Picada de noticias en el recuerdo
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El tsunami político provocado por López
Hernán Andrés
Kruse (22/06/2016)
La escena
cinematográfica de la captura de José López, número 2 de De Vido, provocó un
tsunami político de impredecibles consecuencias. El gobierno nacional sigue
festejando con champagne el “affaire” porque durante un buen tiempo tendrá
material de sobra para hacer olvidar a la sociedad los graves problemas que la
afligen: inflación, desempleo e inseguridad. Sin embargo, no hay que minimizar
lo que acaba de suceder en un escondido convento de la provincia de Buenos
Aires ya que alude a una cuestión vital que hace a nuestra supervivencia como
sociedad civilizada: la corrupción. En su edición del domingo 19 de julio
Página 12 publicó un artículo de Horacio Verbitsky titulado “Orantes y
penitentes”, en el que rememora unas reflexiones del recientemente fallecido
Aldo Ferrer sobre la corrupción. En un ensayo titulado “Acerca de la
corrupción”, el ex ministro de Economía distinguió cuatro tipos de corrupción:
la corrupción cipaya y vernácula, la corrupción circunstancial y sistémica, la
corrupción pública y privada, y la corrupción globalizada y endógena. Para
combatir la corrupción Ferrer formuló propuestas para erradicarla “en el marco
de estrategias de desarrollo que movilicen el potencial del país, defiendan los
intereses nacionales y promuevan la equidad y el bienestar. De otro modo, seguiríamos
sometidos a los problemas que promovieron la corrupción, al mismo tiempo que
frustraron el desarrollo de
El
objetivo del gobierno es presentar el caso López, tal como lo hizo con el caso
Báez, como un ejemplo de corrupción sistémica dirigida desde el vértice del
poder por la ex presidente. Lo corrupto es el gobierno kirchnerista y,
fundamentalmente, las políticas que aplicó. Es fundamental, por ende, acabar
con esa corrupción sistémica porque ello provocará el fin del kirchnerismo. En
relación con este tema, Verbitsky cita a Pedro Biscay, director del Banco
Central, ex miembro de
En
opinión de Aldo Ferrer en los países desarrollados y en los países emergentes
que cuentan con una fuerte densidad nacional la corrupción se reduce al soborno
de quien dispone de un activo o de un servicio que no le pertenece. La
corrupción es, por ende, circunstancial. En los países subdesarrollados, como
el nuestro, la corrupción es sistémica. El ex ministro de economía lo
ejemplifica con “la imposición de un tipo de cambio sobrevaluado y la
desregulación de los movimientos de capitales que culminaron en el
endeudamiento hasta el límite de la insolvencia, generaron una masa gigantesca
de rentas especulativas y fuga de capitales y deterioraron el aparato
productivo y la situación social”. El menemismo constituye en este sentido un
ejemplo por demás elocuente. Si se aplica la tipología de Ferrer se concluye
que el escándalo protagonizado por López es mucho meno dañino para la sociedad
que las medidas adoptadas por Macri en estos primeros seis meses de gestión ya
que implicaron la transferencia de miles de millones de dólares de la clase
trabajadora a la élite económica, cuyos efectos se sentirán por generaciones.
Lamentablemente, un importante sector de la sociedad, hipnotizado por los
mensajes anti k emitidos por el poder mediático, es incapaz de comprender esta
diferencia. Como bien dice Verbitsky “para aprehenderlo requiere de una
operación abstracta del pensamiento porque la práctica cotidiana de los
consumidores masivos de infotainment televisivo
no permite abarcar los 4.200 millones de dólares anuales que deja de percibir
el Estado por retenciones a las exportaciones agropecuarias y mineras con el
consecuente desfinanciamiento de inversiones sociales” (…) “El robo de López
está a escala de quien compra un billete con la ilusión de ganarse la lotería y
cambiar de vida. Por eso impacta en forma demoledora” (…) “En eso consiste la
cultura de masas”. Pero ello no significa que se niegue la corrupción y sus
deletéreas consecuencias. Al respecto, expresa Pedro Biscay: “No podemos eludir
más la discusión frontal sobre la corrupción durante la última década. No es
sano, no es inteligente y deja sin herramientas a los movimientos sociales que
apuestan por opciones de gobierno populares. Quienes queremos defender estas
banderas y las políticas de inclusión social y de derechos construidas estos
años, tenemos la obligación de hacerlo. Así como frente al gatillo fácil y la
represión judicial oponemos políticas de control civil sobre el uso de la
fuerza y programas contra la violencia institucional, debemos construir
programas de prevención de corrupción que pongan en el centro de la escena el
rol corruptor de las empresas y los problemas de debilidad legal que favorecen
la corrupción”. Quizá un poco tarde el kirchnerismo descubrió la relevancia de
la honestidad pública. Lo que resulta indudable es que este escándalo favorece
políticamente al gobierno nacional. A juicio de Biscay, el presidente
necesitaba “de un escándalo como éste que vuelva todo lo demás delictivo: es el
efecto de la mancha venenosa. Es radiactivo porque todo lo que toca lo
contamina y expande su contaminación radialmente .Excede la incapacidad que
hemos tenido para pensar respuestas audaces y poderosas frente a la corrupción,
pero a su vez nos deja sin capacidad de respuesta porque al criminalizarlo
todo, nos vuelve cautivos de un mecanismo extorsionador que trasviste la
banalidad del mal en una virtud, el temor en seguridad, la opresión en libertad
y la dignidad de haber construido derechos en avergonzamiento público. Esta
lógica es mafiosa en sí y para sí. Se impone en los recintos parlamentarios, en
la justicia y en los medios televisivos. Es la única opción posible de
enceguecernos para que la matriz criminal del poder económico aumente el
endeudamiento externo como mecanismo de financiamiento de la fuga de capitales
a la par de asegurar que la pila de la rentabilidad financiera crezca obscenamente
mientras las pilas de la producción y el consumo se destruyan progresivamente”.
