El velorio de Perón
Cinco discursos clave en el
velorio de Perón: promesas de
unidad y defensa de las
instituciones que no
sucedieron
Ricardo Balbín, en nombre de la oposición
política: “Este viejo adversario despide a un amigo”
Llego a este
importante y trascendente lugar trayendo la palabra de
No sería leal si
no dijera también que vengo en nombre de mis viejas luchas, que por haber sido
claras, sinceras y evidentes, permitieron en estos últimos tiempos la
comprensión final. Por haber sido leal en la casa de las viejas luchas, fui
recibido con confianza en la escena oficial que presidía el presidente muerto.
Ahí nace una relación nueva, inesperada, pero para mi fundamental. Porque fue
posible comprender él su lucha, nosotros nuestra lucha, y al través del tiempo
y las distancias conjugar los verbos comunes en la comprensión de los
argentinos. Pero guardé yo en lo íntimo de mi ser, un secreto que tengo la
obligación de exhibirlo frente al muerto, ese diálogo amable que me honró. Me
permitió saber que él sabía que venía a morir a
Frente a los grandes muertos tenemos que olvidar todo lo que fue error. Todo cuanto en otras épocas pudo ponernos en las divergencias y en las distancias. Pero cuando están los argentinos frente a un muerto ilustre tiene que estar alejada de la hipocresía y la especulación para decir en profundidad lo que sentimos y lo que queremos. Los grandes muertos dejan siempre el mensaje.
Sabrán
disculparme que en esta instancia de la historia de los argentinos,
precisamente en estos días de julio, hace 41 años, el país enterraba a otro
gran presidente, el doctor Hipólito Yrigoyen. Lo acompañó su pueblo con fuerza
y con vigor. Pero las importantes divergencias de entonces, colocaron al país
en largas y tremendas discrepancias. Como un símbolo de la historia. Como un
ejemplo de los tiempos. Como una lección para el futuro. A los 41 años, el país
entierra otro gran presidente. Pero la fuerza de
Este viejo
adversario despide a un amigo. Y ahora, frente a los compromisos que tienen que
contraerse para el futuro, porque quería el futuro, porque vino a morir para el
futuro, yo le digo señora presidente de
Teniente General Leandro Enrique Anaya en
nombre de las Fuerzas Armadas
El país vive un
doloroso trance. El ejército une su dolor al luto de
La vida militar
activa del teniente general Perón cubre la primera mitad de este siglo. No la
reseñaré aquí y ahora. Me limitaré tan solo a enunciar sus principales jalones,
pues en ellos se van enhebrando su personalidad, su formación, su pensamiento
filosófico, su cultura, sus inquietudes, es decir, su ser trascendente. Creo
que sus pasiones se corresponden a las etapas de su vida castrense. La
educación de la juventud militar. El estudio y la enseñanza de las ciencias de
la guerra y la acción en la montaña. Luego su otro perfil, el definitivo.
Coronel primero y general de la nación después, es el militar que trasciende
del marco específico y se inserta en el plano nacional. Desde aquí el arquetipo
del conductor político militar. Es su sentida vivencia militar la que le
permite tomar conciencia del país real, con sus necesidades, sufrimientos y
afanes del hombre argentino. Es consecuentemente el transcurrir de Perón
militar lo que impulsa al Perón político a enarbolar decididamente la bandera
de la justicia social con estricto carácter nacional.
Dedicó más de
medio siglo de vida a servir a la patria a la que tanto amó. Tuvo dos grandes
pasiones: el ejército y su pueblo. De ahí su inocultable y permanente
preocupación por mantener indisolublemente unidos a ese binomio de una misma y
fundamental ecuación. Prueba de ello es que nos deja revistando en servicio
activo, ostentando la más alta jerarquía militar y brindándose hasta su último
aliento por la felicidad de su pueblo.
El ejército no
despide solo al militar. Ello sería parcializar su personalidad omitir su
esencia, la de conductor de la nación. Esa es la esencia que transforma a un
hombre público de su talla en la figura política nacional de este siglo y que
más aún lo proyecta trascendiendo los límites de nuestro suelo como intérprete
de los pueblos del mundo que buscan en la justicia el equilibrado desarrollo de
las potencias que Dios ha dado a la criatura humana. Lamentablemente, la muerte
que pudo llegar a ser la rúbrica natural de su obra cumplida, se troca en esta
circunstancia en la interrupción imprevista de un destino en gestación.
La desazón
enturbia el futuro buscado al arrebatar a la nación una nueva esperanza. Pero
para el pueblo argentino que ha demostrado en las adversidades su fuerza viril,
esta desgracia no puede significar sino un desafío. Ha llegado el momento de
demostrar una vez más que si la nación llora la muerte de quien había sabido
resumir en sí la voluntad de un pueblo, los argentinos también somos capaces de
tomar todos y cada uno el testimonio del capitán caído. Solo nos resta
estrechar las filas en pos de los principios fundamentales de la nación y
apoyar sin retaceos y mancomunadamente a quien recibe por imperio del legado
constitucional, tan pesada carga para alcanzar la meta fijada. Este será el
mejor homenaje a un luchador por excelencia, un luchador que produjo hechos,
que hizo historia. Las grandes pautas están fijadas. La gran consigna de Unión
Nacional que el teniente General Perón enarbolara no puede quedar trunca. Es el
imperativo de la hora al que ninguno que sienta el verdadero orgullo de ser
argentino puede restar el más mínimo esfuerzo.
