Picada de Noticias en el recuerdo
Las lecciones del Covid-19
CÓMO
APROVECHAR ESTA ENSEÑANZA (*)
I
El coronavirus nos está dando algunas
lecciones, aceptadas por muchos aunque no por todos. Una primera lección es que
habíamos olvidado la importancia del rol del Estado, y ahora nos damos cuenta
de la relevancia que tiene la acción gubernamental en esta circunstancia.
Vemos claramente una diferencia en el
éxito en enfrentar a la pandemia en aquellos países con un Estado activo,
equipado y conductor, y el fracaso de aquellos donde el Estado, tan
vilipendiado desde el acceso del neoliberalismo, está ausente. Este
neoliberalismo, impulsado por los mayores capitales del mundo, formulado
intelectualmente por
Hoy escuchamos auspiciosamente muchas
voces que se levantan para reivindicar el rol del Estado. Pero aquí es
pertinente plantearse la pregunta del millón: ¿Cuál es el Estado que
necesitamos, ahora y de ahora en adelante?
II
Aquí propongo analizar las
características que debería tener la acción gubernamental, una vez pasada la
emergencia del presente, ya que esta acción debe, no sólo hacer frente a
una circunstancia tan particular como una pandemia o una catástrofe natural,
sino, de modo habitual, gestionar los avatares normales de la vida en
sociedad, tales como:
1-un trabajo digno para todos
2-acceso a los bienes básicos de una
vida digna: salud, educación, vivienda, esparcimiento, un nivel aceptable
de seguridad, protección para la etapa post-laboral en la ancianidad, etc.
3-participación política de los
ciudadanos en la elección de sus representantes, con adecuados mecanismos
de control de gestión, sea de los legisladores como de la rama ejecutiva, sin
olvidar el control del accionar de los jueces.
4-libertad de expresión, no sólo por
la falta de coacción afirmativa sino también asegurando la posibilidad de
acceso efectivo a los medios de prensa y las redes sociales.
5-practicar una política activa de
inclusión social, a través de programas que fomenten el trabajo de los
excluidos del mundo productivo, capacitándolos de modo rápido y eficiente. Es
interesante en este sentido, analizar y adaptar al presente diversas
experiencias de escuelas de artes y oficios debidas a iniciativas privadas como
las de Don Bosco en Italia y
6-políticas activas de igualdad de
género.
III
El logro de estos objetivos no puede
ser declamatorio sino efectivo. Si analizamos la experiencia de los gobiernos
populares de la primera década del siglo XXI en América Latina, observamos que
la realidad efectiva distaba mucho de los postulados declamados, tanto en
términos de inclusión social como en cuanto a los parámetros económicos.
Es decir, faltó adicionar a estos
postulados una eficiente gestión de los negocios públicos, una instrumentación
concreta de los propósitos generales, sea a través de la normativa
(leyes, decretos, resoluciones, etc.) como de la gestión ejecutiva propiamente
dicha y de los mecanismos de control. Esto permitió a la derecha desandar el
valioso camino recorrido con cierta facilidad .
IV
La gestión de los servidores públicos
debe reunir varias características para que su accionar sea eficiente. Entre
ellas, se puntualizan algunas que – entiendo – son fundamentales, tal como ha
quedado demostrado en la circunstancia presente del COVID 19:
1-el funcionario ejecutivo debe
conocer la materia sobre la que actúa. Quedó claro con la pandemia que
consultar a los expertos está dando resultados positivos. La improvisación
voluntarista de líderes como Donald Trump o Jair Bolsonaro ha demostrado su
fracaso. El consultar a los científicos está siendo, por suerte, aceptado por
todos los países aunque, desgraciadamente, en algunos casos, tardíamente, con
el consiguiente costo de vidas humanas.
