Picada de Noticias en el recuerdo
Balcón del
pensamiento (*)
¿Dónde
quedó la bolita?
Alicia
Caballero Galindo
-Me acaban de llamar diciéndome
que mandaron una información importante en un folder azul y no lo veo por
ninguna parte. ¿Dónde me lo dejaron?
Ruge la voz del “jefe” desde la
puerta de su privado. Toda la oficina se estremece y de pronto el ambiente
relajado e indolente de los 23 empleados que se encuentran en cubículos abiertos,
se torna en una actividad frenética como si tuvieran prisa por acabar un
trabajo en realidad inexistente. Las dos secretarias del jefe, cuchichean:
-Te dije que ese folder azul,
era importante; hace rato lo trajeron de la oficina central y yo te lo di. ¿Lo
dejaste sobre su escritorio?
Aurora no recordaba
siquiera el haberlo recibido y menos dárselo a Celina. No estaba
segura de ello porque estaba contestando sus correos en Internet, la vedad no
se acordaba haberlo recibido, pero no quería ser reprendida; dio por hecho que
se lo dio a su compañera y se quedó tranquila.
En ese momento, Celina empezó a
sudar frío; no recuerda lo de esa carpeta; ella estaba hablando por teléfono
con su hijo menor que iba a salir de excursión y no se acuerda de nada; se torna
tan rutinario su quehacer que muchas veces lo hace sin pensar, además su cabeza
está llena de problemas; ese niño menor está en una edad difícil… Su mayor
temor era que se hubiera caído a la basura o lo que es peor; se hubiera
confundido con los papeles que diariamente se van a la
trituradora y eso sería grave para ella. ¡Podrían
despedirla! Meditó muy bien su respuesta para “curarse en
salud” no podía exponerse a un despido cuando acababa de pedir un préstamo para
comprarse un automóvil usado…
-Yo lo dejé sobre el escritorio
del privado como me indicaste, de ahí en adelante, no supe más.
Se hizo un silencio sepulcral
en la oficina; se avecinaba una tormenta provocada por el incidente. El jefe
estaba recargado en la puerta con los ojos que despedían fuego; buscaba quién
pagara por su coraje, ya había llegado de su casa “bien calibrado”; su mujer le
acababa de notificar que su única hija, la que era todo su querer, estaba
embarazada de un novio al que no aceptaban por irresponsable, como conocía el sentir
de sus padres, seguramente la muchacha buscaría la forma de salirse de la casa
cuanto antes…
Aurora y Celina, fingían
trabajar acuciosamente en sus computadoras; ya se sentían “tranquilas” porque
consideraban haber salvado su honor en el caso del folder azul, pero el jefe
seguía buscando culpables que pagaran las consecuencias. En ese momento el mozo
de la limpieza, entró tranquilamente al privado del jefe silbando una canción
muy quitado de la pena y ajeno a las broncas de la oficina. Llevaba un trapo en
la bolsa del pantalón y un limpia vidrios en la mano. Como siempre les sonrió a
todos y los miraba extrañado de ver tantas caras largas y una
tensión manifiesta en el ambiente.
-Con permiso jefe; voy a
terminar de limpiar los vidrios de su privado…
En ese momento, todos los ojos
se volvieron aliviados hacia él pero con cierta lástima; ya habían encontrado
quién pagaría por los documentos extraviados…
El jefe quiso calcinar con su
mirada, la sonrisa del mozo y le preguntó al incauto joven:
-¿Ya aseaste mi escritorio
muchacho?
El mozo, conociendo su delirio
de limpieza, rascándose la cabeza con preocupación recordó que no lo había
limpiado aún. Pero de reojo observó que estaba perfectamente limpio, por lo
tanto, para evitar una buena felpa, contestó.
-Sí jefe; le dejé el cristal
como espejo, no tiene ni una mota de polvo, ya sabe que para eso soy bueno.
Empequeñeciendo los ojos y
bajando la voz con una ira contenida, el jefe le pregunta
-Y… ¿dónde dejaste el
folder azul que estaba sobre mi escritorio? Sabes perfectamente que tienes
prohibido moverme ni un clip siquiera del lugar donde yo lo haya dejado.
El desconcierto y la angustia
del mozo a quien se le borró de un tajo la sonrisa, fue el alivio del resto de
la oficina; todos volvieron a sus actividades de ocio y cosas personales; es
como en la selva, cuando el león caza a una presa, los demás continúan
tranquilos pastando en la sabana. Mientras tanto el mozo
recibía una tremenda filípica altisonante del jefe que por fin encontró dónde
desquitar su ira contenida, aquel joven desconcertado, ignoraba de lo que le
estaban hablando; el folder en cuestión, no lo había visto, el escritorio del
jefe ni siquiera lo había tocado. ¿Entonces qué? El resto de los empleados de
la oficina, veían a través de la puerta abierta, el injusto regaño del mozo.
Algunos miraban todo con
indiferencia, otros, se alegraban que lo regañaran por despistado, Aurora y
Celina sentían cierto cargo de conciencia, pero callaban por
conveniencia…
En el momento más álgido del
regaño, entró un empleado de la oficina central con un folder azul en la mano y
fue directo a las secretarias del jefe, Aurora y Celina; quitándose el casco y
los guantes de motociclista, entregaba aquel dichoso folder disculpándose por
el retraso a causa de los embotellamientos por un percance de tránsito…
(*) Publicado en el
Diario de Ciudad Victoria (Tamaulipas, México) el 5/10/019.

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