La nota de Martín Rodríguez Yebra
EL PRIMER
FRACASO DE JAVIER MILEI Y EL TEMOR QUE SOBREVUELA A LOS LIBERTARIOS
Fuente: La Nación
(*) Identidad Correntina
29/1/024
El corto plazo es enemigo de las utopías. Javier Milei se propone rescatar a Occidente de las garras del socialismo, promete una Argentina alemana en 30 años y quiere barrer con las viejas reglas de la política, pero se empantana en la tarea burocrática de poner en marcha un gobierno sin mayorías.
La
administración pública es todavía una obra en construcción, con decenas de
casilleros sin cubrir, funcionarios supervivientes de la gestión kirchnerista/massista y agentes
sin cargo que cumplen tareas medulares. La emoción del descubrimiento no
previene el vicio de las intrigas palaciegas, que le costaron el puesto esta
semana al ministro de Infraestructura, Guillermo Ferraro.
Milei
conduce el barco del poder con una técnica vanguardista. El sistema político
aún no lo descifra. Se pregunta, por ejemplo, por qué prefirió admitir un fracaso resonante, al retirar el capítulo fiscal de la ley
ómnibus, antes que resignarse al ejercicio de una negociación con
los sectores que se ofrecen a ayudarlo, en especial los gobernadores de lo que
fue Juntos por el Cambio.
“Se quiso llevar la ley a las patadas,
cuando tenía a la mano conseguir casi todos sus objetivos”, se lamentaba una
figura central del Pro, el grupo más afín a acompañar el derrotero libertario.
El rechazo a la suba de retenciones y al cambio de la fórmula de actualización
jubilatoria era mayoritario e insalvable, pero en los bloques que se
autoproclaman dialoguistas ofrecían opciones que permitieran alcanzar la
recaudación proyectada por el ministro Luis Caputo. Retrucan en
El paquete
fiscal es un compendio de las urgencias de un presidente en busca del
equilibrio fiscal, acosado por la suba de la inflación y bajo observación de
los mercados. La “ley Bases” parece una declaración de principios del rumbo de
liberalización que traza Milei, pero el capítulo del ajuste es el corazón que
hacía latir el proyecto. Ahí no
había idealismo sino necesidad. El economista que prometía cortarse un brazo antes
que subir un impuesto pedía un waiver doctrinario
para acometer desde el poder una herencia envenenada.
Ahora todo
empieza de nuevo, con el costo de las semanas perdidas y de haber erosionado la
confianza de socios con los que el Presidente está condenado a
entenderse. “Javier está tranquilo
con los resultados hasta ahora”, minimiza una fuente del
círculo presidencial.
El anuncio
sobre el desmembramiento de ley puso en pausa una rebelión de gobernadores
gestada a partir de una sucesión de tropiezos del dispositivo de intervención
política del Gobierno.
Milei había
desplegado sobre ellos una ofensiva que los tomó por sorpresa. Mientras el
ministro del Interior y embajador ante “la casta”, Guillermo Francos, los seducía por
teléfono, el Presidente y el ministro de Economía advertían que en caso de no
aprobarse el capítulo fiscal de la ley el peso del ajuste recaería sobre los
fondos destinados a las provincias.
“Cristina
también te decía: ‘Votá o te cortó el chorro’. Pero nunca lo hizo a cara
descubierta”, se
sorprendió un gobernador con experiencia en el cargo.
La presión
se incrementó el miércoles, el día del desangelado paro nacional de
El proceso
hacia aquella conquista pírrica fue un retrato del método disruptivo que aplica
Milei para interactuar con la política. Santiago Caputo, asesor de imagen del Presidente,
representó al Gobierno en las discusiones previas al plenario de comisiones que
dio luz verde al texto en la noche del martes.
Un diputado
lo describe reclinado en un sillón del despacho de Martín Menem, presidente de
Se
descubrieron discutiendo una estrategia narrativa y no política o
económica. Arrogancia y soberbia son
palabras comunes en boca de legisladores que asistieron al diálogo con Caputo.
