Picada de Noticias en el recuerdo
La columna política de Eduardo
Aliverti
La responsabilidad de no ser cómplices (*)
Ya no
hay gobierno, en la acepción de que se comanden cosas determinantes que
despierten mínima confianza. Pero en el ámbito analítico profesional, aunque
nadie más que los voceros oficialistas y exceptuando, por supuesto, a la gente
que pasa hambre o padece de otros modos esta catástrofe, hacemos como
que. Hacemos como que alguien gobierna en el sentido orientador de la
palabra. En el aspecto de que aún quedase alguna figura, al frente, con
eficacia básica. Al Presidente gracias si le guardarán respeto los mozos de su
servicio personal. Desde el núcleo de las grandes empresas que le dispensaron
expectativa favorable -sólo en público, porque en privado nunca dejó de ser el
hijo de Franco- advierten que al “reperfilamiento” lo descubrieron para no
decir que se la chorearon. Heidi y el alcalde porteño, la una perdida por
perdida y el otro porque ve venir que la ola es capaz de arrastrarlo, se
despegan de Cruz Diablo ya manifiestamente. La panquequería periodística
oficial acaso se inquiere, tarde y sin solución posible, si el mercenarismo
tiene salida. El escrutinio definitivo aumentó la distancia del Frente de Todos
a 16 puntos. En el colmo de la ensoñación, con Macri balconeando en soledad
absoluta, delante de unos adherentes que apenas se abigarraban hasta la
pirámide de
Hacemos
como que Macri no es De
Este
último tiene tanto de chiste como de trompada que interpela a los engañadores
seriales de la alianza gorila. Incluso los gurús habituales del pensamiento
económico “ortodoxo” -es decir, los neoliberales fanáticos que hasta acá
surtieron de argumentos a la banda de CEOs gobernantes- piden restricción al
casino de entrada y salida de capitales. Acaba de ocurrírseles que urge frenar
la sangría de dólares. Que el Estado intervencionista debe volver de alguna
manera. Que cabe eludir llamarlo “cepo”. Que el kirchnerismo en una de esas
tenía razón. Que el inepto es Macri. O el oficialismo quema por fin su manual
del mundo inversor que apoya al amigote (relativamente) inservible, como para
jugar la última carta de llegar hasta diciembre (¿dónde queda diciembre?), o
esto podría acabar antes de “tiempo”. Es una probabilidad a contemplar, ante la
que tampoco debe hacerse como que no existiera. Nada que no se conociese: la
derecha endeuda salvajemente y después tiene que venir el “populismo” a salvar
las papas. Este horrible final de Macri representa, por un lado, el destino
inevitable de una sarta de ignorantes que leyeron al capitalismo actual como la
simpleza del apoyo corporativo al bandido amigote. Pero Macri, si es por eso,
ni llegó a ser Menem.
Por
otro lado, y por la positiva, escenifica que en el pueblo argentino hay una
sustancia simbólica, de lucha, de memoria bien a que a veces temblequeante, de
mucha historia distintiva, susceptible de generar sorpresas cuando se cree que
todo está decidido. Eso, sin embargo, es ante todo para el consumo de la
sociología política. Interesante, estimulante, pero no sirve a las urgencias
justamente sociales. Digámoslo de una vez. U otra vez, porque ya fue señalado
tras el resultado de unas elecciones en que billetera mató galán, encuestas
amañadas y estrategias de comunicación digital invencibles, según las cuales el
hambre y los padecimientos masivos cederían paso a que el gobierno más corrupto
de la historia democrática impondría a su lucha contra la corrupción. Digamos
de una vez que la responsabilidad de no promover la salida anticipada del
Gobierno tiene el límite de que cada día, con tamaña ineptitud y perversión en
cabeza del Ejecutivo, continúe sumándose ahogo popular. Es una angustia que no
cambiaría, en sufrimiento cotidiano concreto, si el Presidente renuncia y se
adelanta unas semanas la elección de octubre. Pero tampoco es racional que
pueda seguirse así, con un gobierno que ya no es tal. Las emergencias
alimentaria y sanitaria deben ser implementadas de inmediato, a través de
mecanismos que decisión política y pericia técnica dirán. Da vergüenza
reiterarlo. No hay otra prioridad que enfrentarse al hambre.
Más
luego, no puede o no debe ser que la salvación “institucional” sea a costa de
seguir manteniendo la mentira de que hay gobierno. Y de que el discurso oficial
llama al diálogo y la responsabilidad opositores, mientras simultáneamente se
convoca a la violencia de decir que la culpa es de los Fernández. Lo que se vio
en la patética conferencia de prensa de Hernán Lacunza, al anunciar el default
“selectivo” o -más fácil y según lo define Alfredo Zaiat- el corralito para las
Letes, es casi indescriptible. No hay antecedentes de un ministro que haya
iniciado anuncios, de medidas urgentes, con un panfleto mal disimulado de
acusación a los vencedores electorales. Trastabilló en cada oración. Leyó lo
que él mismo no creía porque los sentimientos no se leen. Se cuentan. Se le
busca la vuelta a si el Fondo Monetario desembolsará los 5400 millones de
dólares que iban a llegar en septiembre; a por qué un tuitero compulsivo como
Trump permanece en silencio sobre la situación argentina desde el 11 de agosto;
a la solidez de unas reservas que siguen quemándose a mansalva, a cambio de
nada que no sea dejarle al futuro gobierno un muerto inédito. Pero no hay
vuelta. Es una falta de respeto al mejor sentido común afirmar que la oposición
no hace todo lo posible para evitar incendios mayores. ¿Qué pretende el
oficialismo, además? ¿Que se permanezca mudo frente a las agresiones
permanentes de sus voceros más reconocidos? ¿Que se calle la obviedad de que
están desangrando al país? ¿Que se le exprese al Fondo la vocación de asistir
impávidos a la debacle?
Como
escribió el colega Martín Rodríguez, a quien vale volver a citar (“Los
sobrevivientes”,
(*) Página/12, 2/9/019

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