La columna política de Luis Bruschtein
El miedo al 24
Página/12
23 de marzo de 2024
A pocos días de lo que se espera será el mayor
acto de masas para repudiar al golpe del 24 de marzo de 1976, una hija
de desaparecidos fue atacada en su domicilio, la editorial Marea, que publica
libros sobre derechos humanos sufrió la embestida brutal de 800 mensajes de
odio y Estela de Carlotto denunció que su teléfono estaba intervenido. La
defensora de la dictadura, Victoria Villarruel, apareció en una entrevista y el
gobierno prepara un video con la tesis de los amigos de los genocidas: “Hubo
una guerra donde se produjeron excesos”.
Durante la semana que pasó circuló la versión de
tanteos del gobierno en el ámbito judicial para indultar a los genocidas. Pero
antes de que la versión se extendiera,
Aunque no haya indulto, la intención oficial
quedó en evidencia. Fue también la confirmación de que este gobierno, además de
coincidir con la dictadura en su propuesta económica, también comparte el sesgo
autoritario del golpismo, al justificarlo y querer perdonarlo.
El negacionismo y la idea de la “justicia
tuerta” surgieron de la imposibilidad de negar las aberraciones cometidas por
los represores durante la dictadura cívico-militar que comenzó el 24
de marzo de
No pueden decir que eso no existió. Entonces discuten la
cantidad, si nueve mil o 30 mil, cuando en realidad, el horror y la
responsabilidad por esos crímenes no varía por su cantidad. Un militar que se
rebajó a torturar o a violar a una prisionera en la mesa de tortura tendría que
ser una vergüenza para sus camaradas. El secuestro y el asesinato sin juicio no
pueden ser aceptados por la sociedad. La apropiación de los hijos de los
prisioneros que después serían desaparecidos constituyó un acto repugnante, que
debería ser repudiado por los militares que no lo hicieron.
Y si querían juzgar a sus enemigos, deberían
haberlo hecho en vez de asesinarlos y desaparecerlos sin darles el derecho a un
juicio justo. Porque, a diferencia de lo que hicieron los genocidas, sus
enemigos eran civiles que no actuaban usurpando el Estado y, por lo tanto,
cualquier cosa que quieran juzgar ahora ya está prescripta para la ley. Los que
no prescriben son los delitos cometidos desde el poder político, ya sea una
dictadura o un gobierno surgido de elecciones. Está planteado así porque es
claro que --mientras no cambie-- el poder protegerá a los delincuentes y por lo
tanto no hay plazos de prescripción.
Ellos secuestraron, torturaron y desaparecieron
sin juzgar a nadie, por lo cual ahora los juzgados son ellos. Pero como ahora
son juzgados por esos crímenes y sus enemigos no, porque la mayoría está
desaparecida y porque cualquier delito que hubieran cometido estaría
prescripto, hablan de “justicia tuerta”.
Y tampoco hubo guerra, como siempre negaron los
mismos golpistas cuando estaban en el poder. Hubo represión. La dictadura nunca
aceptó que hubiera una guerra.
Ninguna democracia sana se podía fundar sobre la
base de ese horror. Ninguna democracia se podía fundar sobre la base del terror
que había instalado en la sociedad ese horror de la dictadura. No era tan
difícil comprenderlo. Si se quería sentar bases para una democracia
duradera había que repudiar y juzgar esos delitos. Con sus
limitaciones, con los obstáculos que surgieron, esa fue la razón de los juicios
y de la fuerza que tomó la lucha contra la impunidad que habían comenzado las
Madres durante la dictadura.
En todo hay política. Las aberraciones cometidas
por los genocidas han sido tan probadas y tan claras, que lo politiquero es
negarlas, como hacen Javier Milei, Victoria Villarruel y sus cortesanos. Un
gobierno democrático no puede justificar que en supuesta defensa de la
democracia se cometan esos delitos, como hace este gobierno, porque esa
democracia tendrá pies de barro.
En ese sentido, el hecho simbólico de los actos
del 24 de marzo, va más allá de los partidos políticos, e incluso de los
organismos de derechos humanos, para abarcar a cualquier ciudadano que aspire a
vivir en paz y en democracia, con diferencias de pensamiento y hasta con los
problemas y los conflictos que deben ser resueltos en ese marco de convivencia.
El pasado llena de significados al presente. No
es mirar hacia atrás o quedarse en el tiempo. Porque un gobierno que justifica
el terrorismo de Estado en supuesta defensa de la democracia, minimizará el
intento de asesinato de Cristina Kirchner, minimizará el ataque a una militante
de HIJOS y la revictimizará al decir que es un invento. Es un gobierno que
siembra la semilla de la dictadura y la violencia.
El paralelismo entre las políticas económicas de
este gobierno y el de la dictadura colaboran en la confluencia de todos los que
las repudian. El acto del 24 repudiará el golpismo y el autoritarismo del pasado
y del presente y las políticas de ajuste y hambre del pasado y el presente.
El problema más grave en este momento, incluso
más que el autoritarismo manifiesto, son los resultados de las medidas
económicas que han empobrecido a las clases medias y a millones de pobres los
llevó a condiciones inhumanas. El problema más grave es que la inflación se
duplicó con este gobierno, que ahogó a las provincias y que está destruyendo la
salud y la educación públicas.
Para el gobierno vale cualquier argumento que distraiga
la atención del drama económico, social y cultural. No se entienden de otra
forma el recrudecimiento de los ataques, las amenazas, la intervención del
teléfono de Estela Carlotto o la entrevista a la vicepresidenta y el video que
preparan. Por eso la convocatoria al acto del 24 incluyó, como todos los años,
una consigna de actualidad con el repudio al plan de ajuste.
A la convocatoria se sumó este año
El gobierno ordenó a los medios públicos que no
informen sobre la marcha, como ya había ordenado para que no se publicara
información sobre los gobernadores de Chubut, Ignacio Torres, o del bonaerense
Axel Kicillof. Hubo algún intento de organizar una contramarcha de los
libertarios truchos, pero la calle no es su fuerte. Surgieron de las redes, del
mundo virtual infestado de mentiras y manipulación. Desprecian la movilización
callejera. Ellos confrontan la calle con lo virtual, lo verificable con la
noticia falsa.
El gobierno se equivoca al pensar que se trata
de un acto de la militancia. El 24 tiene el peso simbólico de las grandes
movilizaciones como han sido el 17 de Octubre o el Cordobazo. Es la encarnación
del espíritu popular que no se resigna a vivir en el miedo y la injusticia.

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