El despacho
de Menem era una sala de experimentos ajena a las normas de la casa. El sobrino
de Carlos Saúl invitaba a diputados rasos a hablar de a uno. “Juegan con la
tentación de los que quieren ser el voto clave que ayudó a sacar la ley. Pero
eso complica a los jefes de bloque y desordena el debate”, explica un
legislador que firmó en disidencia el dictamen.
Apurados,
acaso temerosos de que el dedo acusador de Milei los señalara por poner palos
en la rueda, muchos de los integrantes del viejo Juntos por el Cambio firmaron
el texto “corregido” sin tiempo de revisar su contenido. Establecieron sus
disidencias en temas medulares, como las retenciones y las jubilaciones.
La serie
tendría un capítulo más cuando descubrieron que muchos de los cambios pactados
no se habían volcado al dictamen oficial. “Pecamos de ingenuos. No se puede
negociar así, a las apuradas y sin leer lo que firmamos. La urgencia es de
ellos, pero vivimos psicopateados
con la onda antipolítica que agita Milei”, se confiesa un
integrante del bloque arcoiris que conduce Miguel Pichetto.
Los gritos
llegaban desde las provincias. Martín
Llaryora, gobernador de Córdoba, descubrió que se habían
tragado lo pactado en el capítulo sobre biocombustibles, tema en el que se
involucró personalmente. “Lo vamos a acomodar en el recinto”, fue la respuesta
que recibieron sus diputados. El tucumano Osvaldo Jaldo rompió con el kirchnerismo a cambio
de mejoras para la industria azucarera. También quedó a la espera de que le
cumplan la promesa.
Dictamen fantasma
Menem quiso
atajar la crisis a la mañana siguiente y citó a diputados de todos los bloques
a un departamento de Recoleta que pertenece al secretario parlamentario, Tomás
Figueroa. Allí estaba Federico
Sturzenegger, autor intelectual de la reforma. Otros diputados
esperaban en el bar
Mientras
tanto, Luis Caputo apuraba
por las redes a los gobernadores. “Estaba harto de vueltas. Necesita recaudar y
avanzar de una vez”, señala una fuente del Gobierno. Pichetto explotó en
público ante lo que interpretó como una ingratitud. Llegó a decir que “no
pueden estar 4 años así”.
También se
fastidió el radical Rodrigo de
Loredo, al que algunos jefes provinciales de su partido achacan
ser demasiado dócil con el Gobierno. “Le recuerdo que los ministros no son
votados por la gente y están a disposición de decretos o de juicio político.
Que los gobernadores, en cambio, sí han sido votados por el pueblo de sus
distritos. Que la gente no votó un ajuste a los jubilados ni un aumento de
retenciones”, escribió.
La
posibilidad de un acuerdo se esfumaba. Milei empezó a coquetear con la idea de
retirar el capítulo fiscal del proyecto.
“Si
seguimos haciendo concesiones, se va a desvirtuar todo. Siempre van a pedir
algo más”, resumía con la decisión ya tomada un integrante del equipo
presidencial. La intención ahora es avanzar con manos libres hacia el ajuste
del gasto. Sugieren en el Gobierno que se recortarán programas sociales (del
Potenciar Trabajo) y se reducirán transferencias provinciales. Algunos, como el
chubutense Ignacio Torres,
ya sintieron el mismo viernes el impacto de fondos millonarios comprometidos
que debían llegar a su distrito y no aparecieron.
Ajustar 5
puntos del PBI para llegar al déficit cero parece una tarea ciclópea. Habrá un
intento de reconstruir una mesa de diálogo en busca de aflojar los recortes a
cambio de subas impositivas. Se dibuja el contorno de una larga batalla de
poder.
Un grupo de
gobernadores de la oposición dialoguista se juntó este sábado en un Zoom para
analizar cómo coordinarse. Lo curioso es que asistieron kirchneristas recientes
como Jaldo, el
salteño Gustavo Sáenz y
el misionero Hugo Passalacqua.