Mi general, la
hora 13 y 15 del 1 de julio de 1974 marca el momento definitivo de vuestra
desaparición. Pero al mismo tiempo señala el inicio de una nueva etapa del
proceso institucional en el que vos y el país han comprometido a todos y cada
uno de sus hijos en la búsqueda en paz del destino de grandeza que anhelamos
para nuestra patria. Sabemos que a partir de esa infausta hora, los enemigos de
todos los argentinos, tanto internos como externos, redoblarán sus indignos
esfuerzos para quebrar la magna obra de unión nacional que vos conducías. Pero
os aseguro, señor General, que no lo conseguirán. Hoy y aquí, frente a vuestro
cuerpo yacente y en presencia de vuestra alma inmortal yo, como Comandante
General del Ejército Argentino, os reitero nuestro compromiso de apoyar con
toda decisión y con todos los medios a nuestro alcance, la continuidad del
proceso institucional en desarrollo.
El Ejército
Argentino viste hoy el negro crespón de la muerte. Pero no se siente solo,
porque a la congoja consecuente por la desaparición de uno de sus hijos, se une
también el inmenso dolor de la nación ante la desaparición de su conductor. En
las palabras que acabo de expresar está incluida por expreso pedido de los
señores Comandantes Generales de la armada y Fuerza Aérea, la emocionada
despedida de sus camaradas de armas a quien fuera el comandante en jefe de las
Fuerzas Armadas y Presidente de
Carlos Saúl Menem, en nombre de los
gobernadores: “Perón, más que la expresión de un pueblo, fue el pueblo mismo”
Querido maestro y
Presidente. Las provincias argentinas representadas por sus gobernantes, no
podían estar ausentes en este adiós postrero al más grande de los argentinos de
este siglo. Por ello, en la voz del interior, que es el de
Los líderes no se
generan por propia determinación, sino por determinación de un pueblo que se
siente representado multitudinariamente en sus anhelos más recónditos y en sus
frustradas esperanzas de redención, de años de peregrinaje insatisfecho. Por
eso Perón, más que un líder de Argentina, fue un líder de América y del mundo,
que sin duda alguna se unen en esta inconsolable tribulación nacional. No ha
dejado, según sus propias palabras, más herederos que su pueblo. Sin duda
porque sabía que la patria está en el pueblo y solo el pueblo unido en el
programa nacional que él elaborara, podrá resguardar el futuro de
A su regreso del
arbitrario exilio, traído de nuevo por la voluntad masiva de las fuerzas
populares, deseosas de consumar en el país el gran cambio que el país reclama
clamorosamente, lanza la gran convocatoria a la unidad de todos los argentinos
por encima de sus banderías partidarias, y consigue, por primera vez en los
anales de
No ha habido
desencuentros que Perón, con sus llamados cívicos, no haya querido y logrado
superar en la definitiva entrega de su vida para la concreción de su gran
ideal, ver a todas las instituciones de
San Pablo, al
término de su existencia, pudo acuñar acuñar estas palabras de apóstol: He
librado buen combate, he terminado mi carrera, he guardado mi fe. Este otro
apóstol y arquetipo de la civilidad que se nos va para penetrar en la historia
y en el bronce también pudo repetir las palabras del apóstol Pablo, porque él
también libró buen combate por su pueblo y por su patria, y porque también supo
guardar su fe acrisolada y la fe de su pueblo, que debe estar unido ante su
ejemplo y su voz.
Raúl Alberto Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación
Un capítulo de la historia argentina ha sido realizado en plenitud por este gigante americano, que trascendiendo con su acción las fronteras de la patria. La colocó en el concierto de las naciones en una posición de respeto internacional y de independencia. Capítulo de la historia que ha dejado proyectado como la más valiosa herencia para nuestro presente y futuro, el de un país camino a su liberación y de una América Latina consciente de su rol protagónico en el mundo.
Al regresar a la tierra que lo vio nacer, luego de un largo ostracismo, volvió sin odios y sin amargura, mostrando la inconmensurable grandeza de su espíritu al ofrecer su mano amplia y generosa a los amigos de siempre y a los adversarios de ayer, para construir la historia común de una Argentina liberada. Trajo de España las últimas energías de su corazón angustiado para ofrendarlo con la abnegación de un mártir en el aura sagrada de su patria añorada. Podía haberse quedado en su tranquila casa madrileña. Podía haberse ahorrado los últimos esfuerzos que habrían de acelerar su muerte. Prefirió tributarlos a lo que se había dado por entero como vocación a la unidad nacional. Esa unidad que los argentinos venimos buscando desde los albores de la independencia, desde el fondo mismo de nuestro ser. Porque este no solo constituye el horizonte cierto de nuestra propia identidad como nación, sino la prenda indispensable de la reconstrucción del país y del hombre argentino. Y sembró lo que estaba convencido yacía en la raíz del pueblo. En el mundo de sus valores, un inmenso deseo de paz y un hondo afán de justicia. Para lo cual nos parece escucharlo todavía con la potencia demoledora de su voz profética.
