarlo porque grite o se desencaje en el debate, y al revés, cuántos que no
pensaban votarlo se sentirían atraídos por eso? Muy pocos o ninguno",
apuesta Córdoba. Relativiza de ese modo la "novedad" que puede traer
un candidato como el de
* ¿En qué consiste "ganar" o
"perder" un debate? Los consultados
coinciden en que, más que ganar, lo importante de una escena como esta es no
perder. Y, nuevamente, tratándose de un escenario tan particularmente polarizado
como el actual, cualquier dardo mal esquivado o lesión auto infligida
puede hacer la diferencia. Canalizada, amplificada y distorsionada, como se
dijo, por el formato televisivo, y principalmente por las redes, también en
tiempo real. "Perder puede ser caer en errores conceptuales, equivocarse
en datos o fechas, o en la argumentación. Pero también en otros errores: los
gestuales, los emocionales, irritarse, gritar. Más que pensar en ganar, los
candidatos tienen que pensar en ser sólidos en cuanto a los argumentos
elaborados previamente", observa Quevedo.
* ¿En cuánto importa la preparación
previa? Mucho, coinciden todos. Y es buena y deseable,
agrega Reina, que combate la idea de "coucheo", por la carga
negativa que connota la palabra. "Es importante prepararse si uno
quiere expresar sus ideas, buscar la forma de conectar con la ciudadanía.
Elegir en qué temas hacer foco, en cuáles confrontar. Y buscar frases de efecto
también, sintetizar con creatividad ciertas ideas. No todos se preparan igual,
en campañas anteriores se tendió a subestimar esto. Y en nuestros estudios
de 2019 encontramos que los dos candidatos que tuvieron mejor performance para
los entrevistados fueron Nicolás Del Caño y José Luis Espert. Justo los que, en
las entrevistas con los candidatos que también hicimos, nos dijeron que le
habían dado al debate un lugar estratégico y central, fueron muy concientes de
la oportunidad que significaba", cuenta. De esa experiencia se recuerda,
también, a Mauricio Macri como "buen alumno" en la preparación previa
(dedicado al entrenamiento con asesores), y a Alberto Fernández como el ejemplo
del candidato que se niega a dedicarle un tiempo a ese armado.
Quevedo coincide en que "es fundamental
que los candidatos estudien y se preparen", y que ninguna instancia previa
es poca. "En Argentina, desde hace varias décadas, hay candidatos que lo
hacen con intensidad: hasta se arma una escena previa de debate, con atriles,
conductor, gente que toma el lugar de otros candidatos y tiran provocaciones,
preguntas insidiosas, se 'actúa' la escena. Suele ser efectivo",
revela.
* ¿Y qué puede quedar tras el debate? El
objetivo más buscado y difícil es provocar algo que se transforme en un
elemento de conversación posterior, coinciden los especialistas. Y que ese
"algo" sea a favor, y no en contra, involuntariamente. Lograr
"sorprender", "no hablarle sólo a los propios",
"demostrar picardía, o sabiduría, o desnudar al otro", pero al mismo
tiempo hacerlo transmitiendo una idea propia, son las marcas de éxito, los
momentos que pueden definir la potencia de un debate. Algo que está por verse
en Santiago del Estero.

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