Internas y
filtraciones
En medio de
la semana de turbulencias, afloraron las internas libertarias. La caída intempestiva de Ferraro
quedó envuelta en la polémica por unas supuestas afirmaciones de Milei contra
los gobernadores en la reunión de gabinete del jueves. “Los voy a dejar sin un peso. Los voy a fundir
a todos”, se le atribuyó haber dicho.
A Ferraro,
un hombre de bajo perfil y escaso contacto con la prensa, se le cargó la cuenta
de haber ventilado “de manera
maliciosa” esa frase. Por supuesto nadie lo dijo a
micrófono abierto, pero el señalamiento surgió del núcleo más íntimo del poder.
La salida,
sin embargo, se enmarca en una disputa asordinada que el ahora exfuncionario
mantenía con el jefe de Gabinete, Nicolás
Posse, que primero bloqueó que Infraestructura tuviera bajo su
órbita el área de Energía y
después le intervino el control de las empresas públicas. Cerca de Posse le
imputaban a Ferraro arrogarse una autonomía que entorpecía la gestión
colectiva. La relación estaba al borde de la ruptura.
Horas antes
el jefe de Gabinete había maniobrado para expulsar al superintendente de
Servicios de Salud, Enrique
Rodríguez Chiantore, al que le endosaron supuestos
incumplimientos de los objetivos fijados y haber sido blando con los gremios
que pararon el país el miércoles. “Estoy
indignado”, reaccionó Chiantore y atribuyó el cese a la
decisión de Posse y de su asesor, Mario Lugones, de ocupar ese cargo
estratégico con gente de confianza.
Ferraro
hizo silencio público, pero explotó con dos colegas del Gabinete que lo
llamaron para despedirse: “No
puedo creer las formas”, dijo y negó haber filtrado una sola
palabra a la prensa.
¿Fue
Chiantore ineficiente en sus escasas semanas como funcionario? ¿Hay evidencias
de una imprudencia de Ferraro con el periodismo? ¿O asistimos al viejo
espectáculo de las internas políticas protagonizado ahora por los noveles
libertarios?
Un
incipiente temor se propaga en el oficialismo. La creciente figura de Posse, el
hermético encargado de traducir en acción los deseos de Milei, proyecta una
sombra sobre el resto del gabinete. Él es el verdadero superministro aunque la
chapa se la cuelgue Luis Caputo,
heredero formal de las responsabilidades de Ferraro. Algunos empiezan a cuidar
sus espaldas.
Las
internas se bifurcan. El fracaso del capítulo fiscal de la ley ómnibus dejó
tocado a Martín Menem.
El presidente de
En las
cercanías del poder hay voces que retoman la idea que en diciembre le acercó
Mauricio Macri a Milei de poner al
frente de
En el
Gobierno se resisten a hablar de más cambios. El Presidente quiere mostrar autoridad y ratifica que
el déficit cero es la prioridad, con o sin ley. Cueste lo
que cueste. Piensa apurar sin respiro a los opositores para que saquen la
delegación de facultades, privatizaciones y demás capítulos que sobreviven en
la ley ómnibus. Oscar Zago,
jefe del bloque de LLA, planteó incluso que ahora se debería volver a
considerar una cesión de poderes especiales de dos años y prorrogable, como
establecía el proyecto original.
Milei
retiene el látigo de la popularidad. Su juego va de la intransigencia a la
negociación. Del troleo en redes a los gestos agónicos de concesión, en un
flujo de acontecimientos donde lo accesorio a menudo tapa lo prioritario.
Su obsesión
pasa ahora por diseñar una versión alternativa y creíble del ajuste. Empieza a
correr contra el tiempo. El lunes le espera el juicio de los mercados, que
aprueban el rumbo, pero sopesan el escollo político de un gobierno en franca
minoría y sin un mecanismo sustentable para la aprobación de leyes. Así de
ingrato es el dinero: no juzga a una revolución por sus ideas sino por la
capacidad de llevarlas a la práctica.

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