Picada de Noticias en el recuerdo
La columna de historia de Juan Bautista "Tata" Yofre
Los hechos y las reuniones secretas
que llevaron al último levantamiento militar (*)
La crisis
de 1990 comenzó mucho antes de ese trágico 3 de diciembre cuando se produjo el
último alzamiento militar en
Podría
decirse que la fecha figura en un parte informativo de 1988 recibido en el
entorno del candidato presidencial Carlos Saúl Menem y que
relata que Mohamed Alí Seineldín, ex agregado militar en Panamá,
“partió desde allí al aeropuerto de Carrasco el día 29 de noviembre a las
19.45, utilizando para dicho viaje el avión que posee el general (Manuel)
Noriega para su uso exclusivo. Dicha aeronave es un Lear Jet, biturbo, FCS-
El texto
dice además que el avión tuvo inconvenientes en el instrumental y se vio
obligado a bajar en Asunción (Paraguay) “de donde partió el 30 de noviembre en
una avioneta matrícula HP-1095IS” y arribó a Carrasco a las 22.45. Luego, en la
madrugada del 01 diciembre (05.30 horas) abordó un aliscafo de la línea Belt,
siendo acompañado en este último trayecto por el teniente coronel Gustavo
Martínez Zubiria y el capitán de Infantería Brum, perteneciente a
El
militar aterrizaba en el país para comandar el tercer alzamiento militar
carapintada.
En esas
horas el entonces presidente de
Tras un
operativo de robo de armas en Zárate, realizado por el grupo de elite Albatros
de
La crisis
va a culminar unos días más tarde tras un largo encuentro entre el jefe del
Estado Mayor, general José Caridi, el coronel Seineldín, el
responsable de la represión, general Isidro Cáceres, y en algunos
momentos con la intervención del coronel Jorge Toccalino, compañero
de Promoción y hombre de extrema confianza del jefe sublevado.
Después de
que Caridi exigiera la rendición y fuera rechazada, tras largas discusiones se
conviene, a las 16 horas del 4 de diciembre de 1988, en el Acuerdo de
Villa Martelli que va a tener una proyección en el tiempo.
Según los
apuntes tomados por el propio Toccalino, el acuerdo tenía varios puntos.
En el 1º
formalizan un comunicado en el que los dos bandos convinieron “objetivos
comunes” para el Ejército. Estos son “la cohesión, el honor y la
conciliación de
El 2º punto
establece “la formalización de los objetivos”, a través de “acciones
para restaurar el honor; acciones para reivindicar la lucha contra la
subversión; acciones para recuperar la dignidad de los integrantes del Ejército
Argentino (Presupuesto) y la revisión de Semana Santa y Monte Caseros.”
Coadyuvan a estos objetivos el ejercicio de responsabilidades por la Operación
Virgen del Valle (Villa Martelli) y consecuentemente "leves
sanciones a los participantes”.
El 3º se
planteó cuándo dejaría su puesto el jefe del Estado Mayor, general
Caridi. El general Cáceres insinuó en Navidad y fue acordado.
En el 4º el
coronel Seineldín “se comprometió a: 1) replegar sus elementos y 2)
presentarse en un lugar militar como responsable único de la operación”.
Un dato a
tener en cuenta: en los apuntes se dice que “nada se firmó” porque “todo fue de
palabra”. Seguidamente se afirma que “el General Cáceres garantizó que iba a
controlar el cumplimiento” de lo acordado.
En
definitiva
Toccalino: Bueno, acá se
terminó todo. ¡Ahh, está bueno, se terminó todo!
Seineldín: “No, no, un
momentito, pero usted mi General perdió el mando, usted mi General perdió el
mando”.
Caridi: ¿Pero cómo perdí?
Seineldín: “Y sí, usted
perdió el mando, por lo tanto usted tiene que dejar
Cáceres: Mi General le dice
a Caridi- mire yo creo que debería usted reflexionar al respecto.
Caridi
se molestó pero finalmente aceptó: Bueno, yo voy a pedir el retiro, pero no
me apuren por cuanto ustedes no me van a apurar...
Cáceres: Mi General para
Navidad. (Antes de Navidad, el 21 de diciembre de 1988 Caridi renuncia y se
hace cargo del Estado Mayor el general Francisco Gassino).
Cuando
parecía que todo había terminado, Seineldín dijo: “Otra cosa mi
General, yo sé que usted me va a mandar preso pero le pido por favor que no
me mande preso al Estado Mayor, mándeme a una unidad del Ejército, no al
Estado Mayor”. (Es otra punto que se cumplió, al mandarlo detenido al
Regimiento Patricios).
Y Seineldín
aclaró: El
único responsable de todo lo que hizo y dejó de hacer esta tropa acá fui yo.
Una vez
instalado
Con el paso
de las semanas los contactos de Seineldín con el justicialismo se hicieron más
frecuentes, en especial con gente allegada al candidato presidencial Carlos
Menem. Entre otros César Arias, Gustavo Béliz, Humberto Romero. En
estos encuentros se intentaba armonizar los términos del Acuerdo de Villa
Martelli con el proyecto presidencial en materia de Defensa.