¿Cuál fue
el impacto social y político del caso “López”? Algunos de los consultores más
conocidos por la opinión pública, pese a tener visiones diferentes sobre el
asunto, coinciden en que fue un golpe fulminante para el kirchnerismo y que el
futuro dirá en qué medida afectó al propio peronismo. Para Roberto Bacman
(CEOP) “el caso López sorprendió a los argentinos por su extraña forma de
irrumpir en la escena con ribetes novelescos y componentes bizarros. La
corrupción volvía a mostrar otra de sus facetas, aunque esta vez de manera
contundente. No se trató de una denuncia, ni de una investigación judicial o
periodística, la que lo expuso esto ante la opinión pública. Fue el propio José
López, en un acto incomprensible, cuya posible explicación remite a hipótesis
de diferente tipo y tenor, quien en la fría madrugada del martes pasado comenzó
a tirar bolsas con dólares, euros y hasta monedas de países exóticos, relojes
de lujo y joyas a través de la medianera de un convento de General Rodríguez.
Es innegable que el hecho impactó, aunque también es innegable que a todos no
le afectó por igual. El kirchnerismo fue quien más sintió el impacto. Fue como
una trompada al estómago, escribió en su Facebook la ex presidente”. Eduardo
Fidanza (Poliarquía) opina que “es indisimulable el vínculo directo, sin
intermediarios, de López con Néstor y Cristina. Probablemente este caso
precipite nuevas imputaciones con la firme probabilidad de que Cristina vaya
presa. El impacto en el peronismo dependerá de su capacidad de distanciarse y
hacer control de daños, algo para lo que tiene mucha práctica”. Para Mora y
Araujo (Ipsos-Mora y Araujo) “no hay sector dentro del espacio político
kirchnerista que no acuse el impacto. La primera consecuencia notoria parece
ser el creciente debilitamiento-o aislamiento-de Cristina, la única persona que
hoy puede aspirar a ejercer un liderazgo del espacio. Espacio en retroceso,
liderazgo debilitado: eso dice todo”. Para Ricardo Rouvier no se puede negar el
impacto negativo que el caso López provocó en el kirchnerismo: “Es difícil
precisar el grado o la intensidad del impacto, eso se irá viendo, pero no hay
duda que ha dado en el blanco”. Artemio López discrepa con sus colegas: “El
caso López es un capítulo más de la saga destinada a desacreditar la gestión
kirchneristas en general e intentar dañar la imagen de la ex presidente
Cristina Kirchner. Es particularmente espectacular y el componente narrativo,
en especial su impacto en medios masivos, resulta muy eficaz para desplazar la
agenda de opinión pública hacia costados menos comprometidos para el
oficialismo que la aceleración de la crisis socioeconómica que ya asume una
magnitud inimaginable para sólo seis meses de gobierno”. En realidad, la
opinión de Artemio López se complementa con la de sus colegas. En efecto, por
un lado el caso López ha dañado severamente la imagen de la ex presidente y
golpeado con dureza el corazón de la militancia. Por el otro el revuelo provocado
por la forma en que López fue detenido y la millonaria suma de dólares que fue
encontrada a su lado termina siendo funcional al gobierno de Macri, muy
golpeado últimamente por la marcha de la economía. Por eso Cambiemos festejó lo
de López como si Argentina hubiera ganado
El caso
López provocó un impacto de tal magnitud que varios periodistas, analistas y
políticos decretaron el fin del kirchnerismo. Según Bacman, “es muy temprano
afirmarlo, sin riesgo de caer en la subjetividad. El golpe fue duro, pero un
importante segmento de la población sigue creyendo en otro modelo de país que
el kirchnerismo en el gobierno tuvo la capacidad de representar”. Quien sí lo
da por muerto, más que nada por una cuestión de deseos, es Morales Solá (

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