2-los funcionarios y servidores
públicos, en todos los niveles, deben tener un compromiso emocional con su
tarea y con las personas a las que está dirigida. Una actitud burocrática y
distante raramente llega a buenos resultados. El servidor público debe tener
pasión por lo que hace. En esta circunstancia dramática se han visto actitudes
de servicio encomiables, por parte de personas que están arriesgando incluso su
vida. En circunstancias normales, esto no siempre es cierto. Es bastante común
observar a prestadores de servicios, públicos o privados que, por bajo que sea
su nivel, creen que deben hacer sentir a los usuarios su poder, con el
propósito inconsciente de humillarlos. Esto es observable en algunos policías,
guardas de trenes, dependientes de oficinas públicas, etc. No es siempre así,
pero lamentablemente, un atavismo autoritario que nos llega desde épocas
coloniales flamea sobre nuestra sociedad. Cuanto más insegura de su valía sea
la persona, mayor es su tendencia al autoritarismo. En este sentido, es
maravillosa la enseñanza de vida que está dando el Papa Francisco, que predica
con la palabra y el ejemplo, con una actitud misericordiosa,
tratando de comprender y ayudar al semejante, desde una posición humilde
y no altisonante, muy bien graficada en el habitual pedido final de todas sus
alocuciones: “recen por mí”.
3-el servidor público no puede “vivir
entre algodones”, encerrado entre cuatro paredes, sin conocer la calle y las
particularidades de cada barrio, de cada sector social, de cada tipo de persona
con los que le toca interactuar. Un porcentaje de sana viveza criolla que no se
aprende en las escuelas sino en el trato diario, es indispensable. Un ejemplo –
negativo – de esta necesidad lo constituye la gran proliferación de
conocimientos informáticos requeridos hoy en día para acceder a programas de
gobierno, bancarios, etc. Este avance tecnológico muy positivo no puede dejar
afuera a personas que no tienen acceso a esos medios, sea en el terreno
material o cognoscitivo. Por ejemplo, requerir el acceso a Internet para
obtener la asignación universal por hijo, constituye para muchas personas un
obstáculo prácticamente insuperable, a menos que alguien con el espíritu misericorde
arriba mencionado los ayude.
V
Una instrumentación eficiente de
estos postulados requiere, además, de una aceitada interacción de los diversos
círculos que deberían intervenir las decisiones públicas, según el siguiente
esquema:
1-el Estado debería contar con un
cuerpo profesional, formado en sus materias específicas. A tal fin sería muy
interesante estudiar experiencias valiosas de países con administraciones
gubernamentales eficientes, tal como la francesa, que hace años tiene
estructuras de formación de agentes gubernamentales como la célebre École
National de l’Administration (ENA). Nuestro presidente Alberto Fernández, en su
discurso inaugural, propició una iniciativa en este sentido, que sería muy
bienvenida.
2-este cuerpo profesional deberá responder
fielmente a las directivas del poder político, tanto en el nivel ejecutivo como
el legislativo, ya que son sus integrantes elegidos por el voto popular quienes
fijan, conforme a su programa de gobierno, los objetivos a alcanzar. Le tocará
al servicio estatal, a la “burocracia” o “administración pública”, el llevar
estas pautas programáticas a buen puerto, de modo que no se conviertan en meros
postulados voluntaristas.
3-a su vez, convendrá que ambos
niveles, el político y el burocrático, tengan una fluida relación con los
expertos, sean estos del sector universitario, de institutos de investigación
(por ejemplo, CONICET, IBIOBA, CNEA, CONAE, INVAP, ARSAT) fundaciones
privadas o creadas a partir de convenios de cooperación internacional, empresas
tecnológicas, etc. Esta interacción ha demostrado su eficiencia en el manejo de
la crisis del COVID 19, en el que están cooperando los gobiernos federal,
provinciales y municipales con universidades y otras instituciones públicas y
privadas.
Este círculo virtuoso de comunicación
debería ser un camino a profundizar en el futuro.
* Victorio Taccetti fue vicecanciller, embajador en Italia,
Alemania y la OEA.
(*) El cohete a la luna,

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