El Congreso de
Aún nos parece
observar su figura de prócer marcando el rumbo a un pueblo que lo siguió con fe
y lo secundó con entusiasmo en el duro camino de su lucha. Este mismo pueblo
que hoy comprende que hay una consigna que cumplir, que hay una promesa que
hacer sobre su tumba augusta. Ese mismo pueblo que siente con la señora Isabel
su misma angustia y que por eso se compromete a acompañarla, a seguirla, a
secundarla para cumplir a través de su palabra rectora, el legado genial de
Perón. Mi general, quisiera que mi modesta palabra adquiriera en este instante
sonoridades de gloria para decirle en este infausto momento de la despedida,
que al andar por los caminos de la patria siempre lo veremos a nuestro lado con
su arrogancia de soldado, su gesto inconfundible de conductor y su corazón
latiendo permanentemente al lado de su pueblo. Amado General, Descanse en paz.
Lorenzo Miguel, en nombre de la 62
organizaciones: “Nació para no morir porque no muere la memoria de los pueblos
"
Excelentísima
señora Presidente de
Aquí estamos, mi general, junto a vos, como en cada jornada vivida desde aquella venturosa tarde de 17 de octubre. Aquí estamos, mi general, portando como ofrenda el sacrificio de nuestros mártires, de todos aquellos que dieron su vida tras el ideal que los forjaste. Aquí estamos para renovar nuestras promesas de lealtad, para decirte que todo cuanto sembraste en tu pueblo trabajador será semilla de frutos portentosos, como lo quisiste para tu patria justa, libre y soberana. Y aquí estamos para decirte que la doctrina que nos enseñaste jamás será borrada de nuestras mentes y de nuestros corazones.
Las 62
organizaciones nacieron para que la doctrina justicialista viviera. Los
avatares de una lucha que se prolongó en más de 18 años ratificaron la lealtad
absoluta a nuestro conductor. Desde el llano armamos nuestras estructuras de
acción. Mancomunados en un mismo ideal fuimos jalonando las diferentes
instancias del proceso injusto que nos tocó vivir, la defensa de las conquistas
sociales que los trabajadores habían recibido como legado del gobierno
peronista, conjuntamente con la acción política como rama integrante del
Movimiento Nacional Justicialista. Las 62 organizaciones como expresión
política del gremialismo peronista escribieron, bajo la guía de su conductor,
páginas de gloria en la historia del movimiento obrero argentino. Ni la
represión, ni el halago, ni la confusión interesada, ni además los asesinatos
de sus hombres, quebró la unidad íntima y total entre el sindicalismo peronista
y su líder. La vocación revolucionaria de sus dirigentes y de sus bases. La
fidelidad doctrinaria y la ejecución de las directivas de Perón le confirieron
una creciente responsabilidad. Esa responsabilidad determinó la transformación
de la sociedad argentina y la apertura del cauce que habría de posibilitar el
retorno incondicional de su líder al poder.
Que quede bien en claro que esta vocación revolucionaria, esa apetencia de cambio y transformación de las estructuras sociales, fueron siempre encuadradas dentro de los principios con las que el general definió su doctrina. Su contenido nacional nos aleja de todos los imperialismos. Su imperativo popular nos hace rechazar todas las oligarquías y todas las burocracias. Su dimensión cristiana nos hace palpitar, junto con nuestra compañera Isabel, fiel discípula de su maestro, cuando nos pregona un humanismo trascendente, capaz de liberar a las personas humanas de todo vasallaje.
Cómo no
expresarte, mi general, el agradecimiento al reconocimiento manifestado el 1 de
mayo último en tus palabras, cuando dijiste ‘por eso, compañeros, quiero que
esta primera reunión del Día del Trabajador sea para rendir homenaje a esas
organizaciones y a esos dirigentes sabios y prudentes que han mantenido su
fuerza orgánica’. La clase trabajadora argentina como columna vertebral de
nuestro movimiento es la que ha de llevar adelante los estandartes de nuestra
lucha. La historia no retrocede. Los pueblos no se detienen. Perón ha enseñado
el camino. Vamos a transitarlo con la misma fe, la misma energía e igual
heroísmo, como hemos venido marchando desde hace 30 años.
Puede la
compañera Isabel encontrar reparo en su dolor He aquí, te prometo, en nombre de
millones de hombres y mujeres trabajadores peronistas, que la seguiremos hasta
las últimas consecuencias para que

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