En una
oportunidad, Toccalino se entrevisto con Menem para analizar una Ley de
Amnistía que se le estaba meneando en aquella época. “Fuimos a verlo a
Menem a la casa del señor Armando Gostanián, ahí en
También
habría de realizarse un encuentro entre Menem y Seineldín en la casa del
general retirado Enrique Guglialmelli en la que se habló del
“criollo” general Cáceres como jefe del Estado mayor. (El 12
de julio de 1989, el recién asumido presidente designó a Isidro Bonifacio
Cáceres como titular del Ejército Argentino).
Menem
asumió y se hizo cargo de una situación deplorable en todos los sentidos. Desde
ese momento Mohamed Alí Seineldín mantuvo una amplia gama de contactos
oficiales, incluso entró en
En un
momento, cuando Menem ya era Presidente de
Tras uno de
esos encuentros, Seineldín pidió un momento de análisis y consulta con su
gente. Luego de un corto espacio de tiempo, en el siguiente encuentro, la
respuesta fue: “No voy a poder seguir con el acuerdo, lamentablemente
hablé con
Finalmente
Seineldín y sus seguidores llegaron a la determinación de enfrentar al
gobierno de Carlos Menem.
Reclamaban
el no cumplimiento del acuerdo de Villa Martelli, terminar con la persecución
interna dentro de
Antes de
decidir encabezar el levantamiento del 3 de diciembre de 1990 Seineldin tuvo
dos luces amarillas de prevención, comprobables. La primera partió del teniente
coronel Hugo Schierano a quien “Milo” Seineldin citó a una
reunión secreta en el domicilio del teniente coronel Tevere. Estaban
también los tenientes coroneles Arturo González Naya y Faner y
siete oficiales más.
Tras una
exposición de Seineldín, éste lo llamo a Schierano pata entregarle
La otra
señal de prevención la tuvo Seineldín de su amigo Jorge Toccalino.
En esos días de finales de noviembre –mientras se ocupaba de la enfermedad
terminal de su padre- recibió un llamado del mayor Ángel León, que
deseaba hablar con él. Lo recibió en su casa de la calle Junín, acompañado por Rogelio
Frigerio.
León
venía a transmitir la inminencia del levantamiento y Seineldín deseaba conocer
su parecer. Toccalino escuchó y luego habló. En presencia de este
periodista repitió los apuntes que le había leído al enviado. Entre otros
conceptos le dijo que no estaba de acuerdo con el hecho militar porque
Seineldin estaba preso en San Martín de Los Andes.
“No hay
una bandera. Semana Santa la tuvo, Villa Martelli también. ¿Cuál es la
bandera?”,
siguió el dueño de casa.
Luego
pregunto: ¿Quién es el nuevo comandante?.
Y la
respuesta fue: El coronel Luis Baraldini.
“Baraldini no tiene
liderazgo… y la organización está desmembrada, ni consolidada, como
inmediatamente después de Villa Martelli”. Agregó: “No hay acción psicológica,
ni está el ambiente estratégico militar adecuado como para hacer otro
pronunciamiento… van a arriesgar la libertad de mucha gente en una
cuestión absolutamente inútil”, dijo Toccalino.
El dueño de
casa y Frigerio preguntaron a León: "¿Cuál es la segunda fase? El
alzamiento y después qué?”. No encontraron respuesta.
“Me pareció
una locura, aconsejada no sé por quién dentro del Consejo de Ancianos que yo no
manejaba”, confesó Toccalino. Él y yo sabemos quienes fueron... los que se
fugaron cuando el fracaso era evidente.
Lo
sorprendente -por lo menos para mí- no fueron las opiniones ni las respuestas
sino la presencia de Rogelio Frigerio en la conspiración. Porque a mí me toco
introducirlo, en enero de 1989, en la residencia riojana de Menem, cuando el
líder del MID fue a cerrar la participación de su partido en el frente que
impulsaba la formula Menem-Duhalde y dos de sus dirigentes de
su extrema confianza trabajaron conmigo.
El 25 de
noviembre de 1990 Seineldín ordenó poner en marcha el alzamiento, a
través de una grabación que el capitán Gustavo Breide Obeid trajo
desde el Sur. La decisión partió de un “Consejo Militar” (los Ancianos)
integrado por oficiales retirados y civiles después de un “sesudo” análisis de
un “Estado Mayor del Ejército Nacional”.
Cuando
Seineldín intentó salir de su prisión tomó conciencia de que había sido
traicionado y la operación había abortado. Uno de los que lo traicionaron era
un oficial que, desde un año antes, se paseaba en su nombre por las oficinas
del gobierno de Menem atizando operaciones de extorsión al mismísimo Presidente
de
El 3 de
diciembre de 1990 fue el más cruento de los alzamientos castrenses y en el que
participó la mayor cantidad de suboficiales (95%) y 5% de oficiales. Fue
la cuarta sublevación militar en cuatro años y era la primera en la que el
gobierno obtenía una rápida y eficaz represión, sin negociaciones ni
concesiones.
Todos
los involucrados tuvieron el especial cuidado de afirmar que no había sido un
Golpe de Estado y
(*) Infobae

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