Picada de Noticias en el recuerdo
Disyuntiva
INDUSTRIALIZACIÓN
O DEPENDENCIA (*)
Desde 1975
Desde 1975 hubo 19 recesiones. Una cada 27 meses. El PBI
per cápita creció al 0,58 % anual acumulado promedio mientras la pobreza lo
hizo a una tasa anual acumulada promedio del 7,1 %. En 45 años el PBI per
cápita sólo aumentó el 70 %. No llegó a duplicarse. Corea, para poner un
extremo, duplicó el PBI per cápita cada 6/8 años. La industria manufacturera de
transformación —la que no es agroindustria— disminuyó su participación en el
PBI nacional, de 22,4 % en 1974 a 14,1 % en 2018. En el mismo período
la pobreza pasó del 5 % al 33 %. De mantenerse las políticas, la tasa de
pobreza seguirá ganándole a la de crecimiento.
La reducción de la industria manufacturera se tradujo en
déficits comerciales no financiables y trasformó a la industria en armadora,
ensambladora de partes importadas.
A fines de 2018, el empleo industrial en la manufactura
ocupaba 1.590.000 trabajadores: 811.000 en “blanco”, 331.000 en “negro” y
448.000 monotributistas/autónomos (cifras INDEC). Es imperativo proteger y
ampliar ese empleo.
La tesis se complementa con otra premisa. Sólo el empleo
industrial permite un programa de progreso y bienestar social y cultural en una
sociedad capitalista.
La conclusión es que resulta necesario reivindicar la
planificación económica de largo plazo como institución fundamental en la
gestión de gobierno: “El diseño del país buscado a futuro”. La ocupación
productiva del territorio. La política industrial de largo plazo “diseñada
profesionalmente y consensuada entre los responsables naturales: el Estado, los
empresarios y los trabajadores”, con una característica esencial: “elegir
“campeones” del crecimiento industrial… con el objetivo de reindustrializar
para atender el mercado doméstico y exportar masiva y fluidamente, con un
patrón de bienes y mercados diversificados”.
El libro realiza una radiografía de la industria
manufacturera en los últimos años analizando su estructura, el empleo
industrial, la evolución de la productividad, la apertura a las importaciones,
las exportaciones y la ruptura de un conjunto de cadenas de valor (automotriz,
químicos, abonos y fertilizantes, agroquímicos, medicamentos, bienes de
capital, maquinaria agrícola, aparatos de uso doméstico y calzado) que
perdieron eslabones fabriles, son fuertemente importadoras y que —afirman los
autores— no usan esas importaciones para producir y exportar, sino solo para
atender el mercado doméstico, tras elevadas barreras arancelarias. Se evalúa la
relación económica y comercial con Brasil, en el marco del MERCOSUR.
Carlos Leyba y Miguel Cuervo son los coordinadores del
equipo, integrado por Julia Cerruti, Agustina Malvarez y Matías Golman. Su
libro fue presentado el miércoles pasado en un salón del Hotel Castelar,
colmado por un público conformado fundamentalmente por cuadros medios
sindicales.
Presentaron el libro dos sindicalistas, Agustín Amicone
(UTICRA) y Juan Carlos Schmid (DRAGYBAL), el presidente de
Junto con el fallecido ingeniero Orlando D’Adamo y otros
economistas, Leyba fue parte del equipo que en 1973 colaboró en la confección
del plan del ministro Gelbard. Es decir, del último plan económico de Perón.
Un dato relevante que vale reiterar. El libro fue editado
por
La presentación me hizo pensar, simbólicamente, en un
reflejo de cierto ideal mítico peronista. Intelectuales, trabajadores y
empresarios reunidos en torno a la reflexión sobre el largo plazo.
Pero el largo plazo se nos viene encima. Argentina está a
las puertas de una nueva oportunidad histórica. El pueblo está por elegir un
gobierno con un futuro Presidente cuya carta de presentación es la de ser un
cuadro formado en la gestión pública.
Una política industrial sostenida con determinación desde
la gestión estatal parece esencial para disminuir la pobreza y lograr el progreso
social.
(*) El cohete a la luna, 8/9/019.

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